Seamos claros, Gaza es un genocidio, la deuda externa y el FMI es colonialismo liso y llano, el Garrahan es crueldad, el gobierno de Milei viene por el país y sus habitantes. Digamos todo, a mayor debilidad del peronismo, menos capacidad defensiva nacional, social y económica. Las insuficientes respuestas provinciales reflejan las lecciones no aprendidas por los dirigentes y los llamados cuadros medios, que explican el crecimiento de figuras insignificantes como Zdero –cómplice de Milei– en el Chaco.
Este panorama cobra nitidez a medida que se producen movimientos esperanzadores a lo largo y ancho de este sufrido país. El surgimiento de «multisectoriales» –que habíamos anticipado cuando escribimos Caer en la trampa y salir con vida– es una prueba cabal de la reacción desde abajo, cansado de esperar que las respuestas lleguen desde «arriba». No es magia que de pronto los máximos referentes del espacio nacional muevan sus fichas hacia la unidad. Es el reclamo movilizado de los sectores en lucha -discapacidad, Garrahan, jubilados, universidad, industria nacional- el que hace ruido en las conciencias y retumba amortiguado en el Congreso.
Por supuesto que el pueblo coincide en que habrá que seleccionar candidatos coherentes y comprometidos, pero hemos visto con cuánta facilidad se domestica esa rebeldía. No esperaran que la sociedad de vuelta la página sin más, sobre las deudas de la democracia, sobre la falta de respuesta del Estado, sobre el aburguesamiento de los «progresistas» atornillados en cargos de nulo impacto territorial.
Si la Pandemia despejó tantas conductas odiosas disimuladas en nuestra sociedad, la deriva de la situación política posterior reflotó la falta de musculatura revolucionaria en un movimiento más preocupado por las pantallas y el show mediático, que por representar los intereses de sus votantes. La actual discusión en nuestra provincia lejos de significar una réplica de lo que ocurre en provincia de Buenos Aires, viene a ser la versión de «pago chico». Acá no hay vencedores, pero habrá vencidos. A esta altura de la civilización, cuando una dirigente cae en el lugar común de afirmar que «no vamos a poner palos en la rueda» al gobierno, está diciendo, como definió el genial comediante Groucho Marx, «Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros».
A diferencia de Cristina, que cuando mueve las fichas sacude el tablero (a pesar de tantas prácticas de círculo cerrado que conserva), y de Axel, que demuestra lo que significa gestionar con convicciones, la dirigencia que supimos acompañar y votar en el Chaco, reincide como mantra en la discusión de entorno áulico sobre el destino legislativo (diputado/senador) de Coqui, mientras contempla sin ver, y lo que es peor, sin responder, el desgajamiento de conquistas y derechos operado por la inoperancia gobernante.
Reconstruir la esperanza es ponerle voz al programa de reparación, no a la resistencia. Y esta es una diferencia importante.
La demanda social se mueve al ritmo del ajuste, y mientras un sector resiste frente al destino que le traza el gobierno, el otro espera su turno, para resistir. La conducción política, si la hubiera, se hace cargo del conjunto y define la hoja de ruta, busca la salida de manera colectiva y solidaria.
Frente a una dirigencia que realiza diagnósticos y comentarios, deberíamos unirnos en el relanzamiento de las herramientas políticas de participación y transformación. Porque para transformar la realidad, debemos aceptar nuestra transformación.

