La literatura es el cuerpo

Por Alfredo Germignani

 

  1. Tiene que romperte la cabeza, reventarte, molerte a palos, someterte. Sobre todo en la cama. Ciertamente: hay literaturas que no cogen bien, no pueden, no saben o —siendo muy generosos— puede también que no gustes, no siempre los escritores son buenos lectores en la cama. Si el libro te está buscando a vos, o vos al libro, eso ya no importa, de esas cosas hablan los jipis, no sé si me explico. De todas maneras: lo que te digan sobre literatura ya no importa, eso se acabó, se terminó. Si es la indicada o no es la indicada, la conexión astral y cósmica del libro con el lector, ciertamente es carcaza para mentes perturbadas y adictas al consumo y la especulación espiritual del espectáculo. Lo primero que tienen que saber los lectores es que el escritor puede llegar a odiarlos tanto como a su propio peor enemigo íntimo. La literatura no sirve para nada. La literatura denominada “tropical” tampoco. Ninguna literatura en general sirve para algo. No cumple una función. Ni siquiera cumple una función. Quiero decir que no cumple ninguna función. ¿Quedó claro? Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Somos lo que somos. No nos disfrazamos de lo que no somos. La literatura no sirve para nada. Ése sería el perfecto título para el perfecto libro de los perfectos estúpidos lectores.

 

  1. A ver, cómo te explico. No es lo mismo acá que allá. No es lo mismo Capital que Provincia, parece una estupidez que lo diga, que tenga que estar explicándome. No hay un Borges que sea igual a otro Borges, ninguno de los Borges fue igual a su real yo y verdadero. No es lo mismo el Perón de Page que el Perón de Tomás Eloy. No es lo mismo el Perón del 45 que todos los otros Perones. No es lo mismo merca que mercurio que fafafa. No es lo mismo poner la cara que poner la jeta. No soy [yo] el mismo yo que mi yo de ayer o el de hoy o el de pasado mañana —ninguno de ellos será mi yo, que es único propio mío e indómito verdadero. Hoy soy otro yo y mañana seré otro; hablo del lenguaje: cuál será el último de mis yoes, me pregunto, no siempre habré sido así, yo mismo real y verdadero. No sé si me explico. A mí me parece una estupidez tener que estar explicándolo: yo soy el lenguaje.

                                         Yo soy el salvaje.

 

  1. No vayas a trabajar, siempre que puedas: no vayas. Es más beneficioso para la imaginación del escritor mentir y falsear. Quedarse en casa un día de lluvia, rascarse las pelotas, boludear en Youtube o pajearse, es mejor que perder el tiempo en las oficinas públicas, donde abundan consumados detodólogos del régimen de Gran Mono. Los sofistas planteaban el mismo problema de la atribución de los nombres a las cosas. La estupidez es una palabra de la medida de las posibilidades de los amarilleados porteños y de los otros colores también. El porteño es un pelotudo en general y en particular. Escuchen “El Palacio de las Flores” si no. La aristocracia mitrista mezquina hasta su propia tozudez artística. En estas cosas debe pensar un escritor cuando no va a laburar.

 

  1. Hay un montón de libros que quisiera leer. Tengo un montón de libros en mi biblioteca que no voy a leer jamás. Pero me gustan que estén ahí, mirarlos todos los días, juntando polvo, al pedo. Soy incapaz de hablar de mi mismo; de expresarme bien. Soy un inválido emocional. No hay belleza en la verdad; hay una ilusión sincera, nada más. Los libros, las palabras, el lenguaje, también son simulacros.

 

  1. No muestres clemencia.

 

  1. Mano protésica cuántica-i, interfaces entre personas y computadoras. Deus ex machina: solucionar de manera antinatural un conflicto.

 

  1. La realidad, como el agua, siempre se las ingenia para superar cualquier dique. La realidad real verdadera, en cambio, como el magma, cristaliza en el interior de la tierra y solidifica; pero a veces asciende hacia la superficie la materia fundida, el lenguaje ígneo.

 

  1. Una mujer llega del futuro. En serio vengo del futuro, dice la mujer. Vino a decirnos que llegará el día que tendremos que elegir. Las cosas van a empeorar, advierte. No usen el punto Jonbar, insiste. No habrá vuelta atrás. Lo último es la carne. Lo primero que desaparecen son las palabras.

