Para cagarse de risa en la cara de la muerte

No necesitaste impostar la voz para dejarnos esa luz derramada encandilándonos los ojos. Supiste agitar como nadie las copas del mejor malbec, que para vos no era otra cosa que el pretexto sagrado de amucharse a putear contra la vida, contra la muerte y contra la misma poesía. Tu casa y tu presencia siempre fueron un territorio vivo de escucha, siembra y ternura radical.