Es el humo de mi fasito que me hace llorar

Ensayo - Cuento AL03

Sin perder m√°s tiempo anoto de inmediato la soluci√≥n del Negro Dolina: En las presentaciones de libros no se deber√≠a hablar del libro, de su historia, los lugares, las caracter√≠sticas de sus personajes, si esto implica contar qu√© va a ocurrir. De la misma manera, tampoco se deber√≠a hablar c√≥mo es que el escritor ha logrado cierta atm√≥sfera eficaz, por medio de tal o cual estrategia, innovando en esto o aquello para contar la historia. En las presentaciones de libros deber√≠amos hablar, sin lugares comunes, de algo muy distinto. Por ejemplo, hablar de c√≥mo se le ocurre a uno que el escritor ha hecho, si escribi√≥ a mano, directamente en un ordenador o en una m√°quina de escribir, si de memoria o improvisando… De la estructura gramatical tambi√©n, desde luego. Pero sin relaci√≥n a un elogio, sin esas indicaciones tortuosas de la adecuaci√≥n al canon de alguna vaca sagrada seg√ļn opina el piola de turno, sino m√°s bien indicando las formas que por lo desatinadas s√≥lo se le pueden ocurrir al autor; o de las prolongaciones y disgregaciones que no vienen precisamente a favorecer la obra, pero de nuevo, no para indicar debilidad o desvar√≠o, sino por congratular habernos llevados de las narices al sin sentido, que s√≥lo el lenguaje lunar de la m√ļsica o la literatura lo permiten. Por esto mismo, en las presentaciones ‚Äďconcluye Dolina‚Äď para hablar de este modo hay que dar por entendido que todos leyeron el libro, que incluso lo conocen de memoria, es decir, que no necesita presentaci√≥n redondamente. Alejandro Dolina reflexion√≥ innumerables veces sobre la naturaleza de las presentaciones de libros. Una noche, inmemorial a esta altura, lo escucho por radio agregar una nota extraordinaria al asunto. Yo retendr√≠a lo que el Negro Dolina dijo aquella madrugada, porque resuelve de alguna manera c√≥mo es que se deben presentar los libros. Pues bien, para presentar en esta noche la flamante novela inaugural de la trilog√≠a de la m√ļsica de la Literatura Tropical: Rock ‚Äďdespu√©s vendr√°n Electr√≥nica y Folklore‚Äď, de los escritores fracasados Alfredo Germignani y Guido Moussa, vamos a utilizar el criterio de Dolina.

Después de escuchar a Dolina aquella noche no pude dormir. Pensaba en otra noche, una noche, ésta, acá, presentando para ustedes esta novela.

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Voy a dividir mi exposici√≥n en tres partes. Voy a indicar primero un par de aspectos literarios curiosos que contiene Rock; luego voy a referirme ‚Äďbreve, muy brevemente‚Äď a la naturaleza de la Literatura Tropical; y finalmente voy a intentar practicar Literatura Tropical, para meternos en un juego que podr√≠a ser el que mejor sigue, a mi entender, la soluci√≥n de Dolina: la ficci√≥n, a la manera de la Literatura Tropical, de c√≥mo escribieron la novela los autores.

Dos aspectos, una observación y una ficción al final.

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Uno de los detalles notables que tiene la novela, es sin dudas el trabajo de los nombres. De comienzo a fin se aprecia un ensa√Īamiento por parte de los autores de nombrar, renombrar, deformar y ampliar los nombres y las referencias personales, lo mismo que por indicar la multiplicaci√≥n de los alias o sobrenombres o de crear anagramas. Como el espacio de la novela es relativamente corto, los ecos de estas curiosas referencias sobresaltan, al punto de crear todo un t√≥pico al lado del tr√°gico duelo de bandas televisado para todo el pa√≠s desde el Centro Cultural Popular (CECUPO en adelante), Resistencia, Chaco, que narra en primer plano la novela.

Ese particular trabajo sobre los nombres respeta cuatro pautas. Uno la extensi√≥n (Roxana P√©rez Garc√≠a De Las Extremidades, vocalista de una de las bandas); despu√©s las deformaciones o directamente invenciones (Franz Perezgueda, Jonathan Perc√≠ncula; miembros de Los Lamisiles, otra de las bandas); adem√°s tienden a ser prosaicos (El horador de maduras de Burzaco, el caso de un l√≠der neo-rolinga que protagoniza los oscuros hechos del CECUPO, o la se√Īora plenipotenciaria de la Pepsi Cola Company, representante de la firma del evento en vivo); por √ļltimo el cameo, la pertenencia de algunas de estas deformaciones nominativas a personas reales (Pacalo Profundo, El Patr√≥n; representante de la m√ļsica tropical).