 

  1. Mientras más objetiva una noticia pretenda mostrarse, más mercancía será.

 

  1. Los medios de comunicación son corporaciones neurálgicas, pulsaciones luminosas arboreciendo entre los sesos. Gobiernan disparando titulares, fabricando realidades vacuas e insustanciales. La gente es como una supra-entidad de sociedades, tapizadas bajo su decadencia consumista y etiquetadora. No pueden venir los pelafustanes yanquis a proclamar lo que tenemos o no tenemos que hacer. ¿Es natural para los yanquis andar oliendo el culo de todes? ¿Por qué a los yanquis les gusta tanto el olor a caca? Nadie está realmente seguro, nadie está a salvo, ni los insectos, ni la cadavérica jeta de Nelson Castro, ni los moscardones zumbando en rededor del señor Magneto. Los desprecio. Cada vez que los veo me siento físicamente enfermo. No es el Congreso, ni la Justicia, ni las calles donde morirán los invertebrados garcas, son los porteños.

 

  1. Menem se inyectaba veneno de abejas, me dijo el remisero.

 

  1. ¡Dios! ¿Puede alguien, supongamos por tipo un/a escritor/a, escribir Memoria sobre un sistema primitivo de vocales indoeuropeas a los veintiún años?

  1. Prefiero callar como Pirrón, & I go to sleep. Pulverizar los abrazos nómades, los jipis son verdes como la mota, pero los mediopelo con cuatro por cuatro merecen la pera medieval. Si el lenguaje finalmente está arboreciendo la forma, los pelotudos deberían ser empalados en catedrales. Dos líneas de cocaína para mantener la elegancia entrada la Tierra Media de la noche que voy a espectrar. ¿No se dan cuenta que el paisajismo sensiblero justifica la vana antropología de la autoficción? Vean si no: hoy un pelotudo conduciendo una cuatro por cuatro arrolló al perrito de mi viejita. Ni siquiera paró el o la, hija o hijo de puta. La culata blanca se retorcía en el chillido, los huesos del animalito quebrándose. No hubo posibilidad de pausa ni de caricia. Mi aorta reventó de ira, aplasté el cráneo del pelotudo en mi imaginación propia mía muy personal, obedezco al instinto primitivo de los monos. Lo mataría a golpes, lo destriparía y lo diseccionaría durante años largos y obtusos. A así es como debe obrar una/o escritor/a con sus lectores.

 

  1. Una paja latinoamericana, reivindicativa, seria y politizada. Cuando más justicia aplicamos menos verdad recuperamos, y cuanta más verdad pretendemos recuperar más suaves debemos aplicar la justicia. “En los puños de mis hijos, los papeles cerrados, bellos resbalando a gritos las luces del fracaso”. Disturbios geomagnéticos, comunidades magnetizadas, distribuidas en diversos espacios de tiempo, distritos y territorios aleatorios del lenguaje. Son salvajes, usan tatuajes, piercings y pululan en soberanos cueros y trolean en las redes sociales. La música ya no existe, se desvaneció en cacofonías perturbadoras. Se escuchan cosas como Pharmakon. Pierdo la motivación, divago. Me digo a mí mismo: soy un fracaso, igual que muchos otros fracasados más famosos que yo, que soy un fracasado cuyos fracasos nadie conoce; es decir, los verdaderos fracasos deben ser anónimos, ignotos. Ajustados a la realidad real verdadera de cada uno de nosotros, lectores.

  1. Ahora sospecho, no sin cierto parloteo en mi cabeza, que la posibilidad de mi ancianidad podría conducirme a la ruptura. Considero una señal que El arco iris de la gravedad o La broma infinita o Los Sorias junten polvo en la biblioteca mental de mamotretos de lecturas nadas más que fragmentarias. Ya ni siquiera puedo detenerme a pensar; es perentorio, la literatura es un chiste, una forma, un ruido, una sombra, un clic. El lenguaje total y específico es en realidad más profuso que sanguíneo, inevitable de calamidades semánticas. Los punkis por ejemplo son efectos distorsivos de la realidad real verdadera. No me concibo, deseo, parpadeo. Después me olvido y ni siquiera puedo interpelarme. La versión de “The passenger” de Alison Mosshart es ciertamente conmovedora al tiempo que debo acudir a la versión original para sentirme plenamente seguro de que todo estaría en su lugar, divulgándose en las pulsaciones de la noche.

