Michaux y los balbuceantes

La 28618 del Dr. Morrelli

Un bárbaro en Asia, libro de Henri Michaux: un cuaderno de observaciones, un diario de enfoque. Un bárbaro, para los griegos, era alguien que “balbuceaba”. No hablaba su lengua.

Entre 1930 y 1960 Michaux viajó a la India, China, Ceilán y Japón: no entiende esos idiomas, no los habla pero penetra con la mirada. Crea una economía de la observación y no sólo del intercambio del lenguaje. Michaux enseña a mirar microscópicamente los detalles donde uno es extranjero. Se puede ser un “extranjero” en la ciudad donde se vive. Se aprende a mirar, se vive de otro modo.

Una inquietud similar llevó el joven Ryszard Kapuściński (lo cuenta en su libro Viajes con Heródoto) en sus primeros recorridos; el deseo de conocer más allá de la frontera de Polonia.

Descubrir lo que está vedado: sin comprender una lengua, uno queda balbuceando. En Un bárbaro en Asia, Michaux es más que un mero observador: se vale de la mirada para sostener la arquitectura de un texto único, un mundo alucinante.

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