Introducción a la literatura fantástica

Estábamos en casa con Lau y les niñes. Llovía a baldazos, otra vez. Un nuevo apocalípsis tropical, como cada año durante los vaporosos estíos de Subtrópico Profundo, azotaba a la ciudad. Estábamos principalmente vigilando que alacranes, ratas y cucarachas no salieron rebosando de alguna alcantarilla. En eso Ema (7)  pide un sándwich, ya que previamente yo me había hecho uno, cortando al medio el pan felipe, untando mayonesa y finalmente tres frescas fetas de queso y tres sagradas de mortadela. Me vio comiendo y también quiso. Obviamente, le dije que no. Me preparé un fernet. En ese momento caían brutos chorros de agua del techo en el codo del pasillo que da a los dormitorios. Le encajamos una palangana y sanseacabó. Pese a la reticencia de mi familia, logré que nos amucharamos en la la biblioteca, donde hace poco había fabricado una nueva guitarra de una sola cuerda, y había que probarla y hacer ruido. Laura hizo con su cámara capturas dramáticas de la tormenta y de los momentos vividos. Renzo (1) bailaba mientras yo golpeaba la guitarra con un serruchito sin dientes. Dante (4) luchaba con el Malvado Hechicero Amarillo en el comedor, lanzando puñetazos al aire. Ema se puso a mirar videítos de Lyna Vallejos. Después hicimos los sándwich y salimos a mirar por la ventana cómo se inundaba la ciudad, y vimos un fantasma y nos acordamos de Todorov.

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