La asombrosa historia de la cucaracha parlante

Siempre la misma pesadilla. Un niño jugando con bloques de colores, sentado en el patio trasero de su casa. Una cucaracha gorda y repulsiva, del tamaño de una sartén, emerge por el agujero del desagüe y avanza hacia el niño dejando atrás una segregación negra y viscosa. El terror lo deja perplejo. Cierra los ojos. Cuando los vuelve abrir, está subiendo por la clavícula del niño, paseando las antenas por su cervical. Deja una capa de barniz sangrada de burbujitas blancas humeantes mientras está devorando trozos de su cabeza, y empieza a borrarse.        

Tal vez lo único que diferenciaba a Cock Roach del resto de los humanos es que él, justamente, era un insecto. Un blatodeo doméstico, más precisamente, uno común y corriente que puede encontrarse en la cocina o en los botes de basura o en cualquier country de Pilar. Pero en cualquier caso, jamás una cucaracha simple y ordinaria, no señor. Cock Roach fue la primera cucaracha doméstica en tener nombre y ser declarado «Ciudadano Ilustre».

Recién nombrado por el gobierno perpetuo de Gran Mono como responsable de la Secretaria Exterior de Buen Ambiente, Cock Roach se desplazaba por los pasillos de Casa de Gobierno como un ministro más. Era un verdadero espectáculo verlo tan comprometido con su flamante cargo. Dialogaba intensamente con otros funcionarios, defendiendo con tenacidad el presupuesto para su área, incluso frente a la convicción del gobernador Mono de achicar el estado hasta convertirlo en un punto negro inhallable en el organigrama de la historia provincial.

Cock Roach se hizo famoso cuando habló por primera vez en público. El episodio había tenido lugar tres años atrás. Naturalmente, se conocían historias de otras cucarachas que habían aprendido el arte de las palabras e interactuaban como los humanos, mediante el uso del habla, el garrote y antropofagia. Pero Cock Roach fue la primera del género que hizo público su condición de insecto pensante. Aparecía en los canales de televisión prestando su testimonio sobre cualquier cosa que le preguntaran, él siempre tenía una opinión formada.

Se dio a conocer al mundo contando su extraordinaria y emotiva historia de vida, en su primer artículo firmado bajo el nombre de Cock Roach para el periódico La Voz de la Verdad. En aquel texto, muy apuntalado por la Asociación Internacional de Entomólogos, Cock Roach neutralizó la polémica sobre las acusaciones que pesaban en su contra por formar parte de la cúpula directiva del temerario Cartel de los Clones, una red de anarco-activistas dedicada al contrabando de inteligencia artificial, al dejar en claro que su especie pertenece a la Periplaneta americana, y que se sentía “como uno más del montón”

—Erróneamente se cree que nuestros antepasados insectiles habitaron la América grande, en efecto, sí, la del Norte. Pero lo correcto es decir que somos originarios de África, de donde los evolucionistas opinan que vienen los primeros Homo sapiens tal y como los conocemos, y los primeros Blattodea sapiens, tal como hoy me conocen —declaró Cock Roach ante la Honorable Suprema Corte de Justicia de las Corporaciones Unidas del Sur, cuando otorgó por unanimidad su identidad ciudadana y recibió su nacionalidad argentina y su número de documento identitario.

No fue fácil para Cock Roach encaramarse entre los humanos prodigios. Pero gracias a su (en aquel entonces) primera esposa, la consagrada modelo, actriz y bailarina Thamir Table, de temperamento aguerrido y convicción liberal, logró desembrollarse mentalmente de su condición de inferioridad.

—Él siempre temía que sus días terminaran bajo la suela de un zapato —recordó su (hoy) viuda Thamir Table, quien siempre solía exhibir a Cock Roach sobre su hombro derecho.

De todas sus conquistas, Thamir fue su gran amor, ya que fue la primera mujer, la primera persona, a la que él se dirigió mediante el uso del habla, declarándole su amor con una breve epístola que él mismo —ignorando aun que se convertiría en una leyenda de la cultura popular— había escrito mentalmente, y que echa luz no sólo sobre su talento como un escritor sino también sobre sus días en la Oscuridad, su origen marginal y la polémica con las drogas.