Pero veamos en detalle este divertido trabajo de breves escorzos genealógicos como didascálicas que hay en relación los nombres:

Novela

Los Materia Fecal, banda de punk del barrio ‚ÄúSanca ampliaci√≥n‚ÄĚ: Adri√°n G√≥mez (cantante) alias Tango; Jos√© Murillo (viola) alias El Lacra; Juan Ram√≠rez (bajo) alias Todo Piola; y en bater√≠a, una mujer con aspecto de hombre u hombre con aspecto de mujer a quien llaman Socotroco, Soco con el tiempo.

S√©ptimo C√≠rculo, banda de metal: Jorge Purino, conocido como Sad show; Diego L√≥pez (vocalista), que es Qom Pelo Duro, luego Diego Qom Pelo Duro; Pepo Aguirre (viola); Enrique Diego (bater√≠a), apellido de origen Qom, debido a ello la parte racista de sus simpatizantes le dicen Enrique Comprate Un Apellido, luego s√≥lo Comprate Un Apellido, para despu√©s sustituirlo por El Tobatero, el primer baterista toba de la historia del Rock del Chaco. Cuando el narrador se refiere a Diego L√≥pez, el vocalista, como Diego a secas, aclara entre par√©ntesis que es ‚Äúel llamado, no el apedillado‚ÄĚ.

Macho Cat Garage, banda de rock indie compuesta por: Martín Puretto (bata) alias El Purulento, Maximiliano Meyerson (bajo) alias Lord Soberbia, Agustín Prigonatto (voces) alias Chocolate Sexual.

Los Lamisiles, compuesta por conchetos platudos, piben bien que hacen techno pop: Franz Perezgueda y Jonathan Percíncula, quien es Jonny.

Las Holograms Pink, versión femenina del pop de Los Lamisiles: Roxana Pérez García De Las Extremidades, líder de la banda, junto con Enriqueta Mauricia Uriarte y Sara Jésica Carbonelli.

Las Maryshelley, lo-fi, banda de rock gótico, que en realidad podría sonar como Skeletal Family o Anika: Paula Alonso (voz) alias La Vampira, porque era muy puta dice el narrador; Carla Marrón en guitarra y Mery Marrón como DJ.

Finalmente est√°n los protagonistas: Los Cenobitas, banda ficticia de harsh-noise ‚Äďque son en realidad los autores‚Äď, con la cual realizan un ejercicio de cameo, como la mayor√≠a de los personajes y las bandas lo hacen secretamente, para poder participar de la guerra de bandas en el CECUPO. Los Cenobitas son: Fernando Funes,¬† periodista y escritor fracasado de barba mongol, y Alberto Litter, El DJ Sult√°n Del Horror.

Los nombres de los personajes del ambiente que completan Rock:

Luquitas Guerrasabo: famoso dealer cultivador de la Jack Herer de Sensi Seeds Gold, supuestamente la mejor especie de marihuana que existe. Lucas, Luquitas; mucho antes le dec√≠an Hematoma, pero cuando empez√≥ a moverla sus clientes se refer√≠an a sus flores como ‚Äúalta faseada en el Cielo‚ÄĚ, de modo que √©l qued√≥ entonces como Luquitas Alta Faseada En El Cielo Guerrasabo, o Alto Faso En El Cielo, o directamente Alto Faso.

Flequillo Tremebundo, l√≠der de una banda que no entra al certamen y agitador principal del p√ļblico. Antiguamente lo llamaban El Horador De Burzaco, cuando viv√≠a en la localidad bonaerense, donde originariamente era Horador De Maduras De Burzaco. Siempre se caracteriz√≥ por sus m√ļltiples apodos: el Ishi Pop de Barranca, le dec√≠an por el parecido f√≠sico cuando viv√≠a en Barranqueras. Pero tambi√©n Catacumba Esquel√©tica, Tejido Necrosado, Moco, hasta la s√≠ntesis del inquietante Horador en Horador De Mujeres. Incluso hay otro apodo que ten√≠a Flequillo Tremebundo en Buenos Aires a los nueve o diez a√Īos, le dec√≠an Flequillo Napolitano, sin saber por qu√©, dice el narrador.