 

  1. Lidiar con parásitos del Espectáculo y la idioticracia. Sus mentes son débiles, vanas de conjugación de verbos fundacionales. Podría amasar mi mundana bronca cargada de esquirlas domésticas y retorcer el pescuezo de los petulantes frente a los mancillados símbolos de la profanación. Nadie esperará por mí, ni rezará mis cantos, ni me reunirá en su sangre. Sospecho que las devastaciones intracraneanas son desmanteladas por el ficcional amor de la vida real verdadera. Pierdo la paciencia, devaneo, supuro: la manifestación radical organizándose en las soporíferas atmósferas de mi corazón.

  1. Me aflige soberanamente las pelotas la imposibilidad, ignoro si natural o empírica, de saberme completamente inútil, incompetente, antagónico, si es que pretendo hablar de mí mismo —conmigo mismo. Supongo que mis abolengos provienen de manifestaciones ubicuas y conservadoras, extremas del silencio. El habla me endurece, mi mandíbula arrastra palabras secas, empoderadas de bronca; me vuelvo cada día más despreciable. Los espectros son reales verdaderos. Es todo lo que puedo saber. Quisiera empalidecer sin deteriorar mi sintaxis. Las definiciones totales no vislumbran la tortuosa cadencia del caos ni comprenden las divisiones interiores, los lánguidos quebrantos que esperan mi confesión. Los ojos mundanos vierten ríos de magma y es completamente comprensible que los pudientes mueran calcinados. Haremos que paguen la crisis con sangre patricia angloporteña. El Centro debe ser destruido desde el interior profundo del Subtropicando. Los actos más atroces originan a veces las creaciones más perfectas.

 

  1. Mis vicios adquieren texturas ásperas pero creativas. La volatilidad de mis pajas me sobrepone a la desintegración paulatina de la vida doméstica. La fafafa de los días subsiguientes estrella mi prosa ante la imposibilidad de la lírica posmoderna. No puedo batirme en silencio cuando la versificación culmina en un polvo. La cerveza es ciertamente tropical. Podría enchufarme al Subtropicando Profundo usando mi sincero desvelo de cocainómano. Soy afortunado; la lucidez de mis días es una manifestación opúsculo del lenguaje. La acción literaria confabula el deseo, lo formatea. La belleza es el instante y el amor coagula fisuras en el tiempo. Aspirar las cordilleras blancas como si fueran consumados, arrebatados polvos. No estés tan seguro, puedo disolver gerundios y quebrar katanas de templado acero parpadeando la siesta profusa de palmeras y soles tremendos. Es más sencillo de lo que parece: sostener la incertidumbre del mañana en el sueño apócrifo de quienes subyugan y aplastan sombras terribles del pasado; lo trivial desaparece si estás bien adiestrado para el coito verbal.

 

  1. Hoy soñé con el fin del mundo. Desperté muerto, atrapado en mi cuerpo.

 

  1. Mi tristeza es invencible. Es inconmovible el silencio sórdido que en soledad me persigue, me caza. Voy desintegrándome entre oscilaciones sonoras. Solo el ruido es capaz de darme paz. No soy capaz de asistir a mis nocturnidades. No puedo correr, tampoco puedo volar. Los hombres, las personas, las cosas, ya no me conmueven. Soy una entidad ignota, minúscula e invariable pulsionando la exégesis del lenguaje. Mi amor desaparece. No siento pasión. Soy un cuerpo literario que camina las horas del lenguaje que sangro.

 

  1. Cómo escribir una novela y despedazarla en mi cuerpo. Pienso en la disciplina de los cuerpos; el control de las apariencias me sobreviene. Mi cuerpo es el diario de los días. En las fronteras, trabajar en las fronteras para extender el contagio.

 

  1. El ejercicio de la escritura no es inherente a lo distinto en lo absoluto, ni a lo diferente en el extremo último. El acto, el arrebato, no modifica la sustancialidad del otro. La crisis es un estallido de perpetuidad cosificada en la representación del Espectáculo. ¿Qué significa estar vivo hoy? ¿La vida prevalecerá? ¿Hay que tumbarse a la vida? ¿El dolor de ya no ser? ¿Es realmente importante?

 

  1. Con un puñal bien templado y afilado —que se llama El quitapenas— hundiremos el lenguaje en su vientre y lo vaciaremos de tripas.

