Literatura Tropical lanza la preventa de Cuarentena, la nueva novela de Ariel Sobko, con contratapa de Paula Puebla. En esta entrevista, el autor recorre una historia donde pandemia, amor, desigualdad y terror sobrenatural se cruzan hasta volver extraña la propia realidad.
Cuarentena es la segunda entrega de la colección de obras híbridas y artefactos literarios de Literatura Tropical, una serie que comenzó con Pulp Sextion de Fernando De Leonardis y que sigue explorando territorios donde la literatura se vuelve una máquina de mezclar registros, tensiones sociales y delirios de época. En esta ocasión, el turno es de Ariel Sobko, licenciado en Filosofía, ensayista, experimentador chaqueño, cuya escritura viene construyendo desde hace años un puente inestable entre el pensamiento crítico, la ficción y las zonas más extrañas de la experiencia contemporánea.
Ambientada durante los meses del encierro por la pandemia, Cuarentena propone una arquitectura narrativa singular: dos historias de amor avanzan en simultáneo, una atravesada por el realismo áspero de la supervivencia cotidiana y otra por el resplandor inquietante de lo sobrenatural. Mientras los personajes pobres enfrentan el deterioro material, la violencia y el miedo, los personajes ricos parecen habitar una realidad donde la brujería, los demonios y las transformaciones imposibles son apenas una extensión de sus privilegios. El resultado es un relato río que oscila entre géneros, clases sociales y formas de percibir el desastre.
Como señala Paula Puebla en su texto de contratapa, Cuarentena se pregunta qué lugar queda para la ficción distópica cuando la distopía ya ocupa las calles del barrio. Lejos de ofrecer respuestas tranquilizadoras, la novela multiplica interrogantes sobre el amor, el poder, la desigualdad y los mecanismos de control que emergen durante las crisis. En esta conversación, Sobko recorre los pliegues de una obra donde el apocalipsis adopta formas íntimas y donde el terror sobrenatural convive con una certeza quizás más inquietante: que la realidad puede resultar mucho más extraña que cualquier fantasía.





Con Jota Darq, el artífice del arte de portadas y maquetación de interiores de Cuarentena, que pronto estará desfilando por la imprenta.
FT | Cuarentena, de Ariel Sobko @arielsobko | Literatura Tropical, 2026 | Edición: Alfredo Germignani · @alfredogermis | Comunicación y redes: Melina Beldarraín | Arte, diseño y maquetación de portada: José González · @jotadarq | Fotografía de autor: Laura Aguirre · @lauranahi83 | Corrección: Lilén Godoy · @trashumanteletras | Páginas: 90
—¿Cómo se reflejan las diferencias de clase social entre los personajes principales y de qué manera influyen en el desarrollo de la trama?
—Dos parejas, una de clase alta, María y Luis, y otra de clase baja, María pobre y Luis pobre, protagonizan dos historias de amor que se inician con la cuarentena por el covid-19: mientras que los ricos viven un apasionado romance lleno de excesos y de experiencias sobrenaturales, los pobres mantienen una relación más acorde a las circunstancias. Las dos historias que contiene Cuarentena están narradas en simultáneo para marcar las diferencias de clase social entre los personajes principales. El texto tiene la forma de relato río, un solo párrafo sin punto y aparte, donde ambas historias avanzan en secuencias alternadas, separadas solo por complementos de lugar y de tiempo, pero fuertemente diferenciadas por el género que adoptan: los pobres, el realista, los ricos, el fantástico. Sin embargo, esta diferencia, se transforma en hostilidad cuando sus destinos se cruzan de manera inesperada hacia el final, desencadenando hechos violentos que conducen a los personajes a la tragedia. Las diferencias de clase social determinan la combinación entre el realismo y la fantasía que adopta el mundo narrativo de la obra, pero sobre todo determinan el final, el cual, deviene del cruce de las historias (del cruce de los géneros) y se produce como un choque entre dos fuerzas antagónicas.
—¿Qué papel juega la brujería y lo sobrenatural en la construcción del mundo narrativo de la obra? ¿Cómo se integra este elemento fantástico con la realidad de la cuarentena?
—Tengo para mí que la cuarentena fue lo más fantástico que pasó en la vida. El encierro nos zambulló hasta las últimas fibras de nuestra intimidad, donde yacen sin duda las peores pesadillas del fin del mundo, pero también el terror sobrenatural. Hay una relación entre la cuarentena y el terror sobrenatural tanto como entre la cuarentena y las pesadillas del fin del mundo. Yo quería plasmar estos temas en una ficción, entonces pergeñé dos historias de amor de diferentes clases sociales, donde los pobres sufren la realidad apocalíptica de la cuarentena y los ricos tienen experiencias sobrenaturales. Además, en la obra está presente el tema de la violencia de género, que viene a cuento por el incremento de femicidios a causa de la cuarentena: el personaje rico principal, Luis, es el demonio y, como tal, usa sus poderes extraordinarios (control mental, brujería, transformaciones bestiales) para ejercer tormentos psíquicos y violencia física sobre María. Ahora bien, estos elementos fantásticos no tienen calada ni gozan de un desarrollo, no hay sobre ellos una mirada especial, aparecen en la marcha de la narración mencionados a vuelo de pájaro, dando por sentado la equivalencia que tienen, en su carácter de ficción, con los elementos reales del mundo de la obra. Cuarentena sigue el modelo de la obra de Mariana Enríquez, donde lo sobrenatural se integra a lo cotidiano, tiene la misma entelequia de las cosas habituales, por eso pudo escribir Nuestra parte de noche, la historia del médium más poderoso del mundo que elige tener una vida normal.
