Ontología de la marcha pública

Por Ariel Sobko

(Primera parte)

A mis amigos

En la actualidad, la diferencia entre la Argentina y los demás países latinoamericanos pasa exclusivamente por la injerencia yanqui en el modelo sobre el patrimonio de la violencia que, en nuestro caso, a saber, las Fuerzas Armadas están extralimitadas y ninguna organización política salvo las Fuerzas de Seguridad del Estado posee armas. A causa de esto, a menos que exista una gran patriada no habrá una revolución en la Argentina, y entonces el acto político no-ideológico pacífico que se vislumbra en el ejercicio de la marcha pública es, al menos, el único acto político emancipador que nos queda en el horizonte de la lucha.

En efecto, la marcha pública es el acto de mayor grado de inconformidad política con el menor grado de violencia.

Indudablemente, después de la máquina piquetera (si así podemos referirnos), la marcha pública es la última máquina de praxis política en surgir en la Argentina. De todas formas, no hay que olvidar que Juntos por el cambio utilizó a la marcha pública (“Sí se puede”) en su campaña electoral en un intento obsceno de ideologizarla, al igual que, durante el kirchnerismo, se realizaron las marchas de “678”, lo cual hace indispensable un estudio que intente abstraerla por completo para indicar con precisión su naturaleza.

Pues bien, este ensayo, partiendo de la teoría de los conjuntos y a través de una cartografía conceptual de los actos políticos no-ideológicos, pretende armar una ontología de la marcha pública que indique su pertenencia a este tipo de acto político, y dé cuentas, como tal, de sus particularidades emancipadoras.

 

I

Hay actos políticos y actos no-políticos en el comportamiento humano. A los actos que son políticos los incluye la Historia, mientras que los actos no-políticos no están incluidos en la Historia. A su vez, los elementos del conjunto de los actos políticos humanos —que incluye la Historia— se dividen en: subconjunto de actos ideológicos y subconjunto de actos no-ideológicos.

Pues bien, si identificamos el conjunto de los actos no-ideológicos —que son, desde luego, actos desprovistos de poder político— con el conjunto vacío de la teoría de los conjuntos, es posible aplicarle sus propiedades —la del conjunto vacío— al conjunto de los actos no-ideológicos, en relación a los conjuntos de tipos de actos ideológicos: socialistas, comunistas, capitalistas, liberales, anarquistas, fascistas, etcétera, de lo cual se obtiene un esquema ontológico para cartografiar conceptualmente, como esperamos, a esta clase especial de acto político.

Deberíamos definir antes que nada «poder político», porque partimos de suponer que los actos no-ideológicos están desprovistos de él. Según Giorgio Agamben: el poder político se funda en la separación de la esfera de una vida desnuda con respecto al contexto de las formas-de-vida. La “vida desnuda” es la vida inmediata, jugada en bruto, que puede adquirir y cambiar de forma, pero sobre todo la vida que se presenta para-la-forma que le otorga el poder político; la “forma-de-vida”, por el contrario, es una vida que no puede separarse de su forma. Ahora bien, si admitimos que «toda forma es el resultado de un concurso de fuerzas», entonces, la forma de un acto no-ideológico, resultará del encuentro de una vida que no puede separarse de su forma con el poder político, que, justamente, intenta imponerle una forma que la separe del contexto en el cual, esa vida, alcanza a tener una forma-de-vida. O podemos considerar, junto a Foucault, al poder político como una «acción sobre otra acción», y entonces, un acto no-ideológico será la acción de una vida con el menor desvío de acción del poder político. De cualquier manera, si decimos que los actos no-ideológicos son aquellos desprovistos de poder político, queremos decir que los actos no-ideológicos, como tales, serán, en todo caso, aquellos actos que no pueden separarse de una forma-de-vida.

Definiremos al Estado, junto a las Ideologías y sus formas-de-gobierno, como los medios del poder político. Diremos entonces que, a los distintos conjuntos de actos ideológicos los compone el poder político, es decir, pertenecen a las formas-de-gobierno del Estado, mientras que los actos no-ideológicos, identificados con el conjunto vacío, pertenecen a las formas-de-vida de las personas.

