La poesía de Mario Caparra no pide permiso. Se planta. Escupe. Arranca en seco, sin preámbulos, con un perro meando filosofía sobre el asfalto. A partir de ahí, todo rueda cuesta abajo con estilo. No hay consuelo, ni metáfora climática que nos rescate del golpe.
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Humos del vecino
Cómo cambian las cosas con el tiempo, una reunión temática como esta sería impensable en contextos más retrógrados. Peor aún, todavía hoy en algunos barrios y esquinas de la ciudad, el Estado en su versión policial, haría una redada para hinchar sus estadísticas del combate al “delito”, y para seguir estigmatizando a los ñeri que…
