La poesía de Mario Caparra no pide permiso. Se planta. Escupe. Arranca en seco, sin preámbulos, con un perro meando filosofía sobre el asfalto. A partir de ahí, todo rueda cuesta abajo con estilo. No hay consuelo, ni metáfora climática que nos rescate del golpe.
Destacado
Backrooms o el derrumbe del templo de la memoria
Una obra hermosamente horrible sobre la inquietud corporal, la demencia y la pérdida de la casa interior.
