No es otra película distópica más. Es una película contagiada, como si sus fotogramas hubiesen sido lamidos por una lengua de plutonio emocional y vomitados por una civilización en bancarrota moral.
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Humos del vecino
Cómo cambian las cosas con el tiempo, una reunión temática como esta sería impensable en contextos más retrógrados. Peor aún, todavía hoy en algunos barrios y esquinas de la ciudad, el Estado en su versión policial, haría una redada para hinchar sus estadísticas del combate al “delito”, y para seguir estigmatizando a los ñeri que…
