Libertaria disrupción ante un paisaje aplanado por capas opresivas

Foto: Laura Aguirre Ariel Sobko. Nació el 30 de abril del 1977 en Resistencia, Chaco. Es Licenciado en Filosofía en la Universidad Nacional del Nordeste. Escribió los libros de ensayos y fragmentos Los vientos amargos de la nada  (2003) y Cuerpo, mundo, nudos (2006). Desde el 2000 colabora con talleres literarios-filosóficos, edición de libros, co-escritura y producción de proyectos... Leer más →

Lo que hay que saber sobre nuestra línea editorial

Literatura Tropical sumó diez nuevos títulos a su línea editorial 2019-2020, algunos de los cuales todavía están disponibles, gratis, en formato digital. Impresas hay novelas, cuentos, ensayos, poesías, artefactos literarios, hay libros raros que conectan extrañamente con nuestra realidad real verdadera, cada obra, a su manera. La construcción de este universo literario es ciertamente colectiva... Leer más →

Ontología de la marcha pública

Por Ariel Sobko (Primera parte) A mis amigos En la actualidad, la diferencia entre la Argentina y los demás países latinoamericanos pasa exclusivamente por la injerencia yanqui en el modelo sobre el patrimonio de la violencia que, en nuestro caso, a saber, las Fuerzas Armadas están extralimitadas y ninguna organización política salvo las Fuerzas de... Leer más →

Impactante y polémica entrevista del Filósofo Enmascarado

El polémico y controversial Filósofo Enmascarado brindó una única entrevista personal al escritor fracasado Fernando Funes, fue en el 2005. El autor de Los vientos amargos de la nada, mítico ensayo malditista condenado por el gobierno zoocrático de Gran Mono que lo mandó al exilio y la clandestinidad, mantuvo una charla de casi una hora de... Leer más →

Callar para que pueda ser palabra

Callar no sólo es necesario para que pueda ser la palabra, sino que incluso llega a ser suficiente para decir algo. Es suficiente con callar para decir varias cosas a la vez, suficiente callar para alcanzar la indiferencia o el desdén, incluso, suficiente callar para alcanzar la mística del mundo. Pero ocurre que, para callar, hay que hablar, de modo que el silencio representa un exceso de lenguaje.

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