En un encuentro literario que trasciende las fronteras de la palabra escrita, Belén Lezcano Fernández, María Eugenia Landriel y Ariel Sobko se sumergen en la compleja relación entre poesía y narrativa. Desde Corrientes y Chaco, estos autores nos ofrecen una mirada íntima y provocadora sobre el acto de escribir como un ejercicio de resistencia ante lo inenarrable. ¿Hay lecturas imposibles? La narrativa y la poesía dialogan en este espacio imaginado para pensar la ficción y las palabras como actos de determinación y resistencia. A través de sus obras, exploran cómo la literatura se convierte en un vehículo para cuestionar la realidad, desdibujando los límites del lenguaje y desafiando nuestras percepciones. En esta conversación, la creación literaria se revela como un acto de catarsis y transformación, donde cada verso y cada relato nos invitan a redescubrir el mundo que habitamos y a confrontar nuestras propias verdades. Una invitación a reflexionar sobre el poder de la escritura como un espejo ¿borroso? de la condición humana.
Belén Lezcano Fernández
Nació en Corrientes el 18 de mayo de 1990, es estudiante avanzada del profesorado de Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades. Participa en numerosos eventos literarios en la ciudad de Corrientes y de Resistencia, leyendo sus poesías. En el 2022 publicó Catarsis (Literatura Tropical) su primer poemario.
María Eugenia Landriel
Nació en Charata, en Chaco, el 24 de marzo de 1990. Escribe y trabaja como psicopedagoga. Vivo pendiente de ser devorada será su primer libro de poesía editado por Literatura Tropical.
Ariel Sobko
Nació en Resistencia el 30 de abril de 1977, es licenciado en Filosofía en la Universidad Nacional del Nordeste. Con el sello editorial Literatura Tropical editó el ensayo El acto oolítico no-ideológico (2018) y el libro de relatos El aro rojo (2018). Y actualmente, trabaja en la edición de la ficción especulativa Cuarentena (Literatura Tropical).
En esta entrevista realizada por el escritor y editor Alfredo Germys en el marco de la 14ª Feria Provincial del Libro de Corrientes, lxs autorxs profundizan en una variedad de temas fascinantes que iluminan la intersección entre poesía y narrativa. Abordan cómo la poesía puede servir como un catalizador para la narrativa, aportando una musicalidad y una intensidad emocional que enriquecen la prosa. Discuten la idea de que la ficción no solo cuenta historias, sino que también puede ser un acto poético en sí mismo, donde la búsqueda de lo inenarrable se convierte en una exploración de la identidad y la memoria. Además, reflexionan sobre el papel del lector como co-creador del significado, enfatizando que tanto la poesía como la narrativa invitan a una participación activa y reflexiva. A través de este diálogo, surge una visión compartida de la literatura como un espacio de resistencia, donde las palabras se convierten en herramientas poderosas para desafiar realidades y construir nuevas narrativas.
Fotos: Laura Anahí Aguirre








ALFREDO G. ¿Cómo conciben la relación entre la narrativa y la poesía en sus obras? Y si creen que son formas de expresión complementarias.
BELEN LF: Bueno, yo creo que la poesía y la narrativa son dos formas diferentes de expresión, se complementan en el sentido de que las dos pueden representar o se pueden llevar a cabo, digamos, de diferente manera. Por un lado, la poesía para mí es una forma de autobiografía también, si por ahí tengo que relacionar la poesía con la narrativa, diría que es una forma de narrarse uno mismo, en este caso porque es una poesía que parte del yo, es intimista, aunque puede relacionar los temas del libro con otros. Son formas diferentes, las dos pueden transmitir, pueden relacionarse con la realidad, una más de un escritor, digamos, presente, de un sujeto, y la narrativa desde lo que se conoce como ficción, aunque siempre se relaciona de alguna manera con la realidad.