Desafortunadamente el original transcrito por la propia Thamir, en un trozo de hoja de resma, de su archifamosa epístola “Amada Mía”, se extravió. En el mercado negro de las epístolas dictadas por blatodeos a humanos cotizó la sorprendente cifra de 74 mil dólares. Los servicios secretos del actual gobierno Mono señalaron que el trozo de resma podría encontrarse en el reconglomerado territorio de Checoslovaquia. Habría pasado a formar parte de la colección privada de un eminente biólogo checheno, quien colaboró con National Geographic para el guión de un documental de estreno próximo basado en la vida de Cock Roach.

Amada Mía: Debajo de la cama, a la luz pálida apenas asoman mis antenas articuladas filiformes para contemplar el dramatismo de tu belleza conceptual. Miles de órganos sensoriales y sustancias químicas rememoran tus piernas fibrosas hasta tu vientre ahuecado, tus pechos erizados hasta tu boca de mañana fresca, cual mortaja de mi existencia ovalada y aplanada, mi destino es implacable. Pero, no quiero preocuparte, amada, la adversidad de mis días sin sol no arrancará mis patitas espinosas ni mis tarsos pentámeros de tu cálido abrazo. No impedirá que la convicción de mi amor omnívoro, prevalezca por encima de la rencorosa suela del zapato humano. Siempre tuyo, Cock Roach.

Expertos lingüistas en epístolas coincidieron en señalar que “es tan pretenciosa como melosa y febril, indigna tanto como empalaga”. Sin embargo, reflexiona profundamente sobre “la fotofobia natural de su especie, su ambición voraz de éxito y su amor psicótico por Thamir Table”. Pocos meses después de declararle su incondicionalidad, Thamir convenció a Cock de revelar su verdadera identidad, ya que, siendo ella misma una celebridad, la prensa de espectáculos reclamaba saber quién era su actual pareja.

Cuando se presentó en sociedad, nadie estaba seguro si efectivamente lo que veían con sus propios ojos era real verdadero.

—Es un blatodeo muy especial, su nombre es Cock Roach —manifestó Thamir Table, a quien se notaba especialmente radiante y vital, frente a cientos de periodistas de todo el mundo que registraban el histórico momento, con la cucaracha posando encima del hombro de una famosa actriz argentina—, pregúntenle lo que quieran…

Versados biólogos especializados en cucarachas parlantes fueron enviados a territorio de Subtrópico Profundo por la Asociación Internacional de Entomólogos, que, tras un período de convivencia de tres meses y medio junto a Cock Roach y Thamir Table, publicaron una serie de artículos donde confirmaron el sí: “La cucaracha puede hablar”, tituló La Voz de la Verdad en el zoom digital de noticias sorprendentes actualizadas minuto a minuto. El propio gobernador Gran Mono visitó el domicilio de Thamir, saludó en persona a Cock Roach y los invitó a tomar mates y comer bizcochitos en el Salón de los Gobernadores Monos.

Roach se sometió a tediosos experimentos científicos y exámenes psicológicos. Todos los estudios se realizaron en el chalet de Thamir, ubicado a orillas del Río Negro, y —si bien no representaron ningún riesgo para su salud— provocaron un desgaste emocional y espiritual en Cock, que no dudó en buscar refugio en los brazos de su amada Thamir Table, quien también resistió las presiones políticas y culturales, en torno a su relación amorosa con el blatodeo.

—Mis padres dejaron de hablarme —recordó Thamir para la televisión rusa—. Mis amigas no querían juntarse conmigo. Empezaron a burlarse de mí. Me decían cosas como “Salmonela” o “Ahí va… la Novia de la Cucaracha”… —Sus lágrimas rodaban sobre sus mejillas coloradas, todavía rebosante del esplendor de sus épocas doradas sobre las tablas, se llevaba la mano a la frente, se descompensaba emocionalmente, asentía, al recordar a Cock—. Los primeros años fueron dramáticamente difíciles para nosotros, señor periodista. Pero él nunca se dejó estar, salió a dar la cara, a hablar con los medios, a dar respuestas a la sociedad. El «Caso de la Cucaracha Parlante» abrió los ojos de millones de personas con respecto a los prejuicios que teníamos con las cucarachas.

