¿Por qué leer un libro como Mary Elizabeth Superstar? 

Guido Moussa

Mary Elizabeth Winstead es hermosa. Como esta novelita de Alfredo Germignani. Siempre dije que Alfredo escribe muy bien. Lo dije, incluso, mientras estuvimos distanciados. Pude quejarme de muchas cosas, con y sin razón, pero que Alfredo escribe muy bien nunca estuvo en duda. 

Claro que quien escribe Mary Elizabeth no es Alfredo sino Funes. Fernando Funes se vale de la persona pública Alfredo Germignani, escritor y periodista fracasado para desembrozar un asunto de la mayor importancia: LA verdad. De la mayor importancia y a la vez tan fútil como todo lo demás. Y cuando digo todo lo demás quiero decir: todo. Todo es inútil, abandonen toda esperanza.

¿Por qué leer un libro como Mary Elizabeth Superstar

(i) En primer lugar porque su aspecto es lindo. Está bien diseñado y evidentemente la fotografía de portada no deja lugar a dudas sobre la belleza cautivante de Mary Elizabeth. Yo también estoy enamorado en la vida real de ella. Me gustó mucho en La Cosa, cuando ni siquiera sabía quién era ni que era famosa. Es decir que es un amor genuino. Y terminé de engancharme con ella en All about Nina, cinta que recién a la mitad asociè con la chica de La Cosa. Me gusta su estilo entre casual y power. No sabría cómo explicarlo. En Death Proof, ese experimento de Tarantino (que hoy, por cierto, luce mucho mejor que en su momento y puede que esto se deba a posteriores producciones de Quentin que por no ser tan buenas pero estar mucho mejor mercadeadas nos permitieron poner en valor sus primeras películas; en realidad creo que Quentin no es tan buen director como dicen, aunque sì, entregò cintas importantes como Reservoir Dogs y por supuesto, Pulp Fiction y Jackie Brown), en Death Proof, decía, Mary Elizabeth es una bomba. La digresión me parece importante e inevitable porque aunque no me quiera adelantar debo decir que es un libro escrito por un cinéfilo y sin embargo no es un libro sobre cine. Pero sí es un libro que disfrutarán mucho quienes gusten del cine.

Fotos: Laura Aguirre

(ii) En segundo lugar, continuando con razones para comprar y leer este libro que estoy presentando, debo destacar que no es un libro grueso, tipo ladrillo. Hoy por hoy a esta altura de mi vida eso es muy importante. La portabilidad suma un montón. 

Sé que no está bien visto reparar en estas cuestiones al presentar un libro: su portada, su diseño y su grosor. Pero a mì me interesan estos aspectos y la verdad es que bien o mal vistos por Academia y Cànon, estos detalles verificables a simple vista son algo que todes deberíamos tener en cuenta y probablemente todes lo hagamos aunque no todes estèn dispuestes a reconocerlo.

Con respecto al grosor de los libros quiero decir que recientemente tomè conocimiento de que el Sr. Abel Pintos habrìa manifestado su intención de alejarse de la música para dedicarse a la lectura de libracos tipo La Guerra y La Paz de Tolstoi. Me pareció un dato singular y a contramano de lo que estoy proponiendo. Según el señor Pintos leer libracos va de la mano con otro timming de lectura. Mis últimos dos intentos fueron: La Broma Infinitade Foster Wallace y Solenoide de Cartarescu.

Con La Broma no pasè de las 200 pàginas. Y con Solenoide lleguè a 150. No descarto volver a intentarlo con ambos (me parecieron muy buenos) y claramente tener esos mazacotes en la biblioteca le dan prestigio a uno, pero Mary Elizabeth me enganchò de entrada y no fuè necesario sufrir ni hacer un plano o mapita de personajes y sucesos para seguirle el hilo, lo que està relacionado directamente con el tercer motivo por el que creo que es un libro que yo recomendarìa comprar y leer.