EUGENIA L. Bueno, estuvimos, arrancamos un rato antes por lo visto de la charla, porque terminamos iniciando nuestro encuentro de esa manera, debatiendo cómo lo que hacemos cada uno se termina camuflando o encontrando un mismo dique, y yo les comentaba recién de que para mí la narrativa forma parte de mi lectura diaria, y la poesía es mi forma de poder devolver una mirada de esa narrativa, o de cómo esa narrativa se termina convirtiendo en mi realidad, entonces yo termino encontrando en la poesía una manera de comunicar eso que veo y siento, pero me parecen dos vertientes que se terminan complementando, y a veces uno no termina sabiendo bien dónde aparece una y dónde aparecen las otras, sobre todo porque yo considero también que la poesía es una forma de narrar algo, y ahí está el sentido también de la narrativa, de cuando contamos algo o iniciamos algún tipo de texto, independientemente de cómo después la academia o los tipos de texto lo califican, sobre todo por la importancia del escritor o de la escritora, bien o malo, de la necesidad de contar y de narrar algo.
ARIEL S. Bueno, respecto a lo personal, yo me dedico a la prosa, trabajo el ensayo y la narrativa. Intenté en mi inicio de escritor la poesía, pero descubrí inmediatamente que no era para mí, no sé bien a qué responde, obviamente hay formatos de escritores, Borges tenía las tres dotes de la poesía, era ensayista y también narraba cosas sorprendentes, pero bueno, a duras penas creo que he logrado manejar algo de la prosa, y sí puedo dar una distinción, para sumar a la distinción que ustedes hicieron, en carácter de escritoras de poesía, entre la narrativa y el ensayo, que sí, obviamente la narrativa es una manera de estar más cerca de la poesía, y el ensayo ya se escaparía. Creo que también es parte de lo que estuvimos conversando, si tuviera que opinar, diría que la poesía se ubicaría en el arte, insisto, de una idea que vos tiraste, como el más simple acceso en el sentido de leer, que siempre está, alguien tiene un libro de poesía por ahí, en una casa o en algún lugar, la poesía está, de hecho, se memoriza la poesía. Y en su carácter de sensibilidad creo que es el arte mayor. La poesía creo que, incluso la poesía no solo libresca, sino también la poesía de la música, me parece que fundamentalmente es nuestra educación sentimental. La parte sentimental está totalmente abordada por la poesía, por eso uno puede expandirse sentimentalmente buscando nueva poesía. La poesía tiene eso que parece como que nos va a mostrar que no tiene límites nuestra sensibilidad al respecto de la estética o del hecho artístico puro, más antiguo, incluso respecto a las letras.
ALFREDO G. Conversábamos un poco, recién hace un momento antes de empezar la charla, polemizando porque nosotros utilizamos un latiguillo para definir esta interpelación a la realidad que hacemos los escritores, cuando escribimos. A ver, nosotros la mencionábamos y decíamos la «realidad real verdadera» en el universo literario tropical es aquello que puede ser capturado únicamente por la ficción y por la poesía y por alguna forma artística, sea de resistencia o de determinación. En pocas palabras, si queremos saber cuál es la radiografía de las sociedades que nos atraviesan hoy, tenemos que leer ficción. No nos vamos a los diarios, no nos vamos a los medios digitales, sino que consumimos arte. El arte nos interpela desde esa posición tomada o no, librada para que una comunidad de lectores también pueda ser interpelada. Entonces, ¿cómo ven ustedes esta reflexión a partir de su oficio?
BELEN LF: Yo creo que la realidad literaria, como vos decís, está en la literatura, está en la poesía sobre todo para mí, porque en la poesía hay un yo poético. Siempre se dice que se construye con determinados recursos, en ese sentido podemos decir, entre comillas, que es ficción, pero para mí acá la realidad está desde que aparece un yo, desde que un escritor asume su responsabilidad de escritura y al lector no le queda otra que creer o no en la veracidad de ese discurso. Lo mismo pasa en la literatura. La ficción para mí puede ser considerada como una herramienta para representar la realidad. Por eso no es algo fingido, no es mentira, sino que es una forma de razonar de manera diferente sobre la realidad.
EUGENIA L. Bueno, cuando recién estábamos justamente hablando del término, pensaba que usted también dijo que cada texto de alguna manera está contando su verdad y está construyendo y teniendo en cuenta que sobre todo la actualidad está mostrando que hay una verdad que se va construyendo, que creo que ese es el carácter que más sobresale hoy en día de nuestras verdades. Creo que en el escribir, tanto en la narrativa como en la poesía, está esta necesidad de usar la palabra como anclaje, una marca necesaria en la realidad que vivimos, porque definitivamente nuestros sentidos y la realidad no nos bastan. Entonces la herramienta, así como en su momento el martillo, la piedra, eran tan fundamentales en ciertas poblaciones, y teniendo en cuenta lo que vos decías, Alfredo, de la radiografía, tener ojos que nos permitan una mirada, una lectura que nos permita hacer una radiografía actual de lo que vivimos, termina usando a la palabra como resistencia, como herramienta y para poder sujetarnos de alguna manera en la realidad, porque por lo visto no nos alcanza. Creo que seguimos escribiendo porque no alcanza, es como que estamos definiendo, denominando, leyendo y diciendo.