En su famoso discurso inaugural “Las cucarachas sí podemos”, del 10 de diciembre del año correspondiente, se ganó la admiración del pueblo argentino y de todas las cucarachas que vivían en territorio nacional:

—Señores jefes de los Estados Corporativos del Sur, representantes de delegaciones extranjeras, invitados especiales, autoridades de la Corte, señores gobernadores monos, miembros del Congreso reunidos en Asamblea; especialmente, queridas cucarachas: hoy se está cumpliendo un sueño, termina una época sin violencias y esto, que parecía tan difícil, se hizo realidad. Por eso, hoy más que nunca, les tengo que decir que tenemos que ser optimistas respecto de nuestra esperanza y de nuestro futuro.

El propio Virrey, a cargo de la presidencia de la Corporación Argentina, invitó a Cock Roach y Thamir Table a una cena de gala en Casa Rosada, donde fueron agasajados por los ceocrátas de turno, aplaudidos por celebridades e influencers, adulados por las estrellas de Hollywood. Todos querían tener su foto junto a Cock Roach. Todos querían estar con “la cucaracha que habla”, conversar sobre política, deportes, artes, sexo, ética y buenas costumbres, llevarse una selfie de Cock Roach en el hombro y subirla a la Red de Nubes.

Al año siguiente, filmó su primera película La invasión de las cucarachas mutantes, que coprotagonizó junto a Thamir. Ese mismo año, participaron en Saturday Night Live, e interpretaron una conmovedora versión de «Me engañaste, me mentiste» del dúo Pimpinela, que les valió un Premio Grammy al Mejor Cover Latino No-Humano. También ese mismo año, asesoró en aspectos determinantes al director Guillermo del Toro, en la película Mimic¸ basada en el cuento homónimo de escritor norteamericano de ciencia ficción Donald A. Wollheim, donde aparece una cucaracha mutante.

Tiempo después, hubo polémica. Roach reclamó su tajada por los derechos de autoría de la novela y de la película, en una entrevista recientemente brindada a la Convención Internacional de Escritores de Ciencia Ficción, denunció que la historia inspirada en el blatodeo mutante gigante pertenece a sus antepasados, que tenía pruebas —que “serían presentadas a la Justicia oportunamente”— de que la historia en sí misma fue contada de manera oral al propio Wollheim, dada la imposibilidad de escribir para cualquier insecto, por uno de sus antepasados directos, quizá del género Blatta orientalis, precisó.

Un año después regresaron al país. La relación amorosa con Thamir Table se había desgastado debido a las numerosas infidelidades de Cock Roach con prostitutas neoyorquinas. Además Thamir quería radicarse en Bariloche, descansar, tomar una ducha caliente, beber vodka, y Cock en cambio hablaba de regresar a Subtrópico Profundo y dedicarse a escribir una novela autobiográfica. Habían embolsado sumas millonarias con patrocinadores, apariciones públicas, conferencias magistrales e impuestos y retribuciones por merchandising y uso indebido e inapropiado de su marca registrada.

Gran Mono lo recibió con todos los honores. Inauguraron una escultura con su nombre inmortalizado en una placa de bronce empotrada bajo el busto estilizado en granito puro por el célebre y polémico escultor Godofredo Epifanio, y emplazado en las escalinatas de Casa de Gobierno. El propio Cock Roach realizó el corte de cinta simbólico, asistido por el gobernador Mono y la alcaldesa Mona y el plenipotenciario enviado por las Corporaciones Unidas del Sur. En ese mismo acto, recibió la llave de la city y fue declarado «Ciudadano Ilustre».

Volvió a escribir para La Voz de la Verdad. Pactó con el CEO del influyente diario un cuantioso conchabo mensual, siempre y cuando contara “historias polémicas”, le exigió el jefe del clan de la familia Ferro, Mauricio.

