Historia Argentina 🔪 Mitre, Yrigoyen, las dictaduras, Menem, la Alianza, Macri

1. MITRE, YRIGOYEN, LAS DICTADURAS, MENEM, LA ALIANZA, MACRI 1 A MACRI 2

Por Ariel Sobko

fotEl artículo “Un relato para Pro: cómo construir una mística para gobernar” de Adriana Balaguer, publicado en La Nación el domingo 29 de noviembre de 2015, cuyo subtítulo es ‘Futuro, gestión, felicidad, emprendedorismo: el nuevo gobierno dibuja una identidad discursiva mientras se mira en el espejo del poderoso relato K’, esconde un formidable juego de prestidigitación. El juego consiste en identificar al macrismo como un afuera de la política, e interpretar su triunfo como la interrupción de la tradición histórica política en Argentina, para luego volver a meterlo en la historia y hacer andar todo supuestamente sin política; el fin de la historia como la continuidad de la historia sin la política. Ya lo decía mi abuela “cuando a la política se la echa por la puerta, entra por la ventana”. Pero esta no es la historia de mi abuela sino la destrucción del artículo de Adriana Balaguer que me encomendó desde el Futuro Año 2375 el escritor y periodista fracasado Fernando Funes, en vistas de alinearnos en una guerra cíclica que recién comienza.

En un estilo limpio, agradable, ausente de crítica, confortable hasta lo ingenuo, lleno de palabras técnicas cuidadosamente escogidas “think tank”, “naïve”, “second best option”, la autora del artículo transmite la sensación de que es posible cubrir con categorías políticas un relato M que, a su parecer, está fuera de la política tal como la conocemos desde sus comienzos:

Ya no hay relato, sino narrativa. En vez de celebrar ideologías, se trata ahora de vivir mejor. En lugar de política, hoy hay gestión y “solución de los problemas de la gente”. No se reivindica el pasado; se celebra el futuro.

Cita a filósofos:

“No es que PRO carezca de filosofía, es que ésta es probablemente más sobria, más directa, más moderna. Los grandes edificios intelectuales del pasado no son la única manera de pensar. Más bien parecería que en cierto sentido ellos son hoy una manera de no pensar, de repetir lugares comunes incuestionados y poco valiosos a la hora de armar una conciencia actual del estado de las cosas.”[i]

Reúne el comentario de intelectuales y especialistas:

“No hay una doctrina, no somos un partido programático. Es más, debemos ser la única fuerza política que no tiene muertos. No tenemos líderes que nos juzguen desde los cuadros o los libros. Fuimos creados en este siglo y ganamos elecciones sólo en este siglo. Por lo tanto, las categorías ideológicas del siglo XX no nos explican ni nos representan. No somos progresistas, tampoco conservadores. Somos un partido orientado a estar muy cerca de los votantes, no importan sus ideologías.”[ii]

Entonces: uno va perdiendo de vista la interpretación real del triunfo de Macri, debido a una tan estupenda como antidemocrática campaña de publicidad electoral (millones en encuestas de mercado y focus group) en lugar de propaganda política en la que hemos “comprado un Presidente”[iii].

La distinción que pretende la autora entre <relato> y <narrativa> es parte del juego de prestidigitación. Cuando dice “la omnipresencia del relato K”:

(C)onstruir una identidad discursiva, una forma propia de hablar, justificar y explicar sus políticas sin caer en la omnipresencia del relato K.

Así, identifica <relato> ideológico-político con un totalitarismo intrínseco a lo político —estrategia que sigue Magnetto— al que Adriana Balaguer opone el término <narrar> (propio de la literatura) desde fuera de la política, para volver a meterlo (a <narrar>) como terminus technicus de una filosofía política PRO. Un “relato” del PRO pondría a la Alianza Cambiemos dentro de la política, y como tal, se volvería totalitaria e ideologizante; por el contrario, al hablar de una “narrativa” del PRO, parece que se trata más bien de una descripción literaria, banal, extraña a la política y con la habilidad de llenar esa extrañeza. Escribe:

En el “relato M” no hay referencias a líderes del pasado que los definan (no los tienen), tampoco a dogmas o plataformas.

Es absurdo: sobre todo porque ya existe un “relato” PRO. Aunque la autora del artículo crea que puede descafeinar <relato> proponiendo utilizar <narrativa>, lo cierto es que ya no pensamos con estancos, filosofía, literatura, religión, etcétera: “La filosofía es una rama de la literatura fantástica” (¿o no?). En los años sesenta del siglo XX, en Francia, con los primeros efectos del linguistic turn, el pensamiento posestructuralista hablaba en todo caso del “fin de los grandes relatos” [Lyotard], entiéndase, totalitarios, generales, universales; después, que uno diga: relato o narrativa, sea particular, territorial, emancipatorio y demases semánticos, es lo mismo en filosofía política contemporánea. Y hago esta sola iluminación por no demorarme en la profanación que ejecuta con el texto de Horacio González (Kirchnerismo: una controversia cultural) o el pésimo tratamiento de distinción de las dos palabras (ella misma utiliza en el título: “relato” PRO).

