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Tras la victoria de Lula en segunda vuelta, con el vértigo de la lucidez que otorga el triunfo, un “ejército” de usuarios de redes sociales pareció encontrar la justificación exacta de su “militancia” virtual. De pronto surgió un nombre mágico –que no vamos a repetir ya que no viene al caso- como artífice de la dichosa fuerza integrada por más de 10 millones de brasileños que lograron, en tres semanas, torcer voluntades y movilizar multitudes para que fueran a votar este domingo.
Toda esta epopeya popular no pude ser extrapolada automáticamente a nuestro país. Entre los factores locales mencionemos que: Lula está en el gobierno, y que hoy el PT es un partido con mayor organicidad que el PJ –tensionado entre diversos liderazgos-.
Si a esto añadimos que en lo relativo a las redes la dirigencia argentina ha desoído durante mucho tiempo la importancia de la batalla digital, y que ha permitido el crecimiento, vía trolls, bots, y un comando unificado de respuesta, de un consumo cultural orientado al credo antipopular, comprobamos que la situación no se resuelve de la noche a la mañana.
Mucho menos cuando esa dirigencia opositora al modelo gobernante asistió en silencio y sin orientación a la saturación creada en sus propias filas, por una ciudadanía bientencionada.
Al igual que varios analistas y especialistas en comunicación, desde nuestro humilde lugar, tratamos desde hace tiempo de alertar sobre este grave déficit operativo -¿estratégico?- sin resultado a la vista.
Al respecto señala Elena Camacho en artículo de EFE citado por elDiarioAr que ““La consecuencia de esta dinámica es un exceso de información que las personas no podemos digerir, y eso, a su vez, también fomenta que dependamos de los algoritmos para informarnos porque ya no podemos leer todo el periódico”.
Pero se nos ocurre que el punto central del vacío en que incurren los dirigentes hacia el conjunto del movimiento nacional, es solo otro indicio del nivel de descuelgue que arrastramos desde hace más de una década.
Por esa razón y sin que medie reflexión al respecto, es muy probable que desde algunas fuentes se aliente la “urgente” suscripción al nuevo grupo del “ejército del peronismo”, cuyo destino más probable será un agotador grupo de nuevas visitas y likes.
Insistimos, ¿qué es lo que se soslaya?
“Todos copian, explican, repiten y llaman al sobrino que hace de asesor para que arme grupos de wasap como en Brasil. Tuitean, streamean, se sacan fotos, pero no entienden porque no parece necesario entender. No aprenden porque tampoco parece necesario hacerlo”. Diego Valeriano, Panamá revista.
Es la actitud que exime de responsabilidades, que pasa por alto la ausencia de conducción, que evita la autocrítica, y que, al fin, logra dar a la masa un remedo de participación.
Desde el interior del PT brasileño aclaran que se trata de “entrenar” personas con una cosmovisión propia. Es decir, plantearse un trabajo de comunicación, con objetivos precisos. No la práctica local actual, de tirarse a la pileta sin dar brazadas y tratando de flotar.
Dice Laura Haimovichi en P12: “Atención políticos progres del mundo que todavía no la ven…lo que vendrá será una muy amplia alfabetización digital y, si no se tuercen los propósitos político-pedagógicos, la creación de algo así como una lengua virtual y una cyber maquinaria brasileña”.
El aprendizaje de la experiencia brasileña sirve también para recapacitar sobre algo que el lúcido periodista Diego Genoud interpretó, al resaltar que la remontada de la segunda vuelta de Lula contrasta con el fatalismo. “Un fatalismo que, también, es funcional a la autoindulgencia, un derrotismo que sirve para no mirarse al espejo y ver los déficits propios, una resignación que es la negación de la política” Al decir esto, Genoud está mirando hacia el interior de las fuerzas políticas argentinas.
Hay algo que queda a un lado, que tiende a olvidarse, cuando se repasa la magnitud del combate que significa comunicar lo popular desde la cancha inclinada del enemigo tecnológico: la comunidad, nuestras vivencias y valores.
Hace un tiempo decía Genoud sobre un libro de Adriano Peirone: “Pueblo Informacional, apuntes sobre digitalización y organización” es un libro que llama a recuperar la capacidad transformadora de una política hoy impotente. Que rechaza tanto el reflejo anti tecnológico como la mera adaptación, la estrategia que promueven y festejan los ganadores del estado de cosas. Que ofrece guías para dirigencias políticas “acribilladas”.
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El “ejército” virtual, desorientado en la cancha inclinada del capitalismo digital, enfrenta una lucha desigual con final cantado.
Nuestra demanda primera es hacia la dirigencia, enfrascada en un internismo de tertulia, mientras una multitud de ciudadanxs aislados intenta disputar la hegemonía desde un celular.
“Frente al olvido que facilitan las tecnologías digitales –Pueblo Informacional- le habla a la dirigencia política pero también a las organizaciones populares y a los líderes que están naciendo…acordarse de “las capacidades populares y de la fuerza de la organización que debe ser el insumo fundamental para inscribir la demanda popular en el imaginario tecnológico. El único diferencial que tiene el pueblo para confrontar con las fuerzas que están detrás del dios algoritmo”.
“Pasamos como organizaciones a hacer posteos, publicaciones, reels, como cualquier otro ‘individuo’ que puede hacerlo, desprendiéndonos de casi todo lo que nos ha otorgado razón de ser, lo cual es dramático en términos de repliegue de lo social”, dice Peirone.
Según Peirone para dejar de competir dentro de la lógica impuesta por las grandes tecnológicas es necesario inaugurar una nueva lógica… imprimir la organización en el imaginario tecnológico, de armar de una vez por todas una tecnología que no venga digerida por el mercado o ideada exclusivamente por el Estado, sino que se sirva de las dos fuentes para instituir una tercera vía futura.
El autor, citado por Genoud, hace un “llamado a innovar desde la sociedad organizada para poner en valor lo que la distingue de las máquinas. No solo la creatividad y la sensibilidad humanas. También, la capacidad de organizarse de manera comunitaria para confrontar con la lógica de mercado que se vende en nuevo envase: el capitalismo digital”.
En definitiva. Lejos de pensar que la táctica digital impulsada en Brasil por un equipo de comunicadores este mal, apuntamos una vez más a las condiciones que, en Argentina, resultan un obstáculo para una buena política de comunicación.
Partiendo de la escasa prioridad que dan nuestros dirigentes al tema, reconociendo su poca voluntad de evaluar prácticas y responsabilidades, y sobre todo su conservadurismo, a la hora de registrar las necesidades y los métodos de lucha necesarios para concretar la tarea emancipatoria, hasta llegar al resultado final.
No pretendemos desglosar los casos evidentes de repliegue supuestamente táctico de las organizaciones, la realidad es que siempre la respuesta popular va a la zaga del avance reaccionario.
La esfera comunicacional, y la digital en particular, siguen funcionando como un apéndice de la vocería política, sin generar participación, ni identificación en la comunidad.
Un pretendido “ejército” digital, sin una simultánea tarea de información y preparación colectiva, tendrá como destino, un mega grupo de wasap contaminado con todas las rutinas de los anteriores, por más numeroso que sea.
Rehuir a la militancia y la participación, y persistir en el camino de respuestas anacrónicas, o de atajos salvadores, dejará terreno libre para que crezcan supuestos outsiders como quien hoy nos gobierna.

