Una aventura de Yaal

Por Antonio Scappini

Garganta Canceruda, conocido títere sionista-reptiloide local, a quien le gusta jugar con la pobre percepción de la amplia masa de analfabetos políticos millennials. Él hace de cuenta que no tiene nada que ver con la victoria electoral del Tano (antes conocido como El Bigote hasta que por consejo de su asesor de imagen, El Peruca, se lo afeitó para evitar una familiaridad con el cliché facistoide heredado por décadas de panflaterismo norteamericano). Éste tuvo la orden de apretar de manera “indirecta” con ayuda del Bonete, el multimedio del cual es cabecilla el Garganta. No necesitaron del anticuado uso militar, simplemente la rica y poco difundida práctica de la filosofía del lenguaje. La construcción discursiva básica pero efectiva con la que bombardearon de manera impresa, catódica, radial y ciberespacial fue asimilada sin ningún problema visible en la mayor parte del padrón electoral de clase de media, que para los despistados tenían las siguientes características:

 

  1. Total incapacidad de análisis crítico del discurso.
  2. Emocionalmente volátiles.
  3. Pésimo gusto en entretenimiento y artes.
  4. Miopía entre los conceptos de liberalismo y libertad.
  5. Suelen laburar de ingenieros o maestras jardineras.

 

La práctica neocolonial del Cancerudo y su grupo de anónimos fue más que exitosa.

Además, la práctica de prejuicios étnicos-clasistas que ya de por sí era moneda corriente se maximizó en lo ridículo: murgueritos cagados a tiros con balas de goma, policías rociando gas pimienta en ollas populares y comedores comunitarios, deforestaciones y desestabilización climática para ampliar sectores de cultivo de soja e instalaciones de countrys, compra de armas al exterior en pésimos tratos, la estigmatización y desfinanciamiento de la escuela pública, las actividades científicas y culturales y un gran y triste etcétera.

Con la República de la gente bien marchando con total normalidad, Yaal, ajeno a todos esos eventos sólo se quedó en su cucha leyendo una historieta apaisada mal traducida del Popeye de Bud Sagendorf.

Hace poco que se había materializado en este mundo, en aquel país, en aquella provincia y específicamente en aquel cuadrante en un principio y sin ninguna razón aparente, aunque después afirmaría bajo juramento en los triunviratos burocráticos que fue por el clima.

Daba vuelta a las páginas mientras hacía marchar sus pupilas al ritmo de los efectos de movimientos de los protagonistas del teatro del dedal.

Pablo: Yaal, tenemos que rajar rápido, se nos quiere escapar el colectivo.

Yaal: Dale Pablete, ya voy (guarda su revista en un bolsillo cerca de las costillas).

Pablo: Ayudame con unas cuantas de estas cajas.

Yaal: Sabe (levanta 3 cajas que apoya en su hombro).

Los dos salen de una pieza hacia el exterior de un centro cultural comunitario, cruzan un par de manzanas hacia la parada de colectivo que justo estaba estacionado. Se fueron para el fondo en un trayecto un tanto borrascoso, esquivando la indiferencia de los pasajeros. Después de pasar un total de 5 paradas un chabón se subió, era un poeta urbano, se puso a recitar unos cuantos versos empalagosos de su autoría, claramente influido por Benedetti con lo que recibía cada tanto unas monedas. Yaal y Pablo percibían cierto descontento por parte de un grupo de pasajeros. El poeta no tuvo mejor idea que recitar unos fragmentos de Galeano.

Poeta: “La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.”

Pasajero Skinhead: ¡Eh, acá no queremos politiquerismo barato!

Poeta: … Eh, pero sólo son versos…

Pasajera Abuela Conchuda: ¡¡Estos negros se meten en todos lados a molestar a los que trabajan!!

Pasajero Lobotomizado por el Bonete: ya lo decía el Gordovez y Lantana ¡Estos se infiltran de abajo hacia arriba, son buenos para el habla, pero a la hora de agarrar una pala, arrugan!

Pasajero con tatuaje de Ayn Rand: (Sacando una navaja) Mejor cantá, SÍ SE PUEDE, SÍ SE PUEDE, en uno tonito agudo, ¿qué tal en tren Castrati?

Yaal: (Con un gesto soñoliento) Déjense de joder un ratito, ¿quieren? Manga de enajenados.

Pablo puso gesto de preocupación y agarró fuerte las cajas. Los pasajeros apuntaron sus miradas hacia el niño. Éste se arremango las mangas dejando al descubierto unas prótesis flexibles que abarcaban desde las muñecas hasta el codo, calibró y acomodó y configuró distintos aditamentos mientras se ponía rápidamente unos guantes hechos de un material similar al grafeno y al kevlar.

Una ola humana se abalanzo hacia él.

Saltó rápido y se sujetó a los pasamanos dando con las puntas de sus pies a las nueces de Adán de un par de buenas personas, que fueron arrojadas hacia la multitud.

Con agilidad arácnida Yaal se metió dentro de la masa humana arrojando bultos a golpes y craqueos hacia distintas partes del colectivo. Algunos salieron disparados de las ventanillas llevándose trozos de vidrio y plástico incrustados en distintas áreas del cuerpo como suvenires, otros quedaban tirados en el suelo. El cambalache que se armó hacía bailar al transporte marcándole canas y venas cavas al conductor.

El pasajero de la navaja a un paso de acercarse al poeta acaba sintiendo cómo se le rompe la clavícula y la bolsa sinovial del hombro derecho, como si fueran de telgopor. Asustado y desorientado mira hacia atrás, el niño agarra su arma y la quiebra como a un escarbadientes de madera. Y en el momento en el que está por abrirle de manera poco ortodoxa el tercer ojo o como algunos denominan, sexto chakra o Ajna, el colectivo choca arrojando a todos hacia un costado de la calle donde varios autos y motos terminan de armar un dominó de quilombos viales. Entre puteríos y lloriqueos varios, Yaal sale por una ventanilla ayudando a Pablo a sacar sus cajas y luego, antes de sacarlo a él, le pregunta sobre el poeta, Pablo revisa rápido el brazo que tiene cerca y se percata de que no hay pulso.

Pablo: Así nomá tamos.

Yaal (con un tono de disgusto): Carajo, por un pelo nomá.

Saca a Pablo.

Pablo: Vo fumá nomá, entiendo que querías hacer tu buena acción del día, pero tenes que entender sobre límites.

Yaal: Bueno.

Se metieron por una calle poco pavimentada. Sus pasos fueron acompañados por un extenso silencio hasta que a Yaal se le ocurrió tararear infantilmente un tema de Los Pericos

Yaal: “Home Sweet Home, Home Sweet Home

esta no es, no es mi casa no…”