Ademàs, rinde tributo a la Broma de Foster Wallace cuando Funes arremete con su listado (p.33) de candidatas en gatera a reemplazar a Mary Elizabeth en el improbable supuesto de que ésta de un paso en falso que amerite quitarla del primer lugar de la lista que ocupa desplazando a Scarlett Johansson.

(iii) En tercer lugar, está muy bien escrito. Uno se engancha de entrada. Debo confesar que tanto Mary Elizabeth como Donde duermen los gorilas, la colección de cuentos de Alfredo Germignani –ese sì un libro escrito por el real y verdadero Alfredo  Germignani, no como este de Mary Elizabeth que es en realidad Fernando Funes- son dos textos donde el singular estilo de Alfredo Funes funciona muy bien, con potente naturalidad. Él mismo tal vez no lo sepa.

Tengo a bien para mí que cuando un libro está bien escrito me produce, casi de inmediato, ganas de escribir. Ese es mi mejor síntoma de que estoy ante un buen texto. 

De paso: déjenme decirles que eso de que no es posible saber si un texto es bueno o no y toda esa mierda posmodernista de la verdad relativa no es más que, justamente como lo acabo de decir, un montón de mierda. Hay libros que son decididamente buenos textos y libros que no, que son una porquería. Lo diga yo o no lo diga yo. Lo diga quien lo diga. Si están bien escritos tampoco importa mucho quièn los haya escrito, la persona. Ni tampoco què digan o què dicen. Por supuesto que si se adscribe a la cultura de la cancelación siempre estarà la opción de leer, pero no leer no anula per se un libro bien escrito. Esto es otra digresión pero me parece importante y quería aprovechar la oportunidad para decirlo.

Cuando leí durante el 2021 Mary Elizabeth me dieron ganas de inmediato de replicar el formato escribiendo mi propio Mary Elizabeth. En ese momento estaba infatuado con Lana del Rey. Recuerdo que Lana había sacado, si me permiten decirlo asì (en un contexto sesudo como este, la presentación de un libro, no se si està bien o no decir que Lana del Rey había “sacado” un video clip, pero asì hablamos de modo que ustedes me entenderán), Lana había sacado, decía, un video clip donde hacìa surf imaginario y se paseaba por el mar y la playa bajo la aurora boreal sòlo que en California o Los Àngeles, no lo sè, debería profundizar la investigación, con unos shorcitos de jean que me hicieron dudar realmente sobre el puesto número uno que yo, al igual que el Agente Funes, le había otorgado a Mary Elizabeth en mi lista de Imposibles. Lo que estaba diciendo es que me gustó tanto Mary Elizabeth de Fernando Funes en el papel del escritor resistenciano y chaqueño Alfredo Germignani que me puse a escribir mi propio Mary Elizabeth, que en este caso se llamaría “Carta a la Señorita Lana del Rey”.

Allì llegè a garrapatear lo siguiente: Lo que siento por usted Lana, señorita Lana del Rey, no se lo puedo poner del todo bien en palabras. Usted me gusta toda Lana. Es realmente una mujer hermosa. Y se nota que es buena persona. 

Dèjeme decirle que me ha traìdo problemas con el autor de Diario de un Fanàtico de Scarlett Johanson, pues me ha acusado públicamente de plagiar su idea. Claro, como que nadie puede en lo sucesivo escribirle una carta a su media naranja pretendiendo con ello hacer literatura. ¡Por el amor de Dios! Quiero explicarle algunas cosas sobre este puntual.

Y ahí quedó trunco el proyecto porque estalló el escándalo de la fiesta de cumpleaños clandestina que se mandó en plena cuarentena el papanatas de Alverso en la Quinta de Olivos y ahí nomás al toque me puse a garrapatear otra novelita ramplona sobre el tema de siempre entre nosotres: a la larga y a la no tan larga, todo da lo mismo. Lo dice claramente Funes en la tercera parte de MES cuando disculpándose con Mary reconoce que pasaron cosas y no quiere aburrirla p.72.

Me distraigo fácil. 