‚ÄúLa se√Īora que mand√≥ The Pepsi Cola Company‚ÄĚ: La se√Īora Pepsi Company, La representante de la compa√Ī√≠a de gaseosa, La vieja de la Pepsi, Mister Pepsi Cola Company, La se√Īora plenipotenciaria de Pepsi Cola Company. Que luego la llaman Josefa, la golpeadora, Josefa Escalabrini Maffut De Pilkinson.

Finalmente los nombres de los cameos de personas reales. Hablemos de algunos: ‚ÄúArnoldo C√©spedes‚ÄĚ, el cronista de La Voz de la Verdad, que por capricho ‚Äďdice el narrador‚Äď decide revelar tarde su nombre, en quien descubro un homenaje por parte de uno de los autores al entra√Īable periodista chileno Aroldo Figueroa, director a cargo en alguna oportunidad de la Voz del Chaco; la ingeniera ‚ÄúEdith Stafuza‚ÄĚ, alcaldesa tropical de Resistencia City, quien es nuestra intendente la ingeniera A√≠da Ayala; y uno f√°cil, ‚ÄúPacalo Profundo‚ÄĚ, representante de Rock, que se hac√≠a llamar El Patr√≥n, que parodia indudablemente al amigo Pacalo Dip. Por no hablar de la referencia m√°s reveladora, el se√Īor ‚ÄúHonofrio Pilkinson‚ÄĚ, marido de La se√Īora de la Pepsi Company, con el cual los autores arman uno de los mejores momentos de la novela, la inolvidable escena de la paliza y el posterior desenlace desencadenado por un control remoto de TV sin pilas.

Otro de los detalles notables de la novela es la referencia musical. As√≠ como ¬†Germignani gu√≠a el sue√Īo de la Literatura Tropical, Moussa se despacha con un set-list pesadillesco. Al listado ocioso del material con que Guido musicaliza la novela no la voy a enumerar. M√°s harag√°n, m√°s jugado, voy a limitarme a decir que para el caso de Rock, con la selecci√≥n de covers con que act√ļan las bandas, lo mismo que la adrenalina sonora de los auriculares del narrador o incluso en la misma cabeza de los personajes, podr√≠a llev√°rselo al relato a la altura de una verdadera √≥pera rock.

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El protagonista de Ampliaci√≥n del campo de batalla, la primer novela de Michel Houellebecq, que narra en primera persona su vida entrada en los treinta a√Īos, dice al comienzo algo que deber√≠a influir al lector que quisiera hacerse un punto de vista sobre la naturaleza del texto. Dice el protagonista: ‚ÄúLa progresiva desaparici√≥n de las relaciones humanas plantea ciertos problemas a la novela. ¬ŅC√≥mo acometer la narraci√≥n de esas pasiones fogosas, que duran varias a√Īos, cuyos efectos se dejan sentir a veces en varias generaciones? Estamos lejos de Cumbres borrascosas, es lo menos que puede decirse. La forma novelesca no est√° concebida para retratar la indiferencia, ni la nada; habr√≠a que inventar una articulaci√≥n m√°s anodina, m√°s concisa, m√°s taciturna… Me ayudar√° el simple juego del movimiento hist√≥rico.‚ÄĚ Houellebecq repite en varios lugares la salida que √©l escoge, en el malestar de una √©poca, como supone, que produce cierta crisis en los dispositivos de la narrativa. Lo que debe hacerse, dice el novelista, es introducir forzosamente reflexi√≥n sociol√≥gica y filosof√≠a, cosa que en su comienzo era natural en la novela.