ARIEL S. Claro, hay una cuestión que circula entre la sociología, la filosofía, pero en otros ambientes, la cuestión del mapa y el territorio, así se conoce, que dice que el mapa no es el territorio, justamente, para mostrar este carácter inenarrable que de alguna u otra manera tiene lo que vamos a considerar real, y de este lado nosotros tratando de cartografiarlo. Ahora dicho eso, que cualquier dispositivo que uno monte no va a ser el territorio, va a ser el mapa. De la novela, tanto como de las otras disciplinas del espíritu, se va a decir lo mismo, no va a alcanzar la realidad, sin embargo, va a darte un plano ontológico de eso, va a darte una captura determinada. Creo que te referís a una percepción que es muy particular, muy definida incluso. Pongamos, cuando uno termina de leer una novela o de algo, que sí tiene la sensación de que ese dispositivo como tal, la novela, ha logrado ser, no sabemos si más abarcativo, más profundo, más sutil, en definitiva, más útil, para tratar la materia que abordó, pero sigue siendo un juego de lenguaje, sigue siendo puro pragmatismo en el sentido de Wittgenstein, sigue siendo un juego más, un uso más del lenguaje. Podemos decir que es de los dispositivos, uno de los más nobles del espíritu, sin duda, de los más encumbrados y los más difíciles de lograr, desde luego, pero pensar que es la verdadera realidad la que captura el dispositivo es cuanto mínimo controversial.
ALFREDO G. ¿De qué manera la ficción y las palabras pueden convertirse en actos de determinación ante lo inenarrable? ¿Y cómo ustedes logran plasmar eso en sus obras, en sus textos?
BELEN LF: Bueno, como te decía hoy, creo que la ficción es una herramienta. En la poesía, para mí, no hay ficción. Sí hay, digamos, el uso de recursos, metáforas. Creo que recurrimos a esos recursos para, por ahí, escribir algo que queremos transmitir. En mi caso, son temas como el tiempo, el amor, el desamor, la verdad, el lenguaje, la poesía, los límites del lenguaje. Y creo que no hay ficción en cuanto a que la escritura es cuerpo, porque estamos atravesados por experiencias y a partir de ahí escribimos. Si puedo hablar de ficción en mi obra, creo que puede ser la utilización de recursos, más que nada. Pero para mí, repito, no hay ficción en la poesía.
EUGENIA L. Una de las cosas que charlábamos y debatíamos era la idea, previo a la idea, cómo se compone, o por lo menos lo que estoy entendiendo mientras charlábamos, en cuestiones de cómo surge la novela, o cuál es la idea que surge primero. Y pensaba un poco lo inenarrable desde ese lado, que es lo que no sé, en realidad me surgió preguntarme qué no se me ha narrado antes, que yo venga a narrar como nuevo y también verlo como un desafío ante la escritura y ante lo que quiero decir, porque ya está dicho todo. Y creo que hay una insuficiencia en esta capacidad que portamos los que escribimos, que creo que sigue siendo como un motor y una aguja interna. Lo inenarrable se termina convirtiendo en algo que se nos ha dicho previamente, pero que en nuestra dimensión falta definirlo. Por eso lo construimos, por eso lo decimos, lo escribimos, y tratamos de darle una forma, un contexto que a veces suena parecido a, pero estoy segura de que cuando nosotros lo ponemos en el papel aparece por primera vez, entonces hay algo por lo visto que tenemos que seguir diciendo y que sí, que por ahí lo habíamos escuchado antes, pero se vuelve nuevo de alguna manera.