Para que un libro nos proporcione una buena experiencia de lectura es necesario, y quiero que me disculpen si estoy siendo procaz o vulgar, incluso obsceno en términos de lo que se espera en una presentación de un libro, pero para que un libro nos proporcione buenas sensaciones durante su lectura es necesario, casi que imprescindible –al menos para mì-, sentir que uno está de acuerdo con lo que lee. Que lo que lee le pone a lo que uno piensa o pensó o cree bien podría pensar palabras que uno mismo no ha sido capaz hasta ahora de ponerle. Porque leer es como actuar: uno/una cuando lee o lee bien, con el cuerpo, o uno hacebien muy bien de sì mismo leyendo y en ese caso lee mal y cuando se lee mal da lo mismo lo que se estè leyendo como dan lo mismo todas las películas de Tom Sizemore donde Tom Sizemore hace de Tom Sizemore o Val Kilmer hace de Jim Morrison o Michael Madsen de Michael Madsen.

Y yo sentí de inmediato que estaba de acuerdo con lo que leía en Mary Elizabeth. Y creo que a ustedes les va a pasar lo mismo si lo leen porque es imposible no estar de acuerdo con lo que dice Funes so pena de incurrir en un grave error conceptual. Darìn, por ejemplo, es vapuleado por Funes en la página 12 y, honestamente, quièn podría defender seriamente a Darìn habiendo entre nosotres un Sbaraglia o incluso me animo a decir un Franchella. Y entre las mujeres una Norma Aleandro (nuestra Ava Gardner) o una Natalia Oreiro (que cada vez me gusta màs). Pero no quiero polemizar. No me interesan las polémicas, especialmente las que no conducen a nada pues es de toda evidencia que el público seguirà endiosando a gigantes con pies de barro y tal vez no estè mal que asì sea.

Funes tiene razón cuando dice que o se actúa bien o se actúa mal.  Y punto. Esta es una gran verdad en la vida me animaría a decir. O se actúa bien o se actúa mal. Hay muchas personas, tal vez demasiadas, tal vez la mayoría, tal vez tantas como para decir que establecen una regla con la que contrastar excepciones, hay muchas personas que actúan de sì mismas y del personaje que se creyeron y por ende, actúan mal. Y hay otras que, poniendo el cuerpo y la cabeza, actúan bien. Piénsenlo seriamente.

No puedo no mencionar algo sobre Ramona Flowers. Beck es uno de mis músicos favoritos y “Ramona” una de sus mejores canciones y creo que ello se debe a Mary Elizabeth Winstead, que lo inspiró.

Quiero felicitar públicamente a Ewan Mc Gregor por haber dejado a su esposa de toda la vida para dejarse llevar por el amor surgido entre èl y Mary Elizabeth. Ya tuvieron un hijo según tengo entendido. A Mary, como a la China Suárez, la acusaron de rompe hogares, acusación cuya falsedad (en el caso de la querida Mary Elizabeth) queda de manifiesto por este nuevo vástago, el quinto del Señor Mc Gregor, que viene a permitir la conformación de una familia en sentido tradicional.

Me parece increíble que un tipo apellidado como una fragancia pestilente y penetrante se haya quedado con semejante deidad. Un poco me da esperanzas. 

Desde que Aira es el Borges de nuestra generación las disgresiones están más que permitidas totalmente aceptadas e incluso conceptuadas como merecedoras de aplausos, como muestras de una inteligencia superior (que yo creo no es tal cosa), de modo que también a modo de disgresiòn quiero decir que si a mi me hubiera dado pelota Mary Elizabeth –como se la diò a Mc Gregor- yo también habrìa dejado a “mi mujer de toda la vida” porque Mary Elizabeth es una buena persona y ¡cuàntos dramas y problemas y gastos me habrìa evitado! Incluso creo que habrìa sido feliz como Tom Cruise en esa película berreta pero adorable titulada Cockteil con una jovencísima Elizabeth Shue y esa gran canción de los tardìos Beach Boys (sin Brian Wilson) titulada Kokomo. Asì que felicito al señor Mc Gregor nuevamente, esta vez por miserable solidaridad conmigo mismo. 