La Literatura Tropical, que pretende narrar la historia contempor√°nea del Chaco, pareciera plantearse del mismo modo la literatura y terminar por adquirir un desaf√≠o semejante al de Houellebecq. Ya no ser√°, a la manera del franc√©s que la encuentra en los novelistas y fil√≥sofos iluministas, una salida por la tradici√≥n. La Literatura Tropical va a tener en cuenta dos cosas: esquivar la m√≠mesis del realismo cl√°sico y recurrir a la cultura del remix o la mezcla, que impugna exclusivamente la noci√≥n de tradici√≥n al abolir el original. La m√≠mesis es un concepto que desarroll√≥ Arist√≥teles para clasificar las artes griegas seg√ļn el modo en que imitan la realidad. El contraste que genera narrar sin imitar la realidad y de manera remixada la historia del Chaco, con toda su brutalidad y su barbarie, les permite a los autores alcanzar una est√©tica del desenfado especial para atacar de lleno el n√ļcleo bizarro y hasta lis√©rgico que tiene la historia de nuestro territorio.

En las narraciones de Moussa y Germignani abundan la interrupci√≥n o deformidad de los datos, hasta que el goce del juego de los recursos sobre s√≠ mismos por un momento ‚Äďun momento en el que, como expresa Deleuze del plano de inmanencia, ‚Äúel movimiento lo ha tomado todo‚ÄĚ ‚Äď termina por sustituir lo real, cortando la linealidad del relato y as√≠ adecuarse mejor al estilo de los hechos chaque√Īos.

Como dijese un especialista de la espl√©ndida tierra del Congo, con sus metales especiales, piedras preciosas, elementos radioactivos y animales ex√≥ticos, era ‚Äúun esc√°ndalo de la geograf√≠a‚ÄĚ, la Literatura Tropical con la suma de sus recursos y su desenfado particular vendr√≠a a ser un esc√°ndalo de la literatura. Esc√°ndalo con el que intentan los autores crear un agenciamiento con ese otro esc√°ndalo en el que se encuentra la historia contempor√°nea del Chaco.

Moussa y Germignani parecen querer persuadirnos de que ya nadie puede venir a contarnos una historia local de manera acartonada o minimalista, sin absurdidad o sarcasmo, pongamos, sin partir directamente de la fantas√≠a, el desvar√≠o o el humor negro, de la brutalidad apocal√≠ptica o los efectos especiales. Podr√≠a esto ser el objetivo del proyecto. Algo de ello se anunciaba ya en el estilo de Ciudad espectral (2011) ‚Äďnovela tropical√≠sima y especie de huella propia del g√©nero‚Äď al cual Germignani se refer√≠a como ‚Äúbizarrismo delirante‚ÄĚ.

Naturalmente, pueden se√Īal√°rsele precursores a la Literatura Tropical. Es tropical Aira, Copy, Lamborghini, Bukowski, Hunter S. Thompson, Bar√≥n Biza, la vena dostoievskiana de Art y el desenfado de Echeverr√≠a o de Walsh, tambi√©n la intensidad del teatro de la crueldad de los surrealistas, que tiene su ra√≠z en el Conde de Lautr√©amont y que ac√° en la Argentina tuvo un especial cultivo en Alejandra Pizarnik. Pero, en verdad, la Literatura Tropical en el fondo no se parece a nada. O sencillamente a s√≠ misma. Tal vez porque su operaci√≥n no se explique como cualquier otra literatura.

Si uno se mete con cualquiera de los Artefactos Literarios que circular por la Web, con Pescado Podrido (in√©dita, que tuve el placer de leer) o cualquiera de las novelas de la Trilog√≠a de la Bronca, nota la precisi√≥n con que se expresa la portada del perfil del Facebook: ‚ÄúLa Literatura Tropical no ser√≠a literatura sino fuese un simulacro de literatura.‚ÄĚ Una literatura que no quiere ser literatura, no es, por cierto, ninguna sorpresa. Basta con recordar la posici√≥n de Walsh en sus diarios, parafraseando a Maurice Blanchot, de un inmenso desprecio por la literatura como experiencia radical en esa voluntad de ‚Äúengrandecer‚ÄĚ su pr√°ctica someti√©ndola a criterios de valoraci√≥n propios de los ‚Äúamos de la cultura‚ÄĚ, de la ‚Äútrampa cultural‚ÄĚ, como tambi√©n refiere Walsh. O podemos recordar la m√≠tica declaraci√≥n colectiva de los surrealistas el 27 de enero de 1925, donde exponen lo siguiente: ‚Äú1¬į No tenemos nada que ver con la literatura, 2¬į El surrealismo es un medio de liberaci√≥n total del esp√≠ritu‚ÄĚ ‚Äďenti√©ndase ‚Äúesp√≠ritu‚ÄĚ aqu√≠, como la obra de la raz√≥n‚Äď y termina as√≠: ‚ÄúEl surrealismo no es una forma po√©tica. Es un grito del esp√≠ritu que se vuelve hacia s√≠ mismo decidido a pulverizar desesperadamente sus trabas.‚ÄĚ Sobre todo recordar a los Beats, su desenfado contra el American way of life (forma de vida americana) impugn√°ndoles una literatura de la ‚Äúexperiencia inagotable‚ÄĚ, sin remisiones librescas o mera sustancia bibliogr√°fica, en vistas de una velocidad escritutaria que permita injertar la experiencia de la droga y lo abyecto en la literatura de una vez por todas.

