No lloramos, estamos contentos. Las lágrimas, en todo caso, si alguna se nos pianta, son de felicidad. Porque está pasando todo lo que dijimos que iba a pasar. La vimos. La única verdad es la literatura peronista de anticipación; lo demás, dogmas y sanata. Son tan capaces y probos, tan fantásticamente superiores en lo moral y en lo estético, que siquiera pueden repartir leche en polvo. Una app puede medicarte ahora el clona para sosegar tanto estrés autoficcionado. Al retaceo de medicamentos para pacientes oncológicos, la eliminación del mecanismo para garantizarles el suministro de luz a electrodependientes. La tan anhelada suba de tarifas y la necesaria destrucción del Estado.
¡Cuánto más garpemos y más nos caguemos de hambre, más felices y libres seremos!
Tenemos a la mejor ministra de Decapitar Humanos de la historia, tenemos al presidente Terminator que llegó desde el futuro apocalíptico socialista. Tenemos a la hermana Rasputina. Tenemos a la terraplanista Lemoine. Tenemos al Messi de las Finanzas. Tenemos al vampicheto Santiago Caputo. Tenemos al cráneo de la Ley Bases. Tenemos a la ministra Gatillo Feliz. Tenemos a Conan. Tenemos a las divinas Fuerzas del Cielo —que, de paso sea dicho, nos piden más sacrificios humanos. Qué puede fallar. Este país no podrá salir adelante si las externalidades del consumo siguen teniendo hambre (sin morirse).
Todo lugar común es reconfortante para delirarla. La gente puede elegir morirse de hambre, o hacer otra cosa (¿salir a afanar?). El hambre y el desempleo de hecho son ejemplos motivacionales por antonomasia, razón por la cual la metafísica libertaria, en términos del filósofo Cypher (el Judas de Matrix, que mira el pedazo de carne semicocido, y dice: “Sabés, sé que esta carne no existe. Sé que cuando la pongo en mi boca, Matrix le dice a mi cerebro que está jugosa y deliciosa”, luego lo introduce al buche, saborea, traga, y exclama: “Bendita ignorancia”), los libertará de la esclavitud mental a la que fuimos sometidos desde que la Matrix kuka devoró la realidad real verdadera.
¡Cómo no nos dimos cuenta antes!
¡Cuánto tiempo hemos perdido!
¡Qué sonsos fuimos!
Ahora ya tenemos horizonte. Debe ser ese hermoso amanecer (¿o atardecer?) que el Presidente Ndrangheta vaticinó allá por 2016. Quién pudiera. Cuánta nostalgia. Cuánto círculo virtuoso. El crupier Toto (ministro de Hacienda) fue a matar canallas con su cañón del futuro, en la apertura del Latam Economic Forum, disparó a los empresarios: “Pongan la guita —entrelíneas—. No los vamos a defraudar. Lo peor ya pasó”.
Ciertamente, ahora sí podemos verla: la luz al final del túnel. Sigue lejos todavía, pero está allí. Mientras tanto, es necesario entretenerse. Por eso un escuadrón libertario conformado por tinchos judíos de entre 19 y 21 años salieron en abril pasado con un rifle de aire comprimido a disparar a personas en situación de calle desde la ventanilla de un automóvil de alta gama al cual previamente le quitaron la patente. La yuta los metió presos, pero un abogado de la DAIA ya se ocupó de devolverlos a sus mansiones junto a sus mamitas y papitos y mantener sus ilustres apellidos en el anonimato. Esto nos trae el grato recuerdo de aquellas grandes mentes libertarias que anticiparon la gesta allá por 2008, cuando salían en una 4×4 para propinar “cintarazos a tapes”, que se desplazaban en bicicletas, mientras se ríen de sus víctimas, filmaban y colgaban todo en redes.
El Terminator (de James Cameron, 1984) que llega desde el futuro próximo 2029 lo hace porque lo envían las máquinas, para evitar el nacimiento de John Connor, hijo de Sarah —que aún no nació, pero está por nacer. En la trama real, el exterminador, un T-800 de tecnología de avanzada desconocida en los años 80, tiene un único objetivo, que es exterminar a la madre de Connor y evitar así el nacimiento de quien liderará la resistencia humana contra las máquinas.
En la trama de Javo, pongámoslo así: The President llega del futuro, es un Terminator robot libertario sin sentimientos. Tiene que matar a la comunista Sarah Connor —mujer, síntesis de la Casta, of course—, para evitar así el nacimiento de John Connor, el loquito que liderará la resistencia del resurgimiento del ¿nuevo? mundo socialista, contra el dominio planetario de los liberto-machine. ¿Esto es real? Sí, ciertamente. El sufragante medio argentino parece empecinado en insistir, cada cierta cantidad de años, en construir un magnum delirium, más capaz por su temor al peronismo cyberpunk que, incluso, por encima de su propio progreso individual y colectivo.
Para que haya un Estado, tal y como ¿lo conocen?, es necesario un territorio definido, una población, un gobierno con poder político que controle el territorio y mantenga las relaciones internacionales con otros Estados, una organización basada en la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), un Estado de derecho, un orden normativo, una identidad, una historia, sus culturas… Dadas las circunstancias, no podríamos imaginar cómo un mamífero subterráneo, de visión limitada, podría destruir el Estado. Inexorablemente, tarde o temprano, se encontrará preso de su paradoja kafkiana, en la madriguera o ante las puertas de la Ley.
Nadie escapa de las Fuerzas del Embudo de la Historia Argentina, que, como todxs sabemos, fue construida sobre arenas movedizas y vaquitas que mugen espejismos, y escrita además por los que no sangran con la sangre de los que sangran. El futuro distópico no es inminente, ya estamos adentro. Oh sí. Oh sí. Los terminators-machine prevalecerán, vendrán otros psicóticos-máquina del futuro, como el que eligieron en esta última reedición de Sísifo autoinfligido.
No pierdan el tiempo, hagan lo que tengan que hacer. Lo que tengan que destruir, destrúyanlo. Vienen haciéndolo bastante bien, aunque ahora parecen empantanados en su propio barro. No será asunto nuestro si llegan o no llegan a evitar el nacimiento de Connor —sean quien sea, sea lo que sea, Connor para los libertarios-máquina—; el tipo, como sabemos, de todas maneras, llegará del futuro. Como el invierno, que está llegando, por lo cual deben recordar que, si están en sus casas en remera y en patas, es porque están consumiendo energía de más. Lo mismo si lavan la ropa durante el día, deben hacerlo después de la medianoche. Y nunca olviden que comer tierra tiene sus beneficios. Que la próxima boleta de luz, los ilumine. Mientras tanto, a tirarse pedos.