Si Kurt Cobain hubiera sido un poco màs solidario consigo mismo, no se habrìa volado la tapa de los sesos de un escopetazo. Una pena porque quièn sabe de què canciones nos perdimos.

De todo esto y muchas cosas más da cuenta la novelita Mary Elizabeth Superstar. Es difícil saber mientras se avanza en la lectura qué es realidad y qué ficción. Como todo transcurre aquí, entre nosotres, en el caluroso y trágico Chaco postergado de siempre, es muy probable que todo sea demasiado real. Yo lo conozco a Funes y me consta que se toma muy seriamente el trabajo de rankear actrices, cantantes, bandas.

Puede que todo sea real. Y que no sea tan monstruosa la realidad sino que lo monstruoso sean nuestros prejuicios sobre lo que es correcto y lo que ha dejado de serlo. Sobre lo que se puede y lo que no se puede escribir y sobre el còmo se puede escribir y como no se puede escribir sobre lo que se supone se puede escribir. Por eso me gusta como escribe Alfredo, porque escribe de un modo despreocupado, que es como se debe escribir para que la literatura exprese lo que debe expresar y sea lo que debe ser aunque no triunfe, aunque sea un fracaso, aunque no merezca media carilla de papers científicos, aunque no venda miles de ejemplares, aunque no llegue a las bateas de Yenny. Aunque sea sòlo un grupito de loquites en un barsucho en el centro de una ciudad trágica y desesperante como lo es Resistencia. Tambièn decadente y depravada.

En relación a esto quiero decir que nada es correcto, como ya lo insinué abiertamente antes en este mismo texto, y que lo políticamente correcto es una trampa. Sé que puede sonar contradictorio respecto de mi diatriba previa contra el relativismo posmodernista, pero no lo es porque justamente lo que estoy diciendo, aunque no lo parezca, es lo contrario. 

Por último, hay muchas cosas que son lo que suele decirse “una lástima”.

Asì por ejemplo: es una lástima que Mary Elizabeth haya sido escrita y montada durante nuestro distanciamiento con Alfredo, porque es un libro tan lindo que me hubiera gustado firmarlo. Sería un libro del que estaría orgulloso, porque está lleno de vida y belleza. Va de frente y es sensual. Aunque pensándolo bien, es probable, como claramente surge de este texto, que yo lo hubiera arruinado. Un poco porque no soy tan buen escritor ni lector como lo es Alfred y otro poco porque carezco de la erudición cinéfila de la que goza Funes.

También es una lástima que pese a los hashtags de Instagram Mary Elizabeth no se contacte con nosotres para aunque sea demostrar interés o preocupación por lo que pudiera ser el contenido de este libro y el uso de su imagen. Por mucho menos los de Disney te hacen alto juicio. Serìa fantástico que Mary Elizabeth se ofenda y nos permita explicarle que no, que es puro amor. Todo terminarìa con una película filmada en Resistencia, con guiòn de Alfredo y participación del Instituto de Cultura mediante un convenio que yo mismo me encargarìa de supervisar, como asesor letrado, que se ajuste a la normativa vigente. Serìa un gran triunfo para todos y todas. Reservaríamos y pagaríamos con dinero del Estado la mejor habitación del Covadonga para Mary Elizabeth.

Y digo que sería fantástico que Mary Elizabeth se contacte con nosotres (y no “con Alfred”) porque Alfredo es mi amigo y ahora es Guido el que habla, no Litter. Y digo nosotres porque el éxito de Alfredo es mío propio, me da esa alegría de la cosa propia. O incluso más, porque honestamente me alegra más. Como si fuera mi propio éxito pero mejor. Por eso este libro, bien escrito, hermosamente diseñado, poderoso y singular, este librito que me habría gustado haber escrito yo, es una gran oportunidad para reencontrarnos públicamente en el mismo lugar donde dimos nuestra última actuación en conjunto antes de distanciarnos.

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