Se ha dicho que la dificultad de explicar la literatura, yace en que la explicaci√≥n acontece dentro de la literatura misma. La Literatura Tropical es un juego de lenguaje que permite confundir lo real con la ficci√≥n, en vistas de encerrar a√ļn m√°s la literatura sobre s√≠ misma, sobre sus propios recursos, como ocurre en el reverso cuando intenta explicarse. Si esto es una manera irresponsable o intencional por parte de los autores de no tomarse en serio la crisis en la novela, a prop√≥sito de Houellebecq, o la literatura misma, no importa demasiado. Ser√≠a hacerle preguntas modernas a una literatura posmoderna. Hay que se√Īalar, eso s√≠, lo prolifero y m√ļltiple del proyecto, que es lo que sin dudas lo consolida y lo expande: dos trilog√≠as de novela consecutivas, una novela apartada y decenas de escritos dispersos. Y es m√°s, hay que se√Īalar, fundamentalmente, que el proyecto implica la participaci√≥n de los que quieran en la Literatura Tropical, como lo har√© yo en un instante nada m√°s, y como lo vienen ensayando en sus ‚ÄúArtefactos Literarios‚ÄĚ.

chispa fuego

Cuando llego al departamento de Funes, escritor y periodista fracasado y miembro estelar de Los Cenobitas, se hab√≠a hecho de noche y estaba muy caluroso. Subo los tres pisos de escaleras y toco el timbre de su puerta adem√°s de golpearla varias veces s√≥lo para molestarlo. Funes me repite el mismo chiste cuando me abre. Mira afuera para todos lados, sin mirarme ni decir nada, a trav√©s de la peque√Īa abertura que permite la cadenita de la traba de recibimiento, inclinado, tapando el cuerpo detr√°s de la puerta. Mira con aire paranoico, como si fuese a controlar que no haya alg√ļn peligro inesperado que no le dejase reacci√≥n una vez abierta la traba. Funes es un man√≠aco depresivo que se resiste a mostrarse como tal, a veces no se entiende muy bien lo que hace. Y adem√°s, en este caso ten√≠amos el borde bastante ajustado del descanso de la entrada y luego nada m√°s, el patio del vecino visto desde arriba, que se lo ve√≠a completo dicho sea de paso.

Termina su ritual, destraba la cadenita y yo encaro para adentro con naturalidad. Pero cuando cruzo completamente el umbral y la puerta se cierra, tengo que retroceder del espanto; porque veo la cabeza de Funes flotando. Me sobresalto. Pero como r√°pidamente me acuerdo que el tipo tiene directos v√≠nculos con los Reptilianos, pienso al instante que podr√≠a tratarse de un espectrograma alien√≠geno, un holograma o cualquier otra estupidez de ese orden con la cual delira Funes. Entonces, sin pensar m√°s, le aplico un golpe a la cabeza. Bueno, no exactamente un golpe, quiero decir… una peque√Īa bofetada, como tanteando con una especie de sopapo su consistencia.

Mi sobresalto fue mayor con la impresi√≥n que me caus√≥, no s√≥lo toparme con la consistencia de la cabeza real de Funes, sino adem√°s porque me habl√≥ pute√°ndome por el golpecito, con su inconfundible tono chill√≥n de falsete espa√Īol.

‚ÄĒ¬†¬°Par√° boludo, no pegu√©s!

‚ÄĒ¬†¬ŅQu√© ten√©s, pelotudo? Le digo.

‚ÄĒ¬†Mi cuerpo est√° all√° en el escritorio. Lo que pasa es que acabamos de fumar con Luquitas Alto Faso su extraordinaria Jack Herer de Sensi Seeds Gold, y nos dej√≥ muy colocados‚Ķ Pero pas√°, pas√°.

