💸 Baila como un pelotudo

Del mito y el personalismo en el macrismo

Por Ariel Sobko

Como término técnico filosófico <<mito>> designa en filosofía política contemporánea aquello que se opone a la democracia. Por ello es que los filósofos hablan de una “potencia oscura del mito”, porque representa una amenaza siempre posible de desastre. En la actualidad, desde luego, el término está dirigido a la derecha —el nuevo uso semántico fue concebido exclusivamente para señalar el carácter doblegado a las razones del hombre de la ideología nazi— pero existen muchas maneras y hasta es muy fácil para nuestras sociedades caer en el mito. Esto es debido a que el mito no es exterior ni ajeno propiamente dicho a la democracia; conocida es la trayectoria de nazismo, modelo de la mayoría de las dictaduras latinoamericanas que se acaba —supuestamente— con el plebiscito a Pinochet de 1988. Ya sabía Platón que la estupidez del tirano podía aparecer en la democracia y que de alguna manera era su consumación: “Y bien, amigo mío, ¿cuál es la génesis de la tiranía?” —pregunta en la República—. “Es natural, pues —responde—, que la tiranía no puede echar a andar de otro gobierno que no sea el de la democracia, esto es, de la extrema libertad nace la esclavitud más plena y más atroz.”

Por otra parte, el personalismo político vehicula la idea disparatada de que un individuo puede realizar la potencia del género humano, y debe en consecuencia ser considerado <líder político>. Pero resulta que el liderazgo es una función independiente de quien lo acciona, y está demostrado filosóficamente ya desde la antigüedad que el hombre está separado de su potencia. La <persona> es el dispositivo más preponderante y fundamental en lo que lleva de historia occidente. Para el pensamiento emancipador actual, anarquista, libertario —o como se lo conozca—, la <persona> está calificada como “terrible dispositivo” [Roberto Espósito], “su dispositivo (de la cultura) más implacable” [Giogio Agamben].

Pues bien, es fácil observar que la praxis y los elementos presentes en el escaso —por no decir redondamente nulo— discurso del macrismo, revisten claramente una condición mitológica y personalista. Al no explicitar ni explicar los modus operandis de su plan o “modelo” (que no existe) de gobierno, al no anticipar los nombres de su gabinete ejecutivo, cuando, en el final de una campaña presidencial contradice discursivamente su comportamiento en el senado, y, sumado a esto, el único anuncio que hace es el de una <devaluación>, que implica la destrucción de la soberanía ciudadana por las potencias del mito, el desastre y los muertos: el macrismo funciona como máquina-mitológica-impugnadora-de-la-democracia.

Sobre el personalismo: ¿Qué creen ustedes? ¿Ser personalista como lo es Macri favorece el agenciamiento de las oscuras potencias del mito o lo obstruye? ¡Muy bien! ¡Son ustedes muy despiertos!

Para terminar, por supuesto que hay categorías para sintetizar toda esta bazofia: Macri es el nuevo modelo del personalismo mitológico en las sociedades del Espectáculo (por eso baila como un pelotudo) de la misma manera en que Menem (ese otro imbécil) en los noventa. ¡Puaj!: Si Menem fue el soberano frívolo, es Macri el soberano <<cheto>>, la Jovencita del poder.

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