 

  1. ¿El paisaje de la pampa es la ausencia de todo paisaje? Llegar a la literatura por causalidad. Boquitas pintadas, Gardel, vintage. Pop y clase media. Contaba cosas que no podía contar y el pueblo no lo dejó estrenar la película de sus libros; pero a Puig no le gustó la versión. “Leo a Proust con un lápiz en la mano y lo corrijo”, se jactaba: “Leo todo como si fuera un manuscrito mío. ¿Las referencias impiden la lectura de ficción? Ya no gozo más con las lecturas de ficción; es el precio de haber querido escribir, pensaba. La triple A le confiscó The Buenos Aires affaire. Manuel era una persona sana, se cuidaba muchísimo. Escribía y corregía muchísimo. La ausencia del narrador funcionaba como mediador. En Cae la noche tropical aparece su madre narrada desde su punto de vista suyo propio y particular. ¿Una novela verdadera es una novela trágica? ¿El peronismo son cositas que pasan, el corazón humano no?

 

  1. El habla popular pone en cuestión la tradición literaria, la lengua. Borges y la gauchesca. Los guapos de Borges bebían ginebra desde muy temprano. Andaban enfundados, la faca era el arma y el trabajo. Borges y la amenaza de la inmigración, en lo criollo la amenaza. “La forma de la memoria”. Freud sostiene que la memoria siempre oculta otras cosas, encubrimientos del recuerdo. Joyce es el caos, el Ulises. Memoria y barbarie. Mundo pulsional, incontrolable, aterrador, imposible de ordenar. La ética es saber lo que uno desea y llevarlo, conseguirlo, ir al fondo y enfrentar la muerte, lo bárbaro. ¿La aspiración al orden conduce a la verdad? La literatura, los territorios y la frontera. Borges no leía novelas, ficción del nombre, el guapo. La erudición es una forma de narrar. El plagio y la cita. Benjamín: el fin del aura es la contemporaneidad. Cómo se construyen los modos de lectura; los géneros, los modos de leer. La realidad es un efecto. Lo fantástico perturba el mundo real. Nuestro país está en decadencia desde la Ley Sáenz Peña. El dueño de la palabra fue Sarmiento. Hasta 1930 Borges fue irigoyenista. Después del 53 Borges ya no puede leer. La tradición nacional es un modo de usar la cultura extranjera, es un modo de leer.

 

  1. Según donde estoy en el espacio, en el territorio; leo o no de una determinada forma. Las lecturas por fuera de la tradición; no podemos leer un texto pero la idea de tradición es un contexto cerrado. Contexto que acompaña un texto y permite comprenderlo. Cómo se localiza el lugar desde el cual se conoce. Hay que procurarse una posición determinada, el cuerpo debe hacerlo remitiéndolo a su condición de producción porque los textos son infinitos igual que el contexto; siempre hay algo que se puede agregar, el texto leído en la propia interioridad pone en crisis la idea de representación.

 

  1. Guillermo William Hudson, naturalista y cuñado de Juan Manual de Rosas. Escritor del mundo y de las pampas. Escribe sobre las pampas, pero las pampas ya no existen.

 

  1. Juan Rodolfo Wilckock escribía en un italiano que los italianos leían como una lengua extranjera. Razón por la cual hay que comprar y enterrar los ejemplares que venden en Mercado Libre de La boda de Hitler y María Antonieta en el infierno. En efecto, es un llamado a la solidaridad.

 

  1. Ricardo Güiraldes fagocita el género: “Me fui como quien se desangró”, y baja el telón de la tradición gauchesca; pero sube Arlt el de la urbana: “No conozco un solo hombre feliz que lea. Nadie puede creer de buena fe que un libro contenga verdades. No, señor. No es posible. Para escribir un libro por año hay que macanear. Es el oficio. La gente recibe la mercadería y cree que es materia prima, cuando apenas se trata de una falsificación burda de otras falsificaciones, que también se inspiraron en falsificaciones”. Así empieza El derecho de matar de Raúl Barón Biza: Entre la recua humana que marcha a galope tendido hacia el matadero, yo también tengo mi marca.

 

  1. ¿Cómo debe la literatura representar la realidad política?

 

  1. Repito en voz alta: ¿Cómo debe la literatura representar la realidad política?

 

  1. Hacer carne la política, ni los simios podrían soportar. Mientras en el loto se juegan más de novecientos millones de pesos, Laura mi compañera sueña con comprar una casa. Dice que podríamos comprar una casa donde vivir cómodamente de la fortuna al tiempo que pensamos cómo gastar el resto del dinero, si lo ganáramos. Hoy trapeé los pisos, lavé los servicios y ya me cansé. Me canso muy rápido. Me agito; no sé por qué. Creo que necesito salir a caminar, practicar ejercicios. El tiempo pasa, puedo sentirlo en el cuerpo. El amor es sin embargo la única razón. El lenguaje es cicatriz antes que herida.