—Le habían dicho que querían que contaran cuestiones íntimas… de él y de Thamir, de las prostitutas neoyorquinas, de la gira mundial y el asunto con las drogas  —recordó con nostalgia el editor en jefe de La Voz de la Verdad, Arnoldo Céspedes—. Era gente macanuda, no tenía necesidad de venir a la redacción, pero venía. Los martes y los jueves. Llegaba temprano a la mañana, usaba un paragüitas para protegerse de la luz, bebía café con leche, le gustaban los vigilantes con abundante crema pastelera. Después hacía dos o tres chistes boludos, y se ponía a laburar frente a la computadora, arriba del teclado se paraba, y empezaba a dictar a su secretaria virtual. Instalamos un programita en la computadora que usaba, para que no tenga necesidad de andar pidiendo a nadie que lo asista para tal o cual cosa. Técnicamente, Cock Roach era un crack, la rompía, pero no tenía manos, era una cucaracha.

Inició así su autobiografía, al principio fueron artículos reflexivos, anotaciones vagas, lista de nombres y experiencias turísticas, números de estrellas de hoteles, suvenires de viaje, se hacía preguntas del tipo: ¿Tengo que hablar sobre mí en primera o en tercera persona? ¿El estilo debe ser neutral? ¿Todo lo que hacemos o callamos es político por acción u omisión? ¿Vale la pena morir por la verdad? ¿Quién desapareció a Hoffa? ¿Por qué no podemos ser Corea del Medio?

“Quién se cree que es? ¿Platón? No, es un nadie. NA-DI-E. Una simple y ordinaria cucaracha”, protestó indignado Rochi Dalmon, célebre periodista de espectáculos y columnista estrella de La Voz de la Verdad, quien por pedido especial de Ferro ante los pasquines filosóficos de Roach que “producía lectores deseantes”, salió a cruzarlo públicamente. Roach respondió que él siempre dijo lo mismo, que se sentía “uno más del montón”. Dalmon, en otra columna, lo acusó de “fantoche” y de “colaboracionista del servicio secreto ruso, en contra de los intereses del Virreynato Mitrista de las Corporaciones Unidas del Sur”. En una entrevista televisiva, Dalmon fue más lejos y achacó que Roach llevaba una doble vida licenciosa e indecente, que en Manhattan se acostaba con prostitutas menores de edad y que en su visita a Nepal hizo uso indebido del hachís”.

La prensa amarilla comenzó a acosarlo otra vez. Exigían detalles morbosos de su vida privada y de su sexualidad. Publicaron titulares del tipo: «¿CRISIS DE PAREJA ENTRE LA ACTRIZ Y LA CUCARACHA?» Thamir Table y Cock Roach volvieron a quedar en el vórtice de la tormenta tras las acusaciones divulgadas por el depredador de espectáculos, Rochi Dalmon, quien precisó los ilícitos que la explosiva pareja habría cometido durante la gira internacional que tuvo a Cock como protagonista único por el ser el primer insecto parlante. También fueron denunciados por evasión fiscal y lavado de activos. Thamir ya habría abandonado el country donde vivían a orillas del Río Negro».

Cock Roach denunció una persecución política en su contra. Procuró sin éxito comunicarse con Ferro aunque pudo transmitir sus inquietudes a Céspedes, el editor en jefe de La Voz.

Querido Arnoldo: Estoy sumamente preocupado y henchido de zozobra ante las absurdas e injustas denuncias de que soy víctima por parte del señor depredador Rochi Damon. Por todos los medios, intenté comunicarme con Mauricio Ferro pero no me atiende o no quiere recibirme. Thamir todavía me guarda rencor por mis exageradas aventuras con las prostitutas neoyorquinas, lo sé. Pero no cometí ningún delito. ¿Estamos en crisis? Sí, claro. Pero lo estamos conversando, lo estamos solucionando. Ella no abandonó el country. Todo es mentira. Estoy tan triste, tan desesperado. Atentamente, Cock Roach.

El correo de e-mail enviado a su editor en jefe tuvo como resultado un llamado telefónico del gobernador Gran Mono.

—Señor Roach, estoy al corriente de su situación y quiero que sepa que voy a ayudarlo. Personalmente mediaré ante Ferro. Sepa también que desde el Gobierno apoyamos a los blatodeos que… bueno… por decirlo de algún modo… salen del clóset… y empiezan a hablar propositivamente y a contar las historias insectiles que tanto nos conmueven a los argentinos, como usted lo hizo. Nosotros estamos orgullosos de haberlo nombrado Ciudadano Ilustre de Subtrópico Profundo y creemos que es un ejemplo para nuestros educandos.