En efecto, el poder político no tiene el patrimonio de los actos de naturaleza política. Desde luego, existen actos políticos de las personas que caen fuera de cualquier ideología. Ahora bien, es preciso aclarar que los actos no-ideológicos no son opuestos a los actos ideológicos bajo la óptica de una lógica binaria, sino que, más bien, su relación es la del “positivo” con el “negativo” en la fotografía: mediante el hecho de que los actos no-ideológicos son inclasificables por el poder político es que logran recubrirse de valor. No es que el acto no-ideológico sea político a pesar de que no se identifique con la ideología, sino justamente por ello. Es decir, el acto no-ideológico alcanza a ser político, precisamente, en la medida en que el poder político se pliega sobre él sin chances de dominio. La ideología no puede atribuirse, ni captar, ni desviar, ni poseer los actos no-ideológicos, porque su ideología consiste en la no-ideología, como suele decirse, en la medida en que es, en todo caso, una potencia-de-no-ideología.

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el vacío es sub-conjunto de todo conjunto: está incluido universalmente.

el vacío posee un sub-conjunto, que es el vacío mismo.

 

Empecemos por aplicar estas dos propiedades —del conjunto vacío— al conjunto de los actos no-ideológicos:

Todo múltiple-existente admite al vacío como sub-conjunto, sin restricciones. Ahora bien, el vacío mismo es un múltiple-existente: es el múltiple-de-nada, por lo tanto, el vacío será sub-conjunto de sí mismo, es decir: el vacío estará incluido en el vacío. Al transpolar los términos al conjunto de los actos no-ideológicos, podemos afirmar: dado un acto político cualquiera, el acto no-ideológico estará incluido en él, y que, siendo el acto no-ideológico un acto político, el acto no-ideológico está incluido en sí mismo. Si decimos que el conjunto vacío está incluido universalmente, diremos entonces que el conjunto de los actos no-ideológicos estará incluido en los demás conjuntos de actos políticos. El vacío, al que nada pertenece, necesariamente se inscribe, por esa razón, en todo, entonces, al estar desprovisto de poder político, el acto político no-ideológico se inscribirá en los conjuntos de actos ideológicos compuestos de poder político.

Los actos políticos que no pertenecen al conjunto de sus actos no-ideológicos, en efecto, están separados del contexto de las formas-de-vida de las personas, y así surgen para ser formas-de-gobierno del poder político estatal. En otras palabras, los actos políticos que no pertenecen al conjunto de los actos no-ideológicos hacen agenciamiento maquínico con el estado de la situación, y, por el contrario, el conjunto de los actos no-ideológicos no hacen agenciamiento maquínico con el estado de la situación.

Es una propiedad que tienen todos los conjuntos: «no pertenecen al conjunto vacío». Propiedad de la que se sigue uno de los principios más importantes de la ontología: «ninguna cosa se pertenece a sí misma». Por esta razón es que el conjunto vacío está incluido en todos los demás conjuntos: si nada le pertenece y no puede pertenecerse a sí mismo (por prohibición de auto-pertenencia), la única manera de ser una multiplicidad-existente (el múltiple-de-nada) es la de estar incluido en todos los demás conjuntos. Así, tenemos entonces que ninguna forma-de-gobierno pertenece a una forma-de-vida, motivo por el cual la forma-de-vida está en todas las formas-de-gobierno.

Estas dos propiedades del vacío (inclusión universal y subconjunto de sí) implican que «el vacío es el nombre propio del ser». Se debe a que, si el vacío está incluido en todo, incluso en sí mismo, se cumple entonces una especie de omnipresencia del vacío. En este sentido, podemos decir que, lograr aplicar estas dos propiedades del vacío al conjunto de los actos no-ideológicos, en la medida en que se encuentra en todos los actos políticos de los hombres, implicaría que lo no-ideológico sea el nombre propio de la política.

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en la partición de un conjunto inducida por una relación de equivalencia, la intersección de dos clases distintas es el conjunto vacío.

la intersección del interior con su frontera es el vacío.

 

Para aplicar estas dos propiedades tomaremos dos casos particulares de particiones: la partición del conjunto de los actos políticos humanos en clases de actos ideológicos y no-ideológicos y, luego, la partición del conjunto de los actos ideológicos en clases ideológicas: socialismo, capitalismo, comunismo, fascismo, etcétera.

