Elefantes y perros | Lucas Brito Sánchez

Elefantes y Perros – 2015 | Lucas Brito Sánchez 🌴🌴🌴🌴🌴

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El lenguaje, si es brasa es poesía. Lucas Brito Sánchez (Hosomichi) lo sabe perfectamente. Sabe que sin bronca, sin rabia no hay futuro. Elefantes y Perros es un librito de Nulu Bonsai, colección Ataque Emocional al Sistema Capitalista, de once por catorce centímetros, 132 páginas y fotos de Pablo González. Cabe perfectamente en mis manos grandes de ex arquero fracasado. En lo personal adentro mío, creo que hay que someter a la poesía a lecturas y relecturas dramáticas, es importante que el cuerpo sopese la carga brutal del lenguaje reflejada en prisma de lira contemporánea: la vida diaria doméstica de todos los días. Como el artista Chen Tsu-chang que durante la dinastía Qing esculpió sobre el hueso de una aceituna de dieciséis por treinta y siete milímetros un barco con ocho personas a bordo cada una con acciones y gestualidades suyas propias, diferentes.  El humor pulsiona en los detalles triviales de la vida real verdadera, el trabajo, los días, las horas, la reescritura que permanece y dura en el cuerpo y en el espectáculo de la historia: En Resistencia City Tropical cuentan / las leyendas espectrales como la de los testimonios / de ex combatientes de Malvinas: / dicen que habrían mandado / a la guerra entrevistas / y no soldados. Los destinos son ineluctables como la vida doméstica o los viajes, como la fantasía de alguien que se oscurece / que quiere ser el sol. ¿Los escritores son como elefantes? ¿Son elefantes los escritores? Y los poetas, ¿qué son? ¿ Seguimos tratando de perdonarnos íntimamente porque las cosas no salen como queremos, / ni los poemas / ni los fuegos ? Podríamos, sí, aseverar con certeza: Los escritores necesitan ser amados, pero no hacen nada para merecerlo. ¿Tienen otra chance? Habitar el lenguaje: Dadme a elegir / y yo voto por mis huesosElefantes y Perros es poesía tallada en el hueso de una aceituna. El tiempo pasa, podemos experimentar las fracturas del cuerpo, del texto. El amor es sin embargo la única razón: porque el lenguaje es cicatriz antes que herida.