Hija | Nuria Fleita Zain

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RESEÑAS

Lo que leemos lo que escuchamos lo que vemos. Ensayo en plural: es la sustancia particular nuestra propia que nos hace únicos, reales y verdaderos. El universo del lenguaje es libertad y memoria, cárcel, destierro y olvido. Amor porque el trabajo es áspero; los engranajes de la vida trituran nuestros cuerpos que también son textos y simulacros. La intuición de encontrar un buen libro, un buen disco, una buena película, es nuestra propia, única, real y verdadera no simulada. Es nuestro “Tótem”: objeto personalísimo e intransferible cuyo peso sólo nosotros podemos conocer, saber por qué nos gusta o saber por qué gustándonos también lo odiamos desde nuestro profundo amor de monos, soles y palmeras. La puntualidad exacta del gesto íntimo que nos constituye y nos mutila. El vacío que da espacio a lo que está por venir.


Hija – 2015 | Nuria Fleita Zain 🌴🌴🌴🌴

Libro de Ensayo Fotográfico. Encuadernado y cocido en forma artesanal, seriado y serigrafiado.

Camino sobre una gran piedra macilenta. Pastizales electrizantes rayan mi pelaje tibiamente amarronado. Detrás, se desaguan los azules como manchas de témpera triplicándose en matices profundos, livianos, claros.

Estiro las patas, me soleo.

Viajo en coche, saco la cabeza por la ventanilla, tomo aire.

Hay un montículo de paja a la derecha y a la izquierda una fila de troncos alambrados y en el medio, ahuecándose, un caminito. No desando el caminito pero siempre me verán por ahí porque por ahí se precipitan mis sueños, entre matorrales y palmeras y entre huertas y silencios que primaveran historias. Mis figuras y mis sombras aparecen y desaparecen como parpadeos. Y entre pastizales y soles poso, estoy radiante, jadeo y sonrío. Pompones de algodón fosforecen el cielo, la claridad está despierta, los sueños son viajes hacia el interior de uno mismo y los caminantes recién despiertan o todavía no quieren o no pueden despertar.

Los pastizales me almidonan, lo amo. Podría estar cientos de años alojada en el interior de mis sueños, de mis historias (que me adolecen y me multiplican): huelo sexo, lo quiero, lo deseo. Lo deseo, sobretodo.

Atravieso las aguas cristalinas, mis patas se mojan. Me pierdo entre piedras quebradizas, olfateo la arena blanquecina, el sonido de las aguas batiéndose entre las piedras, la espuma, los mantos verdes y la invisibilidad, imprevisibilidad del futuro.

Puedo andar las veces que yo quiera, soy libre, pienso y me relamo el hocico mientras las veteadas acuarelas de azules y grises se mimetizan en la inmensidad profusa de montañas y ríos y cielo y todo lo demás que me abraza.

Ronda: amigos, extraños y fugitivos de la vida igual que yo, personas que jamás volveré a ver ni me volverán a tocar o acariciar. No volveré a escuchar sus voces, sus sonrisas, ni volveré a sentir sus olores. Todas las personas tienen olores suyos propios particulares, secretos, íntimos. Escucho sus voces, el lenguaje crepitando la vida diaria doméstica: las mañanas los mediodías las siestas las tardecitas los crepúsculos y los anocheceres montándose a la libertad, el tiempo disipándose.

Corro y palpito y corro y nado y me escurro y me echo a descansar debajo de las mesas y a veces no sé por qué me enmaraño de melancolías que pasan y permanecen durante días, semanas. Y entonces deposito mis ojos en el cielo o en algún lugar del cielo mientras un vientito me acaricia el cuello.

Sus manos también me acarician, largo rato me mima sobre su regazo. Los acompaño y percibo, me doy cuenta, que voy deshilachándome. Desasosiego y responso, presencia y ausencia y soledad que ya no estaré ni asistiré.

Retomo la piedra, el agua, los olores. Retomo el solcito, los árboles, la tierra y el descanso. Las palmeras. Me desvanezco libertándome, voy hacia el final de un caminito de polvos y ocasos. Voy hacia el final de un caminito, voy. No poblaré la ausencia ni remontaré los recuerdos pues los finales no son más que nudos, reinicios y persistencias. Nunca los olvidaré, soledad que ya no estaré ni asistiré.

Nota de la autora: “Cuando salimos a viajar llevamos con nosotros a Patis, una parte de mí sabía que iban a ser nuestros últimos años juntas. Ella tenía 14 años, yo 28. Toda su vida la vivió conmigo, la mitad de la mía la viví con ella. Este proyecto fue fotografiado durante un año y un mes: comenzó el 28 de marzo de 2014; y terminó el día que enterramos a Patis en Algarrobo, Chile, el 11 de abril de 2015. Este libro es un homenaje a su hermosa vida y a todos los espacios que llenó con su presencia“.