ARIEL S. Se me ocurre el hecho de que, un poco lo que decía Lacan, que lo real es algo totalmente inabordable, insulso, absolutamente inapropiado para el lenguaje humano. Tenía que meter imaginación, símbolos, palabras, la cadena metonímica era infinita. Después Borges también da una idea como que, en realidad, la insuficiencia del lenguaje en el sentido de que tenemos muchas palabras, pero no alcanzan al detalle… Si yo tuviera que listar a Borges algunas sensaciones que son muy particulares, que nos sumamos cuando acabo de sentir culpa por algo, pequeños detalles, sentimientos que son muy sutiles, muy especiales, que surgen pocas veces en la vida. Si yo tuviera que anotar palabras para ello, sería un poco la cuestión de Funes el Memorioso, de cómo puedo llenar solamente con una memoria infinita que vaya registrando, pero al mismo tiempo solamente me va a mostrar una imagen. Si yo tuviera que dar la sucesión con palabras, sería de nuevo insuficiente, no se podría realizar. Bueno, de eso, volviendo a Lacan, que es como una herida inicial que tiene la palabra, sí, surge lo que decís. Lo único que viene es insistir, insistir. Hay como una especie de obsesión que es propiamente humana con lo innombrable, creo incluso que también da origen a la idea divina de decir otras cosas, más que al arte, un poco lo de Kant, que es tan inenarrable, el dios y el alma, como lo que va a sacarnos de nosotros y tratar de alcanzarlos. Pero buscando lo todo, me gustó mucho la idea de Belén, que es verdad, la poesía carece de cierta manera de la invención de la ficción. Está bien lo que señala porque, por lo menos en lo personal, mi búsqueda narrativa quizás es tratar de inventar una historia para no tener que exponerme. La poesía es exposición, expresión.
ALFREDO G.¿Qué los motiva a explorar los límites de la realidad real y verdadera en el ejercicio de la escritura? ¿La literatura tiene la capacidad de transformar nuestra percepción del mundo?
BELEN LF: En principio Catarsis (2022) es mi única obra publicada, mi único poemario, que no lo escribí para publicarlo. En su momento no pensé por qué estaba escribiendo, sino, en mi caso, era una necesidad, era como que mi cuerpo, mi mente, mi alma, estaban muy interesados en escribir. Era una necesidad y lo escribí por eso y por eso se titula Catarsis. Y bueno, y los temas, yo creo que los temas que me abordaban también tenían que ver con la escritura, digamos. No tengo una respuesta exacta, si la literatura tiene la capacidad de transformar nuestra percepción del mundo. Podría decirte que por un lado sí, que por otro lado no, que todo depende también de quién lo lea, de cómo lo lea, en qué circunstancias lo lea. Yo creo que podría, la literatura podría hacernos comprender, digamos, la realidad desde otra voz, leyendo a otra, a lo que sea que leamos, digamos, nos hace reflexionar y pensar un poco sobre otro modo de ver el mundo, otro modo de razonar a partir de la literatura.
EUGENIA L. Lo que por ahí noto que más me motiva a seguir explorando esa realidad real, verdadera, tiene que ver por ahí con la falta. Las carencias. Las carencias, o sea, y no hablo por ahí del recurso en sí, sino del sentir, de alguna manera, que hay algo que está faltando y que puedo complementarlo con un poco más, de alguna manera. Y también creo que ahí puedo insertar lo que yo hago, entonces es más fácil motivarme desde ese lado. Si bien en el mundo justamente de lo literario muchos factores pueden ser motivos de hacernos… Claro, es un terreno susceptible a que uno se entusiasme o se sienta como oprimido y querer escribir de eso, pero a mí la falta es algo que me motiva muchísimo. Y no sé si la literatura cambia la realidad. Yo creo que lo único, lo primero que recuerdo de mí misma es leer. Y mi realidad, y ahí empiezan las preguntas de ¿y ha sido siempre esta la realidad? Pero creo que la literatura me ha permitido conectarme, poder decir qué veo de esta realidad. Más allá de escribirla, más allá de poder decir lo que yo pienso de mi realidad, me ha permitido, como vos decías, comprenderla, leerla. Por eso creo que es una de las partes fundamentales.