Funes cerró, o (mejor dicho) la cabeza volante de Funes cerró de un cabezazo la puerta, y se dirigió desplazándose con airada soltura para el estudio. La trencita escueta de la barba mongol flameaba en el desplazamiento. Yo la seguí no del todo tranquilo.

Cuando ingres√© al estudio, tuve que correr con las manos la nube de humo dulce que cubr√≠a el sal√≥n. Llam√© a Funes entre la espesura del ambiente para poder reconocerlo al final del claustro, sentado en su orgulloso sill√≥n de escritor eterno de cr√≥nicas chaque√Īas. Me dice que venga, que avance, que no tengo nada en frente y podr√© caminar.

Cuando me acerco la niebla no se disipa nada. Me siento al costado de Funes para espiar lo que estaba mirando en el monitor de su computador portátil con el que registra frenéticamente lo irreal. Estaba viendo pornografía. Funes maximiza la imagen, sube el volumen, gira para favorecer mi vista del computador y me dice:

‚ÄĒ¬†Siempre es as√≠, Filosobko. ‚ÄďApuntando con su dedo al monitor‚Äď. Uno es el que coge y otro es el cogido, puede estar abajo el que coge pero el de arriba ser√° igual el cogido, como en el porno.

En un momento lo observo detenidamente y veo que no tiene los ojos normales, algo en su mirada anda mal. Pero no es su mirada; advierto que Funes tiene los ojos amarillos. No pude verlo bien en ese momento porque se movía mucho. Minimizó la audiovisual pornográfica del monitor y puso un vídeo de Jack White.

‚ÄĒ¬†¬ŅQuer√©s tomar algo? ‚ÄďMe dice mientras se agita como entrando en trance.

‚ÄĒ¬†¬ŅNo me dijiste que estabas con Luquitas Guerrasabo?

‚ÄĒS√≠, anda por ah√≠. No lo ves ahora porque se volvi√≥ invisible despu√©s de fumarse el √ļltimo resto del hach√≠s de su Jack Herer de Sensi Seeds Gold In The Sky‚Ķ El muy infame se la fum√≥ toda. ‚ÄďVolvi√≥ a hacer un adem√°n con el faso en mano, movi√©ndolo de aqu√≠ para all√°, comentando‚Äď. Ahora no puede tocar el suelo y volvi√≥ invisible el muy puto. Pero servirte lo que quieras.

‚ÄĒFunes, ac√° no se ve una mierda‚Ķ Y convidame el faso que est√°s fumando, pelotudo. ‚ÄďCasi le grito, dos o tres veces iban en que yo trataba de agarrar el pitillo y √©l me lo sacaba.

Logro rescatar el fasito y me dirijo con él apretado entre los labios tanteando hacia la heladera. Me distraigo por la ceguera y pito el faso con inspiración, tanto que el humo me entra en los ojos y me hace llorar. De pronto, escucho una voz a mi costado, era la voz de Luquitas Guerrasabo que me decía:

‚ÄĒ¬ŅQu√© te pasa, Filosobko? ¬ŅEst√°s triste? Est√°s llorando.

‚ÄĒ¬†No, nada. No estoy triste, no es mi llanto, es el humo de mi fasito que me hace llorar. ¬ŅD√≥nde est√°s? Funes me dijo que te volviste invisible porque te fumaste todo el Hach√≠s vos solo, sos un hijo de puta.

‚ÄĒ¬†Funes es un mit√≥mano, no lo escuches.

Vuelvo con dos latas de cervezas. Le entrego una a Funes y le pregunto por lo que escribe:

‚ÄĒ¬†Rock ‚Äďme responde‚Äď, la primera novela de la Trilog√≠a de la M√ļsica de la Literatura Tropical.

‚ÄĒ¬†Ah…

Le digo que me deje presentarla cuando la termine.

‚ÄĒ¬†¬°Ni en pedo! ¬°Con lo mal que te fue la √ļltima vez!

En eso, una voz estremecedora por su carga de resentimiento grita desde el umbral de la entrada del estudio:

‚ÄĒ¬†¬°Maldito Filosobko! ¬°Devolveme la Ferrari que me robaste, degenerado!

Funes me explica exaltado que Alberto Litter quería matarme.