 

  1. Cuando se haya eliminado lo imposible, lo que queda, no importa lo improbable que sea, deber ser la verdad. La verdad es siempre posible.

 

  1. El único misterio real de la vida es que estamos gobernados por muertos.

 

  1. Soñamos incansablemente por las noches pero un complejo mecanismo de protección neurálgica nos hace olvidar todo al día siguiente. Desde la Grecia clásica hasta la contemporaneidad, Occidente, los posmos y la jovencitización remixada, filósofos y eruditos sostienen que el ser humano es racional. Yo no lo creo. Si un individuo observa y estudia a otro sin haberlo hecho antes consigo mismo, ¿cómo sabe que sus pulsaciones están bien calibradas? ¿Cómo saben que es fiable? Nada tiene constancia. Solo hay un modo de acceder a la verdad real verdadera, y es no esperar nada. Si nuestras intenciones no son puro lenguaje, podemos acabar creando monstruos.

 

  1. Bradbury dice que en la rapidez está la verdad. Cuando más pronto se suelte uno, cuanto más deprisa escriba, más sincero será: en la vacilación hay pensamiento. Con la demora surge el esfuerzo por el estilo; y se posterga el salto sobre la verdad, único estilo por el que vale la pena batirse a muerte o cazar tigres.

 

  1. La enunciación es un artilugio que paranoia el lenguaje y lo regresiona a su naturaleza onomatopéyica. Las mentes playitas carecen de imaginación y sólo atiborran mesetas conceptuales idealizadas en catervas de estúpidos garrapiñándose por una pose selfie que supuestamente los redimirá de su incompetencia. Son tan básicos que ni ganas de untarlos en manteca dan.

 

  1. Un sapo soberbio y repulsivo me dijo que estaba haciendo mal mi trabajo. Me dijo concretamente: “Muy flojo tu trabajo, che”. Por lo general a los sapos yo no me los trago, primero procuro evitarlos y si no fuera posible procuro aplastarlos debajo de la suela de mi zapato, bien pisado. Sin embargo este sapo era sobredimensionado y oblongo, sufría de obesidad mórbida y además era altanero. Obviamente: no lo pude aplastar; dado que tampoco pude evitarlo ni deshacerme de él. Tuve que tragármelo. Los sapos son criaturas sencillas, se alimentan de insectos e invertebrados. A diferencia de las ranas, tienen la piel áspera y seca. O sea, cuando te lo tragás entero es jodido, araña la garganta, cuesta digerir. Duele, física y espiritualmente. Porque, uno sabe que en este oficio hay sapos y hay sapos. Uno sabe que en este oficio se viene a poner el cuerpo. Porque si no hay cuerpo no hay literatura. Creo ciega, terca y obcecadamente que la literatura es el cuerpo. Si yo soy cuerpo, si yo pongo el cuerpo, soy literatura. Quiero decir que no importa cuánto cuerpo pongas, esto no es una carrera cien metros llano —no sé si me hago entender. A los sapos, vengas de donde vengas, los vas a tener que tragar. En este oficio es así, hasta que te cansas de tragar sapos y no importa cuán grande y horrible sean, la suela de tu zapato se volverá cada vez más y más larga y ancha y será un pisotón tan ejemplar y estricto que no importa cuán áspera y seca sea la piel del sapo que tenés que tragar, al final un sabroso guiso de tripas y lentejas decorará el piso de tu saltarina prosa hirsuta. Nadie te leerá. ¿Para quién escribís? Para nadie, no escribas para nadie. Escribe, sí, porque sí nomás. Pero nunca para nadie. No seas iluso, los sapos los vas a tener que tragar. Sea cual sea la razón por la que escribas. Esto es así, no jodas más, los sapos soberbios y repulsivos también pueden escribir aunque son limitados al copy and paste. Son criaturas sencillas los sapos. Sólo copy and paste. Copy and paste.