ARIEL S. Hay algo ahí que es muy interesante que tiene la literatura, que a la vez es muy loco, que lo transforma y lo agrega al sentido que tienen las cosas, que las toca la literatura y ya las transforma, le agrega un sentido que es muy loco, digo, porque el resultado es algo muy extraño. Por ejemplo, con la cucaracha Kafka, que ya después de ver el escarabajo, la cucaracha, uno tiene algo. Lo ve a Kafka, Kafka está en una cucaracha, matamos una cucaracha, lo matamos a Kafka. O sea, hay una transformación que surge en el objeto, una transfiguración de su sentido que a lo vez se agrega. Pero también hablábamos del Mosquito de Nieva, ¿te acordás? Un autor ahora que está en la vanguardia, que desarrolla también ficción especulativa, y uno de sus personajes es el Niño Dengue, que es nada menos que un mosquito de tamaño humano que, bueno, está transcurriendo su niñez, va a la escuela. Un mutante. En términos mutantes sería lo que nosotros conocemos. O sea que ahí después es una arena, una que es más que un mutante dentro de la novela. Pero lo que hoy es que después, al finalizar la lectura, en ese mismo momento en el que estaba, esto es nuevo, estaba constantemente en los medios, en la realidad ahora, constantemente en la realidad, la cuestión del dengue, del brote del dengue, de la epidemia grave que estaba atravesando el país, uno no podía dejar de ver eso que le molestaba, que le había agregado, como estoy diciendo, la lectura. Nos podíamos ver de la misma manera en el mosquito. Pero tengo una idea que es vieja en la tradición, y es verdad, cuando la literatura, cuando una obra abraza un objeto en su trama y la obra tiene determinada calidad, hay una transfiguración sobre ese objeto que ese objeto ya en la cultura no es tomado de igual hasta que el sentido se debilite de la obra, hay un cambio que ha generado en el sentido de ese objeto. Se tiende a decir esto, lo hace de modo muy particular con determinadas cosas. Esperando a Godot, que uno ya tiene que esperar a alguien y pensar que Godot lo está esperando.
ALFREDO G. ¿Qué retos se enfrentan al intentar transmitir a través de la literatura aquello que parece imposible de narrar?
BELEN LF: En mi caso, la escritura y la poesía, muchos retos a nivel escritural, un montón. Pero más que nada, en mi caso particular, me gusta utilizar palabras breves y cómo hacer para transmitir. Obviamente que la interpretación de lo que uno escribe no es lo que yo, el lector no va a interpretar quizás lo que yo quise transmitir, pero por ahí cómo hacer para llegar al hueso, para impactar con la mayor brevedad posible. Eso por ahí, en mi caso, en cuanto a la escritura y cómo eso que no puedo narrar, o eso que está dentro mío, de lo que quiero escapar, o de lo que quiero deshacerme a través de las palabras, cómo plasmarlo, cómo lograr hacerlo de esa manera breve.
EUGENIA L. Yo creo que me encuentro con el mismo reto que me encuentro siendo lectora por ahí. Que me pasa que pienso en mi visión y que estoy entre… Cuando pensé en la estructura del libro, dije yo, esto no va a ser para mí, va a terminar siendo para la mirada del otre que lo va a edificar o no. Creo que cuando el reto es para con uno mismo, pensar cuál es el reto para el otro es mucho más difícil. Porque yo me encuentro con, dentro del libro a veces, con retos para conmigo misma. Y es porque muchas veces no es que no comprendo hasta dónde llegué con la escritura, sino que me refleja algo tan profundo que a veces es difícil por ahí volver a presentármelo a mí misma. Entonces ahí empieza el reto, cómo lo presento a uno a otro si no lo tengo tan claro yo misma. Y también por el producto que somos como seres humanos en una sociedad en donde el resultado pesa. Es garante de, y encima forma parte a veces de una norma. Entonces estás medio, cuando pensás en que esto forma parte de algo más grande que vos, tus sentimientos y tus interpretaciones, entran en juego cosas que escapan a tu imaginario. Creo que son retos, yo me los planteo cuando escojo un libro para leer. Lo primero que pienso es cómo me va a llegar para con mi escritura, creo que hago un poco lo mismo.
