De literatura y espectros

Por Literatura Tropical

La literatura existe en tanto esfuerzo por decir lo que el lenguaje corriente no pude decir. Razón por la cual sólo es posible hablar de lo que hace la literatura haciendo literatura. Es más, la literatura puede constituirse solamente a partir de esta diferencia. La literatura enuncia solo lo que ella puede enunciar. Por eso, cuando alguien diga que se dijo todo sobre un texto, probablemente no se haya dicho nada, porque la definición misma de literatura implica no poder hablar de ella. 

Pues bien, los seis cuentos que componen Buenos noches Paula son un buen ejemplo del entramado de símbolos que puede desplegar una narrativa de espectros. Y digo de espectros porque ciertamente la realidad, en este libro de Matías Ávalos, está regida por leyes que desconocemos.

El escritor Luis Argañarás habló de “laberintos donde las puertas de salida son también las puertas de entrada”. Para Nidia Piñeiro, Buenas noches Paula bien podría ser una mostración de “lo cotidiano como algo normalizado que se va yendo, imperceptiblemente, a la mierda.  Lo que te resultaba familiar y tranquilizador se va poniendo viscoso, oscuro, inquietante, insospechado, infinito. Explota de verosimilitud, pero con los detalles que reconocemos arma un mundo patas arriba o paralelo o multiplicado en tiempos y espacios”. 

Y es que asistimos a una ruptura del orden cotidiano, ¿quién percibe los acontecimientos debe optar por una ilusión de los sentidos? Es decir, la posibilidad de vacilar, entre la realidad y la ficción, crea el efecto de suspensión, el efecto de lo extraño.

Y no asevero, digo, que Buenas noches Paula sea una narrativa estrictamente de género, porque de hecho no lo es. Porque todo este libro es justamente movimiento entre equilibrios, capaz semejantes, pero jamás idénticos.

Veamos.

En “Grabación hallada en el banco de una plaza” vemos en apariencia un hecho circunstancial, doméstico, como puede ser la caída de una niña de un árbol, en cuyas ramas casi pierde la pierna. Los cambios de narrador, no sólo en este cuento sino en casi todos, operan como una manera de describir la profunda extrañeza que causan las supuestas cotidianidades que absorben a sus personajes en una especie de tenebroso sopor.

“Convivencia” es capaz el texto más visual y dramático. ¿Qué o quién es esa criatura que una pareja mantiene encerrada en una habitación? Como una piedra de fuego surcando el espacio, la aparente dimensión de un terror que inminentemente caerá es desesperante.

El cuento que da título al libro “Buenos noches Paula” abriga no una nostalgia romántica, (aunque quizá lo parezca, como dice la teoría del iceberg o de la omisión), sino una nostalgia oscura, mórbida, de esas pasiones que revisitan los recuerdos sólo para habitar sus sombras y contemplarlas. Paula podría ser eso, una sombra, un espectro, podría ser esa literatura que no puede hablar por sí misma para no dejar de ser: literatura. 

En “Revancha” los usos de múltiples voces narrativas ya son parte del universo, de su forma de abrir sus puertas, que, ya dijimos, son entradas pero también son salidas. Así, el heterónimo de Matías, un escritor fracasado (o no tanto, o no tanto), interpela una ciudad que le duele en las manos apenas la toca, su relato se vuelve una película que lo tiene como personaje de sus desdichas.

“Volver” es cuento de odios y celos y despertares. En la narrativa de Matías nada es entregado fácilmente. Ni siquiera lo aparente. El desahogo contenido en este punto es inquietante, pues la infancia muerta aparece como un resplandor incandescente en la memoria retorcida de sus ocupantes, acaecidos por una vida doméstica que aparece real verdadera pero no es tal, no es tal. Saberse en el filo de un cuchillo a cuyos lados la realidad y la ficción son como mares.  

“Viaje” procede de igual modo, como liberando un gas venenoso que invade la atmósfera produciendo una sensación de rareza y escozor ante los intersticios que abren sus personajes para que podamos asomarnos apenas a sus tragedias, lo suficiente para exponer las secretas calamidades íntimas de una familia tropical.

Finalmente “Paula, buenas noches” podría también ser el otro lado de un mismo vinillo, de una misma música. Ella, Paula, siempre está ahí, siempre hermosa y trágica, tal vez no sea una persona real verdadera, tal vez. Y, aunque esta mirada solo pueda funcionar para mí (ya que ustedes lectores tendrán su lectura suya propia particular), podemos saber ciertamente que es ella, sí, real y verdadera misma Paula, que habla por su lengua y sólo puede ser explicada por su lengua.

Así, entrar al universo de Buenas noches Paula resulta un ejercicio literario ajeno a la estructura de goce canónica de contar una historia. Es más bien un adentrarse a sí mismo las voces, los narradores, los personajes. Y es un adentrarse no explícito, no total, no arbitrario. Es un adentrarse sigiloso, fragmentario y de nostalgias negras que sacuden. Así lo describe el autor: “Como un perro que viene y muerde las palabras y en realidad las palabras tienen dientes y vos eras el perro sin sitios donde morder”.      

    

Fotos: Macedonio Bar.

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