 

  1. No aguanto más a nadie. Estoy tan cansado que podría desencastrarme dramáticamente en mi exégesis literaria mía muy particular. La realidad real verdadera se pulveriza ante mis ojos como partículas de polvo gravitando bajo franjas transversales de luz solar. El estrés pronto dominará mi cuerpo, mi literatura desaparecerá. Mi cuerpo machacado, el ejercicio de las letras. La obcecación de los imberbes. La pantomima de los zalameros. No me interesan los chismes ni las intrigas ni la vida privada acodada encima de la peluda pansa de los rasposos y l@s comemierdas y los jodeperros que parasitan las redes sociales, no me interesa. La politiquería es insustancial, los periodistas disparan soretes de punta por titulares. No aguanto más a nadie. Sobre todo a losnadie impregnados del halo acomodado y la superación personal etiquetada. No los aguanto más. No entiendo sin embargo por qué tengo que seguir soportándolos. ¿Es por el dinero? ¿Es por ser un triste asalariado? ¿Es por ser un estúpido? Probablemente lo último. Arrojado al mundo, escupido. Salís donde salís. Venís de donde venís. Las determinaciones contextuales arbitran el destino desfigurado de quienes desafían a los dioses mundanos. Ciertamente: no es lo mismo nacer en Manhattan que enchufado al Subtropicando Profundo. La esperanza es una ilusión programada del capitalismo haragán porteñero. Ya nadie está seguro, el lenguaje, el cuerpo, las formas, por qué terminar una historia que ya fue contada para siempre. ¿Argentina está contada para siempre?

 

  1. La literatura tropical no sería literatura si no fuera un simulacro de literatura.

 

  1. Si no hay cuerpo, no hay literatura.

 

  1. El cuerpo es la literatura.

 

  1. Poner el cuerpo no es producto de la ficción. La literatura produce cuerpos, más bien: produce anticuerpos. Trabajo, oficio, escritura de los días. Lectura y relectura. Callar, esperar. Callar como Pirrón de Elis, dudar. Más que nada dudar. Dudar mucho. Exageradamente, dudar. La ficción desdoblándose en el cuerpo, la carga alucinógena del tiempo dudado. Del tiempo entrevenándose a la excusa macilenta. A la pérdida de los sinfines domésticos, no conviene convertirla en mártir. Este oficio no es para flojos. Si no hay cuerpo, no hay literatura.

 

  1. No importa lo que pienses, el lenguaje es el lenguaje. La poesía dice lo que quiere decir. Las ratas huyen. Más vale estar solo que rodeado de necios. Niégate a pensar lo contrario y no admitas que la memoria pueda cegar el pozo de la verdad.

 

  1. Estoy cansado, endeudado y estresado. La literatura no sirve para nada. Ni siquiera para ganar unos pesos demás para celebrar el cumpleaños número cinco de mi hijita. La literatura es una desgracia. No es una mierda, es una desgracia. No es lo mismo, la desgracia que la mierda. La literatura de desgracia por los menos te deja seco; la literatura de mierda no.

 

  1. No sé cómo encontrar mi realidad real verdadera. La psicóloga me dijo que lo que importa es lo que me pasa a mí. A mí me pasa el cuerpo. No siento cada parte de mí devorada, consumida por el tiempo; siento más bien que estoy siendo interpelado. No me interpelan ni me conmueven el tiempo de Cronos ni el de Aion ni el de Kairos; me interpela el lenguaje vaciándose de tiempo. En mi cuerpo el goce es sacro, no me interesa la contemporaneidad. Las habitaciones de mi mente no tienen puertas ni ventanas, pero pueden imaginar las historias que no fui. Los recuerdos no pulsionan cuando la escritura del tiempo busca imitar las formas acabadas, impenetrables, de la memoria. ¿Cuántos en mí pasan cada día? Hablo de las personas extrañas que no podré olvidar; están desparramas ahí dentro, sus ojos me miran y yo sé que mi muerte no los acobijará. La ausencia de Padre es un guijarro en mi zapato. Madre en cambio expande su presencia a veces como el fuego consumiendo el monte tupido de mi soledad echada sobre una llanura de rencores estériles, innecesarios. El pasado es voluminoso, la distancia es la soledad.

 

  1. Dice Martín Kohan en una entrevista[1]: «¿Cuánto valor producimos? Si vos publicás una novela que se vende a 200 pesos y se venden mil ejemplares en el año, estamos hablando de 200 mil pesos. Eso, a su vez, tienen que dividirse en 12 meses, ¿qué nos da? 16 mil pesos por mes. Y esto desde una mirada optimista, desde una novela a la que podemos decir que le fue bien. La pregunta es, en lo que es plausible de ser generalizado, ¿cuánto producimos? Si tengo que aportar a una caja para jubilarme como escritor tengo que sacar de mi sueldo docente. Se habla de literatura y mercado cuando, llegado el caso, el problema es que la literatura no tiene un mercado». Ergo: la literatura no sirve para nada, no sirve para sobrevivir físicamente, y para sobrevivir físicamente hay que degollar. Los valores simbólicos no se mascan.