ARIEL S. Nosotros estamos trabajando en la edición de una novela, mi nueva novela, Cuarentena. Yo tuve el ejercicio de narrar algo que estaba ocurriendo en el presente, un acontecimiento que estaba ocurriendo. Y ahí sí hay una deliberación como una especie de desafío, porque yo no era ingenuo con la cuestión, que es totalmente, en la literatura, para mí es imposible que la literatura aborde un acontecimiento en curso. O sea, no, hay algo que no se tiene que escribir, el acontecimiento en curso en realidad. Pero Adorno lo decía de un modo más serio, planteaba que no se puede abordar la verdad del presente y con palabras que son del presente. ¿Qué pasa? Las palabras que son del presente es el dispositivo de la literatura, no hay otro dispositivo más refinado con palabras del presente. Pero bueno, es justamente el dispositivo de la literatura el que carga con esa condena, de no poder abocarse a lo que está ocurriendo como acontecimiento en el momento. Bueno, de esa imposibilidad es hija de mi novela actual. O sea, yo quería meterme en la imposibilidad. No sé cómo me fue, pero les quiero contar que me intentaste, sometí a la cuestión de que la literatura no puede hablar del presente cuando está ocurriendo el hecho. Y claro, bueno, ahí te parece todo innombrable, absolutamente todo. Lo que vos quieras pergeñar parece que es el mismo acontecimiento, lo vas como decodificando. Para uno al momento de construir esa ficción es como que no queda nada seguro, digamos. Lo único que puede aferrar es de los mismos recursos que tiene la literatura, digamos. De las mismas artimañas que encargándose de cualquier otro tema la literatura te brinda. Cuando uno encara un acontecimiento directo, de esto la literatura tropical está hecha, está construida la literatura tropical abordando acontecimientos en curso. Alfredo no es ningún ingenuo tampoco con eso. Por eso yo creo que Cuarentena, un poco para dar el chivo, es lo más cercano que hice a algo que está sucediendo simultáneamente. Y dentro de lo que ya indicaba en esa exploración, la misma literatura tropical. Yo venía viendo cómo se hacían esas cosas. Y un poco el ejercicio regional de eso, no sé si de alguna manera nos marca o nos determina, pero hay ahí un ejercicio, un esfuerzo político de querer vencer esa imposibilidad. O un atrevimiento que no creo que no sea político, ¿no? Me parece.
ALFREDO G. ¿Creen que el público lector o el lector está preparado para cuestionar las nociones convencionales de la realidad a través de sus obras?
BELEN LF:En realidad no sé. No sé cómo determinarlo, pero… En el caso de la poesía creo que, no sé si cuestionarse la realidad convencional, pero sí cuestionarse algunos aspectos como sobre el lenguaje, sobre que el lenguaje tiene límites, sobre la poesía. Yo creo que los lectores van a poder reflexionar, no sé si cuestionar, con mi obra, reflexionar acerca de algunos temas. Quizás en la narrativa se pueda ver más eso, o me parece a mí.
EUGENIA L. No sé si es de alguna manera funcional dividir pesos, pero sí creo que, por lo menos mi objetivo como escritora, es que mi obra sea un territorio en donde se pueda discutir más, donde se pueda entrar en debate. La crítica sirve para generar nuevos contenidos. También creo que decir no, no busco eso, sería quitarle poder a mi obra y considero que hoy en día se siguen construyendo realidades a través de la escritura, porque como lo dije anteriormente, estamos necesitando nuevas herramientas, así que bienvenidas a esas críticas.
ARIEL S. Sí, a mí se me viene La guerra de los gimnasios de Aira, una literatura que todo el tiempo te está confundiendo, si el tipo se sentó, si escuchó ruido, imaginó, si estaba pensando, en realidad el que estaba al lado de la habló. Yo creo que la literatura busca constantemente eso. Si estuviera todo, la realidad que haría clara para nosotros no sería necesaria la ficción. El acto de ficcionar creo que da parte de la cuestión del problema, de la pregunta que es real. No habría ficción sin la pregunta. Pero sí es cierto que hay autores que buscan esto. Yo digo Aira porque Aira deliberadamente lo busca, y por eso con un fin hasta humorístico, en el sentido de confundirte deliberadamente, para reírse del lector, no sé qué decirte. Pero me parece que es lo que hizo Eugenio. Uno como escritor espera que genere un espacio donde sí se pueda cuestionar, no solo la realidad, sino algunas ideas, ciertas percepciones, o llevar algunos agregados de ese lugar que no lo haya visto antes, haya percibido con anterioridad. Una de las mayores pretensiones de los escritores, si no la única, es que la obra sirva para eso. Pero distingo de los que la buscan. Hay ciertos maestros que se dedican a eso. A nosotros creo que nos queda la esperanza, por lo menos me parece bien.