La primera propiedad (las diferentes clases se interceptan en el vacío) nos dirá que, si la intersección de los actos ideológicos con los actos no-ideológicos se realiza en el vacío, entonces: identificado el vacío con la clase de actos no-ideológicos, los actos no-ideológicos serán comunes al conjunto entero de los actos políticos, ya que estos estarán incluidos en su clase y en la clase de actos ideológicos. Esto significa que los actos políticos no-ideológicos permanecerán por completo incluidos en lo político, mientras que los actos políticos ideológicos ocuparán sólo una parte de lo político.

Después, en cuanto a la partición del conjunto de los actos ideológicos en clases ideológicas, si aplicamos la propiedad, nos dirá que: identificado el vacío con la clase de actos no-ideológicos, si las distintas clases de actos ideológicos sólo se interceden en el vacío, significa que, en efecto, todas las ideologías coincidirán en ser una potencia de anti-no-ideología, de anti-vacío-de-ideología, es decir, la potencia de impugnar su negativo inoperante en lo no-ideológico, o dicho de otro modo, una la potencia-de-no-vacío-de-ideología.

La segunda propiedad (la intersección del interior con su frontera es el vacío) arroja resultados equivalentes. Nos diría que, si el interior y la frontera —más allá de la cual, el conjunto tiene su cierre— se intersectan en el vacío, es decir, si los actos ideológicos tanto como los actos no-ideológicos llegan al vacío en el límite de su transfiguración el uno en otro, entonces: identificado el vacío con la clase de actos no-ideológicos, los actos no-ideológicos serán comunes al conjunto entero de los actos políticos, ya que, al menos, estarán presentes en las fronteras de las distintas clases ideológicas.

Si aplicamos luego la propiedad a la partición del conjunto de los actos ideológicos en distintas clases ideológicas, nos dirá que: identificado el vacío con la clase de actos no-ideológicos, si los interiores de las distintas clases de actos ideológicos se intersectan en el vacío en sus fronteras, significa que, en efecto, las ideologías se diferencian a partir de aquello en que coinciden, esto es, a partir de que representan la potencia de la anti-no-ideología, la potencia-de-no-vacío-de-ideología, como dijimos, es decir, la potencia de impugnar el negativo inoperante que le representa lo no-ideológico.

Pues bien, si consideramos los resultados de la aplicación de estas dos propiedades, lo no-ideológico muestra ser, de alguna manera, una especie de continuo entre las clases de actos ideológicos o, mejor dicho, una especie de aglomerante ontológico entre ellas, o una especie, en efecto, de nombre propio político de las distintas ideologías.