Sin embargo aquélla verdad de Perogrullo de mi abuela coincide con la categoría de <<cita histórica>> de Walter Benjamin, el filósofo alemán que se suicidó acorralado por los nazis. Felizmente, porque esto nos permite refutar el pensamiento de Adriana Balaguer con mi abuela, y así entender mejor el arte de su artificio. Para Benjamin, la historia vuelve constantemente a darse cita con el pasado correspondiente de la tradición. Lo mismo ocurre en el presente con los contemporáneos, de modo que la <novedad> histórica queda reconceptualizada. Esto significa que no existe un afuera o detrás de la historia de la tradición política, sino un adentro absoluto, que está en todos lados —como la masa en las transformaciones isomórficas—; de tal suerte que si se la echa por la puerta, entra por la ventana. Lo político está en todas partes, como decía mi abuela. Viene de todos lados pero sobre todo de una “cita con el pasado de la tradición” correspondiente, que los soberanos ejecutan sin cesar. Y hay sólo dos alternativas dentro de la tradición soberana del Estado de derecho: <<decidir>> el estado de excepción [Schmitt] (“que se ha vuelto un paradigma” [Benjamin; Agamben]) o <<evitar>> el estado de excepción, y así, entiende Benjamin, salir a favor de “la tradición de los oprimidos”. Decidir o evitar el estado de excepción; esa son las dos alternativas del soberano. Bajo esta óptica puede preverse con sencillez el desenlace del macrismo.

Ahora bien. Fumo un cigarrillo porque tengo que hacer una aclaración que compromete mi hipótesis. Arribo al centro de mi destrucción. Resulta que algunos especialistas sostienen que esta categoría, la <<cita histórica>> benjaminiana, no es estrictamente una categoría histórica. Digamos, para no escribir tanto, que la categoría histórica por antonomasia es la dialéctica hegeliana que todo el mundo conoce. El problema fundamental del concepto benjaminiano estriba en que proviene de la religión, el tiempo mesiánico, en el que la historia espera al mesías, que es el patos de cualquier teología judía explotada como cávala o literatura, y hoy está de moda en filosofía política contemporánea una des-teologización semántica de sus términos técnicos[iv]. El caso es que aún estando a favor de estos especialistas, no es tan sencillo debido a que gran parte de la tradición de la filosofía política italiana (que es la mejor en el presente) como Giorgio Agamben acepta el concepto de la <<cita>> como categoría histórica. Y estos especialistas no son los ladrones que cita la autora del artículo, el fronterizo Petrella, el cansado Rozitchner o el caprichoso Pablo Avelluto. De cualquier manera esta es mi hipótesis: El macrismo ya tiene un relato en la tradición y en poco veremos cómo se cita históricamente con Mitre, Yrigoyen, las dictaduras, Menem y la Alianza, lo mismo que Balaguer cuando se cita con su lista formidable (como el lío que tienen en la cabeza) de especialistas. Macri no sale de un repollo, sino de un relato que usa el derecho en la zona en que el Estado de bienestar se debilita y arrasa con el derecho de los trabajadores postergando la tradición de los oprimidos. Macri es un soberano que “decide” el Estado de excepción e imparte tensión microfascista en la ciudadanía. Es esa la narrativa PRO. Y en la medida que las corporaciones y el plexo ciudadano microfascista colabore con la instalación paulatina o súbita (en el caso del golpe) de la estructura de bando —como se la conoce al estado de excepción— en donde nuestras vidas ciudadanas quedan atrapadas en situaciones de flexibilización de derechos, despidos, persecuciones, ajustes económicos brutales, pobreza, hambre. Hay que tener en claro que la estructura de Bando aparece en la inmanencia de lo real político en las relaciones microfísicas del poder tanto en un Call Center, la trata, los desocupados, etcétera, como en las oficinas del Estado.

Por suerte la política no se interrumpe por Macri ni por nada ni nadie, y como dice Mariana Dimópulos en el prólogo del libro sobre Kakfa de Benjamin, son sólo “las fantasías del fin de la historia, de […] este presentismo actual, que hace de todo futuro un temor y quiere nombrarse como nuevo sin demora, hacer del mundo historia inmediata y presente ilimitado al mismo tiempo, poniendo en riesgo la política. Pero una novedad absoluta, sin pasado que la defina, no lo será.[v]”

“El intelectual en democracia tiene la responsabilidad moral de ser optimista. Su trabajo es convencer a la gente que tiene la capacidad del cambio. Hay que abandonar el estado del intelectual crítico, a veces esa pose lleva a la parálisis”[vi].

Para terminar, yo también los dejo con una cita, como lo hace con Petrella en su artículo la pelotuda de Adriana Balaguer —¡Puaj!— en vistas de ayudar a los intelectuales a pensar PRO. Pero mi cita es con el gran Albert Camus, paladín arcano de este tipo de luchas: “Siempre, señores, hay una filosofía para la cobardía”.

Posdata: Saludos a mi abuela.

 

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[i] Alejandro Rozitchner, filósofo, escritor.

[ii] Pablo Avelluto, periodista, actual ministro de Cultura de la Nación.

[iii] Como explica a la perfección  Eledu Fotográfico en su cuenta de Facebook: https://www.facebook.com/eledu.fotografico/posts/863106413807341

[iv] Es preciso “liberar a la reflexión política del nudo teológico en que todavía está atenazada” [Espósito], de sus “preguntas de sacerdotes” [Coccia].

[v] La bastardilla es mía.

[vi] Iván Petrella, académico, legislador porteño por Pro e integrante de la Fundación Pensar.

cropped-colores-pop-portada-propuesta2.jpgBIBLIOGRAFÍA

Jean-François Lyotard, La condición posmoderna.

Jorge Luis Borges, Ficciones.

Walter Benjamin, Tésis sobre el concepto de historia y Sobre Kafka, textos, discusiones, apuntes.

Roberto Espósito, Diez pensamientos a cerca de la política.

Emanuele Cocia, Naturaleza es técnica, entrevista en Ñ: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/emaunuele-coccia-averroes-la-vida-sensible_0_602339772.html

Mariana Dimópulos, en el prólogo a Sobre Kafka, textos, discusiones, apuntes de W. Benjamin.

Albert Camus, Carnets, mayo de de 1935-febrero de 1942.