Las gestiones del gobernador Mono fueron auspiciosas. Rochi Dalmon dejó de amedrentarlo y la prensa internacional abandonó la guardia que mantenía en las inmediaciones de su country del Río Negro. Thamir cedió y volvió a darle una nueva oportunidad e incluso hablaron de tener un hijo, de mudarse a Colonia Benítez. Cock Roach denunció ante las autoridades correspondientes la invasión de drones en territorio aéreo de su propiedad privada. Gran Mono asignó un escuadrón motorizado de la Policía Penitente. Más de una docena de drones fueron destrozados a plomazos. El propio Cock Roach, asistido por un exosqueleto robótico creado por los japoneses que lo hacía lucir casi humano, soltaba una jauría de media docena de dogos argentinos y salía a meter tiros a cualquiera que osara pisar su propiedad privada.

Nadie lo objetaba. A esas alturas se había convertido en una celebridad influencer y elegía con quién sí y con quién no, si tenía ganas o si no tenía ganas, de esto o lo otro o aquello otro. Cuando extrañamente brindaba reportajes, evaluaba el impacto de sus declaraciones, a quienes beneficiaría, a quienes no, qué intereses tocaría, cuáles no. Thamir siempre lo acompañaba a todos lados, era su «guía espiritual», su asesora en todas las cosas, y la única persona que podía hacerlo cambiar de parecer cuando tenía una decisión resuelta en torno a cualquier tema sobre cualquier cosa, sólo ella podía ejercer una opinión contraria que —en todo caso— lo hiciera modificar de rumbo. Roach había fraguado un temperamento rasposo y cabrío, no aguantaba —más de lo que fuera estrictamente necesario— la presencia de humanos ni de cucarachas de su especie ni de otras especies de cucarachas e insectos ni de animales ni de inteligencia artificial ni de clones ni de nada, todo sobaba soberanamente sus pelotas. Las cosas que quería hacer las hacía porque las quería hacer, y punto. Quién lo iba a cuestionar, después de todo lo que había pasado para llegar a ser quien era.

Es cierto que hubo cucarachas de su propia especie Blattodea sapiens que lo cuestionaron severamente por el uso del exosqueleto robótico experimental que los japoneses desarrollaron especialmente para él, que lo humanizaba, decían. Ya no es más cucaracha, decían. Ya no es más.

— ¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta! —gritaba, siempre por triplicado, Cock Roach, cuando, accidentalmente, encendía la televisión y en el canal de las noticias aparecía un fulano de tal que lo había conocido, un mengano de tal que había tenido tal o cual experiencia con él, un zultano que lo había conocido en Yukón o en la isla de Borneo o en los Balcanes—. ¡Nunca estuve en Yukón! ¡Ni en Borneo! ¡Ni en los Balcanes! ¡Son unos hijos de puta!

Thamir lo consolaba asiduamente, se lo veía cabizbajo, ensimismado en sus pensamientos, ya no salía del exosqueleto. Se encerraba en su alcoba a leer, a escribir. Su psiquiatra le dijo que su biografía era fácilmente explicable, porque su inconsciente estaba estructurado como un lenguaje, donde regían la metáfora y la metonimia, igual que los humanos. Entristeció.

—Es mejor consumirse, que irse apagando lentamente —escribió en su diario, poco antes del trágico desenlace.

A la semana siguiente viajó a Roma. Cock Roach reservó la habitación 541 en el hotel de cinco estrellas Excelsior, compró por Internet media docena de ranas Phyllobates terribilis, unos pendientes de diamantes de tres quilates para Thamir, siete cajas de cubitos de azúcar, además de otras cosas, seguidamente le dio cien dólares a un botones para que le consiguiera una receta trucha de Rohypnol, un tranquilizante que ayudaba a contrarrestar los efectos del Síndrome de Sthendal que —sabía sólo él— padecía.