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Vayamos de inmediato al caso de una persona para ilustrar lo entendido hasta el momento. Alfredo vive en el Chaco y es funcionario del gobierno: hace un año y medio fue nombrado director del Museo de Medios de la provincia. Alfredo es, además, escritor. Por otra parte, Alfredo no tiene una vida partidaria, pero participa asiduamente de las marchas públicas. Estas tres referencias: su múltiple-existente como funcionario, su múltiple-existente como escritor y su múltiple-existente como participante de las marchas públicas, componen la situación de Alfredo, esto es, los múltiples-existentes presentados de su vida que contienen sus actuaciones políticas ideológicas y no-ideológicas. Tratemos de caracterizar los distintos tipos de actos que ejecuta. ¿Qué tenemos? Fuera del trabajo en el Estado, Alfredo se ocupa casi por completo a la construcción de su obra como escritor. Bien, por pertenecer al contexto de su forma-de-vida, a sus actos como escritor los identificaremos con el conjunto de sus actos no-ideológicos. Al múltiple-existente como funcionario lo identificaremos con el conjunto de los actos ideológicos socialistas y capitalistas de Alfredo. En el plano general de sus múltiples-existentes, descartaremos los conjuntos de actos ideológicos fascistas y liberales de Alfredo. El conjunto de actos ideológicos comunistas de Alfredo no vamos a descartarlo, porque, si bien en el presente predominan sus actos no-ideológicos —como escritor— y sus actos ideológicos capitalistas y socialistas —como director del museo—, en el pasado, antes de trabajar en el Estado, Alfredo formó parte del Partido Obrero. Preguntémonos entonces: ¿están incluidos sus actos no-ideológicos en su múltiple-existente como funcionario, donde su ideología capitalista-socialista, decimos, hace agenciamiento maquínico con el Estado? Sí. Porque hemos afirmado que el conjunto de los actos no-ideológicos está incluido en los distintos conjuntos de actos ideológicos, como el vacío está incluido universalmente. Ahora bien: ¿en cuáles actos podemos encontrar concretamente a los actos no-ideológicos incluidos en su múltiple-existente como funcionario del gobierno? Podríamos responder que su formación de escritor funciona perfectamente con los rigores estatales, pero resultaría un tanto vago. Por otra parte, podríamos decir que, entendidos de esa manera, sus actos no-ideológicos, si bien están reprimidos en sus actos como director del museo, de un modo extraño se encuentran contenidos en ellos. Si nos remitimos a sus funciones en el pasado, cuando había ingresado a trabajar en el Estado y era Jefe de Prensa del Ministerio de Educación, Alfredo tuvo un escándalo con la Iglesia que debió cargarse motivo de la presentación en la provincia de la revista THC, en el año 2.009. En ese escándalo puede apreciarse perfectamente cómo es posible que estén presentes los actos no-ideológicos, como los pertenecientes a la cultura cannábica, en funcionarios del gobierno, es decir, en los actos ideológicos. Una zona controvertida e indecible, por cierto, del comportamiento de Alfredo, que el Estado, en ese momento no toleró en absoluto y se ocupó de amonestarlo, pero que no pudo despegarse del todo del hecho de haber sido la actuación de un funcionario de su gobierno. (Es preciso insistir que, en el Estado, las formas-de-gobierno que definen a los actos ideológicos implican funciones de «anti-no-ideología», «anti-vacío», «anti-formas-de-vida» sobre sus funcionarios, debido a que, precisamente, la fijación del vacío, es decir, la fijación de lo no-ideológico al múltiple-existente de sus funciones, no sólo es posible sino inevitable). Lo cierto es que, como al conjunto vacío no le pertenece ningún múltiple-existente presentado —estando él, por eso mismo, en todos los múltiples presentados—, ninguna ideología puede presentar la forma-de-vida comprometida de Alfredo con la cultura cannábica, estando, sin embargo, el extracto no-ideológico de ese compromiso presente siempre en el espacio de sus actuaciones ideológicas como funcionario.

Bien, ahora observemos particularmente el múltiple-existente de Alfredo como participante de las marchas públicas. Al referirnos que Alfredo no lleva una vida partidaria pero que sí participa de las marchas públicas, no queremos decir nada en contra del partido y sí queremos decir mucho a favor de las marchas públicas, las cuales, de un tiempo a esta parte, se han convertido en un lugar de encuentro masivo de las voluntades políticas ciudadanas. Ahora bien, al ejecutar el acto no-ideológico de marchar, los múltiples-existentes de Alfredo se despojan de su condición de funcionario, aunque no se despojan de su forma-de-vida como escritor. Todo parece ocurrir como si la marcha pública desactivara las representaciones ideológicas de aquellos que asisten, tomándolos singularmente para el ejercicio de su acto. En efecto, hemos visto que, por propiedad del conjunto vacío, las distintas clases de ideologías se intersectaban en lo no-ideológico, pues bien, la marcha pública vendría a representar ese espacio vacío de intersección entre las ideologías que, empero, es un espacio político para la gente con ideologías. Ahora, si bien la marcha pública no separa de los contextos de sus formas-de-vida a las personas que marchan (no es poder político), tampoco permite que las formas-de-vida impongan en ella sus contextos de origen (no admite subjetividades). Podemos decir al final que, la marcha pública, toma a Alfredo como parte de una máquina sin ideologías que lo singulariza por completo de las formas-de-gobierno que lo componen como funcionario.

 

En esta primera parte de la exposición (hecha muy burdamente) hemos observado que las propiedades del conjunto vacío pueden aplicarse a los actos políticos, es decir, que pueden aplicarse a las formas-de-vida de las personas en relación a la separación de sus contextos, de lo cual resulta —así como el conjunto vacío lo es de los demás conjuntos— que sus actos políticos no-ideológicos estén incluidos en todos sus actos políticos ideológicos, es decir, que sean ingobernables por el poder político.

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