—¿Consideras que el final trágico de la historia era inevitable dados los conflictos y tensiones que se iban generando a lo largo de la narración?
—El final trágico de la obra, más que a los conflictos y tensiones que se pudieron haber suscitado en las historias, responde a una exaltación del género realista y del género fantástico a los que cada una de las historias pertenece por separado. De hecho, las dos historias (los dos géneros) se cruzan solo hacia el final, sin que antes se conozcan entre los personajes principales. Por lo demás, entre los personajes de los pobres, hay uno que participa de las dos historias, el Pelado, un dealer que le vende drogas a Luis para las fiestas clandestinas que organiza, y es quien provoca el encuentro entre los protagonistas. Todo parece ocurrir como si los personajes estuvieran contenidos en sus historias (en sus géneros), y, cuando las historias se cruzan (cuando se cruzan los géneros), se desbordan, pierden la razón y se enredan en la tragedia.
—¿Cuáles simbolismos o metáforas se pueden identificar en la obra en relación a temas como el amor, la violencia y la desigualdad social?
—El narrador refiere al “espíritu mammónico” de la mamá de Juan, una poderosa bruja, propietaria de la inmobiliaria más grande de la provincia, que dio a luz a la encarnación del demonio, Belcebú, Luzbel, Satanás, como quieran llamarlo. Mammón, dios de la avaricia, tiene a su cargo centenares de comarcas infernales, sin embargo, no puede hacerlo laburar a Juan, el príncipe de las tinieblas, vago, atorrante y derrochador por naturaleza, características ajenas a la codicia que se requiere para hacer grandes fortunas. Como “el verdadero demonio”, usa su poder de manera egoísta y haragana, para su propio beneficio, sin guiarse por algo práctico o valioso. El mal está relacionado con la clase alta. Por lo demás, los pobres, viven el mundo real, padecen de los difíciles condicionamientos que llevó apareado el encierro: exposición al contagio, insania mental, desocupación, violencia policíaca. Mientras que la metafísica es idea, fantasía, fulgor, la realidad es rasposa, cruda, nauseabunda, totalmente insulsa. Ese es el motivo por el que los pobres caen en el realismo sucio y los ricos se erigen en ficción extraña. Cuarentena oscila entre estos dos mundos como una imposible compaginación que nos permite un juego de espejos entre las clases frente al apocalipsis.
—¿De qué manera la cuarentena funciona como telón de fondo y detonante de los eventos que se narran? ¿Cómo impacta en la vida de los personajes?
—Cuarentena utiliza la experiencia traumática del acontecimiento de fondo para recortar las historias. El impacto del encierro obligatorio en la vida de los personajes es totalmente negativo, los empeora y los violenta, y los arroja a un trágico final que esconde la muerte y la cárcel. Por lo demás, yo no creo que la literatura pueda abordar un acontecimiento en curso, pero la cuarentena sin duda representó una enorme tentación en ese sentido, la misma tentación, por ejemplo, que habrá representado la guerra de Malvinas para Rodolfo Fogwill al momento de escribir Los Pichiciegos (1983), uno de los pocos experimentos afortunados que se hicieron al respecto.
—¿Cómo nació la idea de idear esta estructura narrativa que alterna entre las historias de los personajes ricos y pobres para transmitir la complejidad de la trama?
—Tuve la idea de un relato río, y, como eran dos historias, no tenía sentido contar una primero y después unirla sin puntos a parte a la otra, entonces, se me ocurrió escribirlas fragmentariamente y de manera intercaladas, de modo que puedan seguirse las dos a la vez. El resultado es una comparación constante entre los mundos (entre los géneros) de los ricos y de los pobres que llega al paroxismo cuando se cruzan hacia el final.
—¿Qué mensaje o reflexión, deja esta novela sobre la sociedad y las relaciones humanas?
—¿Un mensaje? Que el fin del mundo nos provoca un terror sobrenatural, que el ser humano atraviesa cualquier circunstancia a costo de empeorar, que el amor es más tormentoso que cualquier calamidad que azote al mundo. Por lo demás, yo no creo que pueda extraerse algo como un mensaje o una reflexión de la literatura, al contario, sospecho que cuanto menos puede extraerse, cuanto menos práctica, la obra es mejor.
¿Qué anuncia el sonido de una sirena antes de convertirse en ruido blanco? ¿Qué se esconde entre la alarma y esa falacia a la que nombramos como normalidad? ¿Qué lugar en la literatura queda para una distopía cuando “es un hecho” en las calles del barrio? Cuarentena se abisma a estas y otras preguntas no para responderlas y darles un cierre, sino para multiplicarlas en la cabeza del lector que, todavía en carne viva, intenta entender el nuevo mapa en el que se dibuja la realidad post pandémica.
Paula Puebla
BIO | Ariel Sobko nació el 30 de abril de 1977 en Resistencia, Chaco. Es Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE). Publicó los libros de ensayos y fragmentos Los vientos amargos de la nada (2003), Cuerpo, mundo, nudos (2006), El aro rojo (2020) y El acto político no-ideológico (2020). Su trabajo se despliega en talleres literario-filosóficos, edición de libros, co-escrituras y proyectos dramatúrgicos y performáticos, así como en guiones y producciones que cruzan arte, filosofía y experimentación escénica. Actualmente colabora con artículos, ensayos y notas en revistas digitales y en la plataforma creativa Literatura Tropical.



