Sobre Purirú, la nueva novela de Mariano Quirós
Entrar en el universo de Mariano Quirós es entrar en una zona con una atmósfera muy cargada. En Purirú, su reciente novela, publicada por Alfaguara, los personajes parecen pseudópodos del entorno, accidentes angustiosos sobre la superficie de un río que todo el tiempo está y no está: perros que se lanzan a cazar patos sin calcular sus fuerzas; hombres abandonados a la corriente caprichosa de la vida, incapaces de oponer el mínimo pero; un docente fumón que se considera poeta; adolescentes que, como el Holden Caulfield de Salinger, ven de frente la ruina del mundo adulto y quieren irse en un barco de traficantes.
Todo lo que ocurre en Santa Rita, el pueblo que está a la vera de este río oprobioso, está atravesado por la violencia, que Quirós narra como nadie. De un lado, la violencia de clase, la mafia de los prestamistas que endeudan a todo el pueblo, que tienen sus barcos, sus camionetas y el cinismo suficiente para el maltrato sin consecuencias. Del otro, la violencia de los márgenes, de las chicas que no aparecen y la gente que hace lo que puede para sobrevivir en un entorno hostil: pescadores que recuerdan el Sudeste de Haroldo Conti, piratas de río que comercian productos que entran desde Paraguay y dealers de purirú, ese yuyito que, fumado o en infusión, abomba a todo el mundo, incluido al lector.
En ese marco, algunos gestos de ternura le dan a los personajes un espesor humano en desuso. Quirós encuentra belleza en la vida de los que se resignan a que las cosas sean como son, que aceptan calladitos una especie de destino en el que están insertos, como partes de un todo que los excede y que no pretenden subvertir.
La novela evita con una inteligencia desbordada de recursos el riesgo de caer tanto en regionalismos caricaturescos como solemnes. Se burla, incluso, del esnobismo por defecto de cierta clase de lectores que anteponen como un himno el adagio borgiano que dice que en el Corán no hay camellos. Purirú, en una operación de encubrimiento ejecutada a la perfección, trabaja con una tradición y piensa sobre ella sin caer en la obscenidad reflexiva de, por ejemplo, los personajes intelectuales de Piglia. “¿Cómo es, chipa o chipá?”, se preguntan mientras ensayan diferentes recetas para cocinarlo, algunas de las cuales remiten a sus ancestros paraguayos. Esa es la zona de Quirós, un estado de la lengua, de la prosa delicada capaz de mimetizarse con el río; un modo de hacer ingresar al presente narrativo el linaje entero de lo que somos.
Con subtramas escondidas, cambios de narradores y puntos de vista, idas y venidas en el tiempo y un dominio absoluto de todos los registros, Purirú bien podría ser la nueva Nadie nada nunca de una generación entera.
Joaquín Vazquez (Rosario, 1990) es Profesor y Licenciado en Filosofía por la UNRC. Publicó los poemarios La voz en los maderos (Ed. Cartografías, 2016), Observaciones sobre las plantas (HD Ediciones, 2020) y Golpes en la puerta (Kintsugi editora, 2024); el libro de cuentos El nacimiento de un genio (Trench Editora, 2019); el libro-álbum ¿Qué es una criatura? (Ed, Cartografías, 2021); y Crónicas de infancia (Kintsugi, 2018/2022, dos ediciones). Dicta talleres literarios y coordina la Escuela Federal de Escritura.


