Diatriba tropical contra un gobierno de espectros, tartufos y charlatanes

Relato - AL01Señor Gobernador Tropicante Sustituto: Me dirijo a Ud. a fin de comunicarle su propia incompetencia para ocupar el cargo que usurpa, nada más y nada menos que el de primer mandatario del Gobierno Tropical. La razón que motiva este endemoniado discurso es la bronca, la rabia, la camorra que desata su gobierno de espectros, tartufos y charlatanes. Yo, como periodista y escritor fracasado, me debo ante todo a la iracunda profundidad de la forma, que es mi campo de batalla contra su gestión chauvinista recalcitrante, enfocándome particularmente en la estética literaria del putear. En la belleza del puteo sostenido. Ud. y los payasos notariales y plenipotenciarios esperpénticos de que se rodea, serán objeto de la repugnancia que causan sus primitivas acciones de gobierno, producto del poco seso que vuestro patético cráneo humanoide alberga.

Mi intención es clara y sencilla: voy a destruirlos. Sobre todo a Ud., Señor Mandatario a cargo, que se las quiere dar de estadista, de termómetro sensibilizador del siempre berreta y antiestético medio peloncho. Por supuesto que no voy a usar la violencia, en absoluto. (Aunque me gustaría). Soy escritor, escritor tropical, y no sólo tropical sino tropical fracasado. Ud., en cambio, se autodenomina centinela del Estado de derecho de las instituciones públicas y la primer idea que se le cae frente a las movilizaciones que recorren las calles de la historia es ordenar a la Policía Tropical: “¡¡¡A POR ELLOS!!! ¡PALOS! ¡GASES! ¡BALAS!”. Palos, gases y balas. Su idea recurrente, paroxismo pesadillesco de un maniático que sólo existe en la negación de sí mismo. Es el acotado idioma que Ud. habla: palos, gases y balas. Estoy completamente convencido de que quizás no sirva de nada destruirlos, destruirlos en la ficción tropical, está claro. Básicamente, porque la gente como ustedes tiene su vida material asegurada y si no le tocan el culo o el bolsillo o su posición de poder dominante no se les mueve un pelo. Así son, así de infames. Así de retorcidos.

Como verá, mi destrucción es muy limitada. Pero tiene la convicción de entrar hasta el fondo. Verá Ud. Señor Gobernador Anti-Tropical, su eterna imagen de chimpancé retrotraído, feto aberrante que irrita a la condición humana como categoría del pensamiento, suele recordarme a la primera vez que lo entrevisté personalmente, en su despacho de la Cámara Tropical de Diputados, cuando por entonces –hace un puñado de años atrás– yo redactaba noticias fantasmas para el diario La Voz de la Verdad. «¡Ése Presidente Tropical, es un delincuente!», declaró en más de una oportunidad, utilizando su odioso tonito cuartelero y revoleando su dedito de otario por los aires. Por supuesto, también escupió otras barbaridades más que obviamente olvidé porque en ese momento, en algún instante, Ud. empezó a emitir chillidos y maullidos y luego ya no pude entender más nada, sobre todo después de que su cara se tupiera de gruesos vellos negros. Naturalmente, su metamorfosis involutiva me dejó pasmado.

Desde ese día, no puedo recordarlo de otra manera. Pasaron los años y lo veía de vez en cuando en la televisión soltando alaridos y golpeándose el pecho con los puños cerrados. O en la radio, se lo escuchaba siempre excitado, furioso, encabronado. Oscurecido. O en las pedorras noticias de las redes sociales; los periodistas casi ni se mosqueaban en traducir sus testimonios pues el general clasemediero de la gente común y corriente, peluda igual que Ud. y su gabinete ministerial y subsecretarial de espectros y tartufos, lo entendían perfectamente y por supuesto apoyaban sus chillidos con plena y absoluta convicción simiesca.

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