 

  1. Leo una entrevista a Mariano Quirós[2]. De las entrevistas se obtienen perspectivas combadas como boomerangs lanzados al espacio. No sé exactamente qué pasaría con un boomerang lanzado al espacio pero lo supongo combado, desgarrando el tiempo y el espacio, en loop ralentizado y recortado cinematográficamente. Mariano reflexiona sobre uno de esos fotogramas que para mí es la obsesión: el territorio:

— Cuando yo me vine acá fue un cambio, más que nada, de ritmo pero por las distancias, no porque la ciudad sea más o menos loca que Resistencia sino que la distancia me distorsionó un poco mi propio ritmo de vida.

¿Qué impresión tenías del porteño?

—Hay muchos prejuicios con el porteño. Aprendí a comprenderlo un poco más. Confirmé algunos otros prejuicios, por supuesto.

¿Cómo cuáles?

—De la habladuría del porteño. Habla mucho y se quiere quedar con la última palabra aún así. Y también tiene una cuota de ignorancia muy grande en lo que se refiere al interior. Es como que la vida del porteño es desde Buenos Aires hacia el exterior y al interior lo observan como algo exótico. Es rarísimo pero es así, incluso, por decirlo de alguna manera vulgar, hasta el porteño más formado tiene una idea errónea para mí de lo que es el interior.

¿Hay muchos prejuicios?

— Me parece que ni siquiera se lo tiene muy en cuenta. Por ahí vos escuchás al mismo presidente, cuando va a visitar una ciudad del interior, que habla del interior como si esos no fueran argentinos. Hace poco estuvo en Misiones, tal vez fue el año pasado, pero hablaba en términos de ‘ustedes’  a los misioneros. Cuando vos como presidente tenés que hablar, sobre todo a tu compatriota, tenés que hablar como un ‘nosotros’. Entonces hay como una disfuncionalidad del porteño en su mirada hacia el interior que no sé si es comprensiva, pero yo viviendo acá trato de tolerarla, porque nosotros en el interior tampoco somos la gente más linda del mundo.

¿Por qué lo decís?

—Y… porque en el interior también hay muchas cuestiones que uno podría revisar. Hay ciudades con una tradición religiosa muy fuerte, que por ahí no sea la mejor de las tradiciones para embanderarse; tal vez por ahí los mismísimos patrones del campo, por ejemplo, no son del todo benévolos. El campo a su vez está muy destruido. Las ciudades del interior también, en algún punto, pueden llegar a ser bastantes conservadoras. Buenos Aires tiene la suerte, que también la tiene mi ciudad, Resistencia, de ser ciudades muy diversas en cuanto a su composición. Hay gente de todos lados, quiero decir. Resistencia es una ciudad nueva, entonces su población es como que es de todos lados y eso le da mayores opciones y alternativas culturales. Buenos Aires tiene esa suerte, pese a los porteños.

¿Qué te pasa con la idea de que tenés que venirte a la ciudad, en este caso Buenos Aires, para poder triunfar?

—No. Para nada, menos en literatura.

Pero vos te viniste a Buenos Aires…

—Yo me vine a Buenos Aires de aburrido que estaba. Con mi mujer hace 15 años que estábamos juntos y vivíamos en Resistencia, de pronto simplemente sentimos la necesidad de hacer un cambio, de movernos un poquito y lo que teníamos más cerca, la posibilidad más concreta de hacerlo era Buenos Aires y así fue que vinimos a pegar un cimbronazo, un poco de rock & roll, acabamos de tener un hijo así que el rock & roll está más fuerte que nunca. Pero no es ni por asomo la idea de venir a triunfar a Buenos Aires porque no creo que sea así y menos en literatura. En literatura no se triunfa. En literatura se sobrevive de manera romántica.

La determinación de vivir en y desde el centro: es política. Es el cuerpo mismo. No determina el talento del escritor las experiencias vividas en Resistencia, en Rosario, en Córdoba, en San Juan, en Mendoza, en Bariloche o en Tierra del Fuego. La literatura es todo, es cualquier cosa. No sirve para nada, no complementa ni exige y por lo tanto no posee. Destino no es lo mismo que territorio. Cuerpo y voluntad, tampoco. La poesía no puede devorar soles, pero puede vomitarlos.