Cuando Thamir volvió de un paseo por plaza Novona, pidió una botella de champán. Roach no probó ni un solo trago. Thamir volvió a salir del hotel por unos cigarrillos. Pudo haber enviado al botones, pero quería pasear, estaba contenta pues finalmente había convencido a Roach de tomar merecidas vacaciones y dejar Subtrópico salvaje atrás.

—Él era polígamo y yo no tanto. Nunca le fui infiel. Hubo una vez que estuve a punto de serlo. No ocurrió, pero cuando se enteró se sintió terriblemente traicionado —reveló Thamir a La Voz de la Verdad, enrejando las manos para cubrir el sollozo, después de desayunarse que Cock Roach había contratado una docena de prostitutas romanas vip para “celebrar” con una orgía final su muerte ineluctable, pues el ciclo de su vida estaba llegando a su fin—. ¡Qué pelotuda fui! —Sacó un cigarrillo, lo encendió y le dio nerviosas chupadas, se sonrió y lanzó el llanto como un vómito, gritó y pataleó. Le dio más chupadas al cigarrillo, miró al cielo, volvió a sonreírse, contuvo la rabia. Después me miró (nunca voy a olvidar su mirada), y dijo:

— ¿Sabías que una cucaracha puede vivir sin cabeza?

El final es ya conocido. Thamir volvió al hotel. Encontró a las prostitutas devorándose la cabeza del exosqueleto a dentelladas.

Las prostitutas eran en realidad clones humanoides, exosqueletos robóticos —desarrollados por científicos rusos y japoneses—, igual a un humano promedio —del promedio norteamericano— pero en realidad de humanos no tenían nada. Una agrupación de terroristas anarquistas de cucarachas pensantes autodenominada L&L (Larva & Libertad) usurpó los prototipos y sin que los rusos ni los japoneses ni los yanquis ni lo argentinos se dieran por aludidos, organizó una revolución a escala global contra la raza humana y —obviamente— contra todos los blatodeos parlantes de su misma especie que habían traicionado a su misma especie pensante presentándose como un humano más, usando aquellos blasfemos prototipos humanoides para cucarachas que habían traicionado a su patria insectil, cuando en realidad de humano no tenía nada y era tan sólo una cucaracha común y ordinaria, y entonces lo convirtieron en un primer blanco perfecto. Ya que Cock Roach no solamente era una cucaracha común y ordinaria sino la única cucaracha común y ordinaria que podía hablar y lo hizo.

¿Cock Roach complotaba contra la raza humana? ¿Cock Roach fue extorsionado por una agrupación anarquista autodenominada Larva & Libertad para complotar contra la raza humana? ¿Amenazaron a Thamir? ¿Thamir fue cómplice o víctima? ¿Qué sabía el gobierno de Mono? ¿Una facción del servicio secreto de las Corporaciones Unidas del Sur libró los prototipos humanoides a las raleas del mercado negro de androides? ¿Por qué habló Cock Roach? ¿Por qué estaba tan deprimido? ¿Fue amenazada por el Cartel de Clones? ¿Llevaba una doble vida licenciosa? ¿Qué pasó en verdad? ¿Qué dijo exactamente en sus diarios? ¿Desde hace cuánto tiempo las cucarachas pueden hablar? ¿Las cucarachas pueden hablar? ¿Cuánto tiempo puede una cucaracha vivir sin cabeza? ¿En serio pasó todo esto?

Jamás se encontró el cadáver de Cock Roach. La habitación voló por los aires. No encontraron pedazos ni extremidades de Thamir Table. Usaron las prostitutas androides vip para subir las bombas hasta la habitación 541 del hotel Excelsior, aprovechándose de su adicción a las prostitutas y de su evidente alienación literaria de distorsión de la realidad, consumaron el ataque. Antes del siniestro, el Cartel de Clones organizó la transmisión en directo y en simultáneo a la Red de Nubes: todo el maldito planeta vio cómo las prostitutas se comían a mordiscos la cabeza del androide que Cock Roach usaba para parecer humano. Extrañamente, a la explosión sobrevivió su diario, el cual compré a un proveedor anónimo en una subasta clandestina en Checoslovaquia, me costó una fortuna pero finalmente cuando conocí la historia de mi padre y de mi madre las pesadillas se acabaron.

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