1. La responsabilidad del Estado y el crimen
Entre la ciudad de Goya, en el sudoeste de la provincia de Corrientes y la ciudad de Esquina, casi en el límite con Entre Ríos, median poco más de 100 kilómetros. Así como Goya, segunda ciudad de la provincia en cuanto al número de habitantes, destaca su relevancia a la vera del río Paraná, Esquina se halla sobre el río Corrientes, próxima a la confluencia con el río Paraná.
Según las referencias turísticas, la población de Esquina expresa su devoción religiosa a Santa Rita de Casia –patrona de la ciudad- cada 22 de mayo, en las fiestas patronales. Entretanto, la patrona de Goya, Nuestra Señora del Rosario, es recordada cada 7 de octubre.
Esta religiosidad popular, siempre mencionada como un sello identitario de la provincia de Corrientes, se entrelaza con naturalidad en la cultura y las costumbres lugareñas, que moldean el vínculo de hombres y mujeres con la tierra.
Precisamente, hablar de “tierra” en Corrientes remite a un lugar común, el de su tenencia, acaparada en pocas manos. Según el historiador Enrique Schaller, hasta mediados del siglo XIX “La consolidación del dominio privado de la tierra en Corrientes durante la expansión ganadera constituyó un arduo proceso dado que la adjudicación de tierras públicas experimentó múltiples complicaciones… una importante porción de terrenos fiscales fue transferida, en diversas formas, al dominio particular. Estas tierras, que probablemente eran las más aptas para el poblamiento fueron adjudicadas en unidades de gran extensión conforme con los requerimientos de la producción ganadera extensiva vigente en aquella época. Se fue conformando así el grupo hacendado y terrateniente que tendría decisiva influencia en el desenvolvimiento de la provincia”.
Entre el latifundio y el abandono de la población rural, se construyó un paradigma de desamparo para los más humildes, en el que la presencia del Estado y la connivencia con los sectores más poderosos se convertía en ley.
Por eso no es de extrañar que, ante un crimen salvaje como el de la maestra rural Nancy Godoy, resuenen las advertencias y los datos que demuestran graves ausencias del Estado para garantizar derechos y la seguridad de las personas.
Cuando Sebastián, uno de los hijos de Nancy, exclama que no permitirá “que ella sea una desaparecida más en Corrientes”, no solo resuena la ausencia de Loan, sustraído de su hogar hace poco más de dos años, sino que, remontándonos más de 50 años atrás, llega el eco de un suceso que en su momento conmocionó al país.
2. El caso de Norma Morello, la primera mujer –maestra rural- secuestrada y desaparecida en el país.
Nancy Godoy, 52 años, madre de tres hijos, maestra rural. En busca de un cargo de ascenso, acepta la designación en la escuela plurigrado N° 626 del paraje “El Malezal” en el departamento de Esquina, provincia de Corrientes. “Una zona inhóspita”, define Gladys al asentamiento, por nota al Consejo de Educación el 15 de agosto de este año.
Quizás sin querer, esa nota manuscrita, redactada ante los pocos vecinos testigos del estado en que se hallaba la escuela, hacía las veces de un “memorial de agravios”, de los que en épocas de la colonia se enviaba a la sede del imperio español, en espera de improbables respuestas.
Esa distancia virreinal, se agiganta hoy pese a las nuevas tecnologías, y exhibe la injusticia de las condiciones de trabajo, y la absoluta falta de tutela de derechos por parte del Estado. Un Consejo de Educación que cubre una “licencia de un mes”, que en los hechos consiste en un cargo vacante durante dos años. Una comunidad, una población infantil, carente de educación, y de condiciones mínimas para dicho fin.
Una trabajadora elevando la voz, pese al estado de situación. Algo similar ocurría en Goya hace unos 55 años. La maestra rural era Norma Morello, tenía entonces 30 años, y pertenecía al Movimiento Rural Católico. El caso de Norma, distinguida por Ctera como “maestra de la vida”, se inserta en el terrorismo de estado padecido por nuestro país durante las dictaduras militares.
Si bien entre ambas situaciones, aparte del tiempo, median otras calificaciones y desenlaces, las une una trama de injusticias, de deserción estatal, y de desamparo de la población rural y las trabajadoras, insoslayable.
Al igual que el “memorial de agravios” elevado por Nancy al Consejo de Educación, Norma había luchado junto a los trabajadores del tabaco, antes de conseguir una suplencia en una escuela rural de Goya. El establecimiento se encontraba dentro de la estancia “La Marta” y allí se desempeñó Norma por apenas 3 meses, hasta que fue secuestrada por fuerzas militares.
Los mismos rostros, dolientes y decididos, que vemos por estos días marchar en reclamo de justicia por las calles de Esquina, se hacían ver en Goya durante 1971 y 1972 por la aparición con vida de la maestra rural. Las puebladas eran encabezadas por el obispo de Goya, don Alberto Devoto, y pusieron contra las cuerdas a la dictadura de Lanusse.
Con el tiempo se confirmó que había participado el ejército, se supo que el operativo fue a las una y media de la noche, y que la sacaron de la escuela vendada, que la prefectura la trasladó en avión a Rosario, donde continuaron los apremios. Se supo que Norma fue torturada y picaneada, y que en los violentos interrogatorios le requerían nombres y actividades.
Era la primera vez que se tenía noticia de una detención seguida de desaparición en el país (el primer caso aislado había sido la desaparición de Felipe Vallese en 1962).
CONTINUARÁ…