‚ÄĒ¬†¬ŅA m√≠? ¬ŅY por qu√©?

‚ÄĒ¬†¬ŅTe acord√°s cuando le robamos la Ferrari para volvernos de Buenos Aires?

‚ÄĒ¬°Pero si fuiste vos quien le sacaste las llaves! ¬ŅQu√© me dec√≠s a m√≠?

‚ÄĒ¬†Bueno pero yo le dije que fuiste vos, para re√≠rte de √©l delante de todo el mundo.

Vuelvo la mirada hacia Litter. Su imagen se desfiguraba a través de una cortina de humo, aun así se apreciaba con claridad el 38 recortado que calzaba en su mano derecha. En eso, la esquelética imagen de Luquitas Guerrasabo cobraba entelequia intermitentemente, como si el colocón de su Hachís de Jack Herer de Sensi Seeds Gold se viniera en picada.

Sin dar m√°s vueltas, Litter dispara unos cuantos tiros a mis flancos para hacerme bailar del susto. Corro hacia la ventana que da abajo al patio del vecino en un acto reflejo por arrojarme. Para mi sorpresa, veo una soga colgando de ventana, y a Funes descendiendo por la misma hasta saltar con agilidad sobre c√©sped. Hago lo mismo. Cuando me desprendo de la soga y caigo al c√©sped empiezo a correr. Litter nos quema a tiros desde la ventana de arriba. Los ca√Īonazos hacen temblar la noche de Resistencia City Tropical.

Salimos con Funes de la casa y corrimos dos cuadras con Litter atrás comiéndonos los talones. Encontramos un edificio en construcción a mitad de cuadra y nos metimos en la obra corriendo las chapas de protección.

Mantuvimos con Funes una conversación breve sobre el cagazo que nos pegamos y luego hicimos silencio, temerosos de que Litter fuera a oírnos y se meta en la construcción para matarnos como a ratas. Pero cuando nos quisimos acordar, ocurrió algo fantástico:

Un zumbido in crescendo, que hizo vibrar el aire, nos asalt√≥ s√ļbitamente. Eran mosquitos. Pero no eran mosquitos dom√©sticos. Mosquitos as√≠ nom√°s, caseros. Eran mosquitos del tama√Īo de los nudillos de Tyson. Mosquitos tropicales. Miles, millones de mosquitos del tama√Īo de los nudillos de Tyson los atacaron, todos juntos y a la vez, miles, millones de ellos, en amorfos ej√©rcitos de brutales nubarrones sedientos de sangre humana; clav√°ndoles sus prob√≥scides semejantes a sierras tramontinas, los atacaron sin piedad.

Soltando quejidos guturales, Funes se sacó la campera negra como pudo y empezó a revolearla por encima de su cabeza.

Sin poder aguantar un segundo más, salimos del edificio en construcción y escapamos de aquellos monstruos tropicales.

El asunto es que cuando salgo, sin poder creer mi tan est√ļpido final, tengo a Litter en frente apunt√°ndome a la cabeza con su Bersa Thunder Pro autom√°tica. Carraspea la voz, luego dice pausadamente:

‚ÄĒ¬†Filosobko, ¬Ņten√©s algo que decir antes de que te mate?

‚ÄĒ¬†¬°Yo no te rob√© la Ferrari! ¬°Fue Funes!

‚ÄĒ¬†S√≠, s√≠, s√≠… Funes me dice lo mismo.

‚ÄĒ¬†¬°Que es √©l!

‚ÄĒ¬†No, que sos vos. No te r√≠as de m√≠, Filosobko, porque te quemo de una.

Entonces, le hago un viejo enga√Īo de cine. Le digo y acompa√Īo con gestos:

‚ÄĒ¬†¬°Qu√© mierda es eso! ‚ÄďLitter se come el amague. Como Marty Mc Fly a Biff Tannen, lo empujo y salgo corriendo.

Corro, corro y corro. Mientras corro pienso d√≥nde se meti√≥ Funes en la √ļltima escena. Ya no importa lo que pienso y corro, corro como un loco. Lejos del alcance del picaflor asesino me detengo, exhausto, con la boca reseca por la marihuana de Luquitas y cagado en las patas.

Miro para un lado, miro para el otro, como Funes cuando quiere abrirme la puerta. No encuentro más nada que decir. Callaré como Pirrón.

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