 

  1. El Decapitado Recalcitrante, un académico que perdía la cabeza literalmente durante un discurso… y aun así seguía hablando[3].

 

  1. Debemos ampliar nuestro mundo literario para incorporar muchas más voces procedentes de más allá de las zonas de confort de las elitistas culturas del primer mundo. Debemos buscar con más energía para descubrir las gemas de lo que hoy siguen siendo culturas literarias desconocidas, tanto si los escritores viven en países lejanos como si lo hacen en nuestras propias comunidades. Debemos poner mucho cuidado en no resultar en exceso estrechos o conservadores en nuestra definición de lo que es la buena literatura. La próxima generación llegará con todo tipo de nuevos y en ocasiones desconcertantes modos de contar historias importantes y maravillosas. Debemos mantener la mente abierta ante ellos, en especial en lo que respecta al género y la forma, para poder apoyar y aplaudir a los mejores de ellos. En unos tiempos de divisiones peligrosamente crecientes, debemos escuchar. La buena escritura y la buena lectura derribarán barreras. Debemos incluso encontrar una nueva idea, una gran visión humanista, alrededor de la que congregarnos[4].

 

  1. «Para los clarineros ningún verbo en potencial es excesivo, ninguna fuente es necesaria, ninguna realidad por flagrante que sea carece de potencial para ser manipulada. A mediano plazo, las ciencias sociales crearán cátedra con la saga de Clarín vendiendo la crisis como algo sexy (“Vivir en monoambiente es la última moda”, “Protestar es malo para la salud”: esa clase de producciones ‘periodísticas’) y también con los titulares del Periodismo Manolito, a partir de aquel episodio de Mafalda en que el galleguito rompe el auto a cuerda de Guille y trata de convencerlo de que jugar con sus despojos es bárbaro. “Si tu hermano no aprende a valorar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas —dice Manolito a Mafalda—, va a sufrir mucho en este mundo, ¿eh?” Lo que nosotros deberíamos valorar, en este caso, serían las presuntas ventajas de que ya no exista periodismo en los medios masivos sino soma mental, alimento conceptual predigerido que nos dice qué debemos pensar aun cuando no sepamos por qué»[5].

 

  1. «Fui muy consciente de las clases cuando crecí en The Boroughs, en una familia de clase obrera de varias generaciones. Rápidamente comprendí que en la literatura la mayoría de los escritores venían de clases más acomodadas, lo que les permitía tener acceso a la educación y no trabajar. Hoy vienen de clase media. Y esa clase social escribe sobre la clase obrera sólo de dos formas distintas: o los pobres están caricaturizados y despreciados por su sentimentalismo y sus ideas de derecha, o los presentan con lástima. Esos escritores hasta llegan a ganar premios por sus buenos sentimientos, sin que sus libros hayan cambiado nada en la vida de los pobres. Pero la gente de la clase trabajadora no ve su vida así: son los protagonistas de su propia historia y sienten todo el abanico de emociones humanas. La tragedia no es privativa de reyes y reinas»[6].

 

  1. Tengo un amigo que dice a menudo: El estilo nunca es neutral, y yo insisto en darle la razón. Todo lo que hacemos o callamos es político por acción u omisión[7].

 

(2015 – 2018)

Resistencia, Chaco. 

 

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[1] Martin Kohan: “Glosa es la mejor novela política de la literatura argentina” – https://sonambula.com.ar/martin-kohan-glosa-es-la-mejor-novela-politica-de-la-literatura-argentina/

[2] Mariano Quirós: “En literatura no se triunfa, se sobrevive de manera más o menos romántica” https://www.infobae.com/cultura/2017/12/08/mariano-quiros-en-literatura-no-se-triunfa-se-sobrevive-de-manera-mas-o-menos-romantica/

[3] https://www.elcohetealaluna.com/vidas-paralelas/

[4] Del discurso de Kazuo Ishiguro, Nobel de Literatura 2017

[5] De Marcelo Figueras. https://www.elcohetealaluna.com/argentina-for-dummies/

[6] Alan Moore https://losinrocks.com/alan-moore-entrevista-jerusalem-bb77a4020b32

[7] https://www.elcohetealaluna.com/quiero-se-sepa/

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